domingo, 10 de marzo de 2013

NaCl Blues

Sal que brota de unos ojos que se secan, gota a gota, al mirar al horizonte. Buscándote. Las pestañas se quiebran al tocarse como si fuesen cristales y, mientras, la luz lo invade todo. Me ciega. Y sin embargo no la veo, no aparece, parece no querer existir para mí, esperando tal vez que por causa de su ausencia yo ya no exista.
Encuentro tan sólo el silencio en tu respuesta. Al fin el pulso se detuvo y la frenética carrera de la sangre abandonó mis venas por donde ahora caminas tú, a tu antojo y arrastras contigo el rastrillo de un olvido que me raja desde dentro y me mata despacio, como un beso dulcemente aterrador que me evoca el adictivo y temible placer de unos labios que no habrán de pronunciar mi nombre. Tu voz me fue vetada, fui despojado del derecho a contemplarte y mi piel se endurece hasta el granito pues el bálsamo de tus caricias ya no existe.
Respondo a tu silencio con más palabras que no libero hasta que sé que portan sólo la verdad. Te hablo de cuanto nunca hablé, te muestro más de lo que nadie vio, te abro rincones que no conozco ni yo. ¿Para qué? Soy preso perpetuo de una vida ya vacía. Nada queda que me impulse a seguir. Nada hay fuera, nada dentro. Acabó el tiempo de aquél momento en que había alguien por quien podía suspirar. Cuando quería suspirar... la tormenta se ha llevado algo que jamás creí que podría separar de mi ser. Pese a ello todo aquello fue arrancado desde más allá de la raíz, remontándose al origen que carece ahora de sentido. Aquella flor fue arrancada, extirpándome hasta el último vestigio de la simiente que un día insufló vida aquí, en mi pecho, en un corazón que te entregué… ya no lo quiero.
Tus palabras ya no hablan y yo ya no comprendo el sonido de tu voz. Ya no lo recuerdo. Tu mirada hiere mi alma como un puñal de fuego helado que se clava y derrama la vida que se me escapa. Poco a poco, pulsación acompasada y ya no hay miedo. Ya no temo nada. Tal vez muera aquí, esta noche, mas no será hasta mi último estertor en que declare puro odio, declare puro amor.
Se ha acabado mi cordura y en mi alma la furia conjura ideas de maldad pura. Quizá sea todo un error y todo esto sea un favor, un alivio dulce como un licor.
Quizá si ahora te odiase, te librases de este amor…

No hay comentarios: