jueves, 7 de marzo de 2013

Infusión de estrellas

Medir la vida en día, en horas… en momentos. Fracciones imprecisas de un tiempo que se escapa, que no existe, que no vuelve. Basar todo en algo etéreo, subjetivo y para nada absoluto. Una vida, a tu lado, es un instante. Un minuto, en tu ausencia, infinita agonía que dura y perdura más allá de lo que abarca mi cordura. Y, entre tanto, las preguntas y os sueños y los recuerdos y tu voz y el silencio y tu mirada y el vacío y el olvido… y, al final, un corazón que se detiene, se congela, mudo, ante la falta de una llama que le prenda vida.
No hay ya historias que contar, ideas que relatar, futuros que soñar. Aquella taza de té se enfría mientras espera que tus labios den cuenta de cuanto contiene, la suma de elementos que es ahora algo más, algo distinto, algo dulce. Es amarga, sin embargo, esa incertidumbre que poco a poco arranca el calor de su interior y vacía de esperanzas aquella taza y este corazón que intenta flotar una vez más. Flotar como una hoja de ese té que no quiere caer al fondo, que no quiere perder su esencia y, a la vez, anhela disolver el alma en las aguas cálidas para que apures cada gota, cada sueño, cada sonrisa habida y por haber y así poder captar tu mirada una vez más. Poder, al fin y al cabo, rozar tus labios una vez más y que quizá sonrías por ello y no tan sólo por el azúcar. Hervir para ti, darme a ti y que liberes lo mejor de mi, lo que guardo sólo para ti.
La noche se hace día, el día, noche. Es un ciclo inalterable y, al tiempo, nunca igual. Cae un negro manto perlado con la luna en el cielo oscuro mis pensamientos lucen titilantes, mudos, pensándote de nuevo. Dicen que son destellos de soles distantes, vivos y moribundos. No es así. Como si la noche fuese mi lienzo particular, pinto cada punto en el que encierro un pensamiento. Cada estrella no es si no un latido inmóvil situado con cuidado y con un poco de azar en un inmenso espacio en negro en el que representar cada día, cada instante, cada sueño que te sueña quien de la vida eres dueña.
Medir la vida en las estrellas que hoy brillan mañana será un error, habrá que hacer recuento por todas cuyos génesis provoca el sentimiento a la par que un pensamiento que resurge a cada instante, cada vez mayor, constante. Lleva vivo tanto, que el tiempo no puede ya contarlo y un día alzarás la vista y lo verás. Se noche o sea día, lo comprenderás, las luces nocturnas tu rostro dibujarán. Y cada nuevo pensamiento será un minúsculo nuevo punto que perfile más un retrato hecho de luz.
Medir la vida por cada uno de esos puntos, pensamientos, latidos… y entender que te amé, te amo y te amaré.

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