jueves, 27 de junio de 2013

To my (bitter)sweet love

Hola princesa:
Quería darte una sorpresa y espero haberlo conseguido. No, no digas nada todavía, déjame explicarte.
Supongo que te preguntarás dónde estamos, pero no es importante porque estamos solos los dos. Te diré que es un sitio secreto, especial, que he encontrado para una ocasión irrepetible como esta. Cualquier cosa por ti, cielo. Sé que eres curiosa y te preguntarás por qué, si estamos solos, estás amordazada. Verás, tu voz siempre ha sido un elixir para mi y me sería imposible seguir adelante si te oyese hablar en estos momentos y no querrás que, llegados a este punto, dé marcha atrás. He procurado aun así que estés lo más cómoda posible, no quiero que tengas que hacer nada, hoy es un día único.
Habrás comprobado que te recorre una sensación extraña, es normal cariño. Te he inyectado un analgésico muy potente y la sensibilidad de tu cuerpo apenas llega al 1% pero tus facultades están intactas, por eso puedes verme y escucharme sin problema. ¿Y ese ceño fruncido, cielo? ¡Ah, ya sé! Aun no sabes por qué estamos aquí, ¿es eso?
Verás, a lo largo de mi vida siempre he cometido una cantidad inexplicable y absurda de errores en lo que respecta a las personas que he querido y me he dado cuenta de que, cuanto más he querido a alguien, peores han sido mis actos. Pensé que lo más lógico sería cambiar esa pauta y dejar de hacer daño a las personas que quería porque, al fin y al cabo, eso me hacía daño a mi. Contemplé la idea de darle la vuelta a la tortilla, cambiar ese contradictorio comportamiento mío y alcanzar el equilibrio al fin entre lo que siento y cómo lo expreso. Vi la posibilidad de dejar atrás el dolor asociado al amor y vivir una vida feliz haciendo que las personas que quiero encuentren en mí una fuente de afecto y apoyo en lugar de dolor y miedo.
Me di cuenta de que habría sido un error.
Cambiar lo que soy, lo que siempre he sido, haría que mis muestras de afecto nunca fuesen genuinas del todo, que siempre hubiese algo forzado, artificial, como si intentase aparentar ante los demás y no hay cosa que deteste más que la falsedad. Por eso, dándole muchas vueltas, me di cuenta de que lo adecuado es que sea yo mismo y que si mi forma de demostrar mi cariño se manifiesta con dolor, debería dar a cada persona que quiero un dolor en función al aprecio que tenga por esa persona. Si estamos hoy aquí, mi niña, es porque me he dado cuenta de que eres la persona que más he amado en toda mi vida y la que más amaré jamás y por eso voy a matarte.
Seguramente pensarás que estoy loco… y es cierto, estoy loco por ti, te amo con toda mi alma y por eso quiero expresártelo de una forma que jamás olvides. Lo lógico sería no haberte inyectado el analgésico, pero como dije al principio, si oyese tu voz, aunque fuesen gritos, no podría hacerlo y jamás sabrías cuánto te amo. Lo que he pensado es que, mejor que dolor físico, te daré algo más duradero, un dolor que recorrerá tu ser por dentro hasta el último momento, hasta el último aliento que será el momento justo en el que por fin comprenderás cuánto te amo y amaré siempre.
El proceso va a ser simple. Como ves, no puedes girar la cabeza por el collarín que te he colocado con la intención de que no puedas predecir lo que voy a hacer, así todo será una sorpresa para mi cielo. Durante unos momentos saldré de tu campo visual y cuando “reaparezca” te enseñaré qué te he hecho, qué parte de tu cuerpo he cortado o roto o, bueno, lo que surja. Además, tienes una vía por la que te administro un suero especial que impedirá que te desmayes, no quiero que te pierdas ni un paso antes del final. Creo que la angustia de no saber qué parte de ti dejará de estar unida a ti y el saber que no volverás a salir de aquí serán un dolor perfecto para que me comprendas al fin. Pero basta de charla, fíjate en lo que tengo aquí porque mientras hablaba te he cortado 3 dedos y ni te has dado cuenta, ¿a que no cariño? Ya te dije que no lo notarías. Vuelvo enseguida.
Vaya, ha costado un poco más de lo que pensaba, pero creo que ha merecido la pena. A ver si adivinas, sin ver el pie, si esta es tu pierna derecha o la izquierda… ¡Muy bien! Siempre has sido tan intuitiva que a veces me sorprendes y sabes que adoro que me sorprendan. Vamos a ver qué se me ocurre ahora. ¡Ya lo tengo! Dame un momento.
Perfecto, a ver, está un poco empapado pero creo que sabrás lo que es enseguida. Me ha costado encontrarlo con toda la sangre que ha salido y bueno, pensaba que los riñones eran más grandes. Aun así, aquí está. Visto así no tengo muy claro ahora que en los libros los presenten como con forma de judía, ¿y tú? Permíteme un momento que te cierre aquí abajo, no quiero que te desangres.
Vaya, si pudieras verlo, te he cosido la herida dando las puntadas con nuestros nombres dentro de un corazón. No me ha quedado nada mal, aunque esté mal que yo lo diga. Casi se me olvida, mientras cosía, se me ha ocurrido lo siguiente que voy a hacer, espero que salga bien. Si ves que tardo, no te preocupes cariño, siempre estoy cerca de ti.
Parece que podría dedicarme a esto y todo. Si te digo lo que he hecho… vale, voy a limpiar esto un poco y te lo enseño. ¿Preparada? Mira, he conseguido sacarte el fémur SIN cortarte la pierna y sin que se astille la articulación con la rótula. He tardado pero es que no quería hacer una chapuza y ahora sí que puedo decir que “estoy loquito por tus huesos”. ¿El muslo? Tranquila, también lo he cerrado aunque como supuse que los puntos solos podrían ser poca cosa, he usado silicona caliente para sellar y así también me aseguro de que no sangre.
¿Sabes? Hay algo que nunca comprendí de ti, ese complejo tan extraño con tu pecho… siempre te decía que tenías unos pechos preciosos pero nunca me creías y pienso que a lo mejor es que no los veías como yo. Mira, ¿qué te parecen ahora? Tal vez cambie la cosa al no estar “pegados” a un torso, pero creo que el cambio de perspectiva te viene bien, ¿no? Además, mientras los cortaba, he notado el latido de tu corazón con más intensidad que nunca y lo confieso, me he emocionado y no puedo esperar más para contarte la última parte.
El final es algo clásico, pero sabes que soy un poco chapado a la antigua. Te atravesaré el corazón y dejaré que tu sangre fluya y justo entonces usaré esta pistola para dispararme. Es que, verás, me he dado cuenta con el paso de cada  momento que hemos vivido juntos, de que un mundo sin ti es un error y como comprenderás, no puedo cometer más errores. Por eso, cuando esta muestra de amor incondicional te envuelva por completo y pases al otro lado, yo estaré allí, esperándote para abrazarte una vez más. No tengas miedo, como ves, no has sentido dolor físico alguno y ahora mismo tu mente está empezando a venirse abajo, pero no, no por traumas si no porque al fin comienzas a verlo, a ver que siempre te amé. Por fin empiezas a comprender cómo y cuánto te amo y por eso hay que aprovechar el momento. Sí, es la daga que me regalaste, siempre me gustó y del mismo modo que tú me hiciste este regalo ahora yo lo utilizo para regalarte esta humilde muestra de que lo que te dije era cierto y siempre lo será. Porque te amo, princesa y siempre te amaré.
Ya no queda mucho, apenas unos latidos más. Te estaré esperando, mi dulce niña y te diré, de nuevo, que te amo.
Hasta pronto, amor de mi vida.
 ¡¡BANG!!
Entra una bala. Sale mi amor.

jueves, 20 de junio de 2013

אכזרי

Soy contradictorio y cruel
anterior a cuanto ves
sólo creo en lo que sé
y en que nunca volveré.

¿Un demonio? Sí, tal vez
lo que importa es que soy juez
y condeno tu estupidez
que aumenta con rapidez.

Y ante ti me voy a presentar
con tus miedos yo voy a jugar
tu esperanza pronto se hundirá
y mis lágrimas vengadas serán.

No me incumbe tu dolor
ya no recuerdo tu olor
ni de tus ojos el color
o de tus labios el sabor.

Mi vida dediqué a ti
pero eso llegó a su fin
ahora nazco del hollín
libre y brutal, soy así.

Nada me va a detener
cuanto toque va a arder
y entre brasas a perecer
por el fuego que me vio nacer.

Ya no hay contradicción
sólo una declaración
de que es esta mi intención
pues ya no hay corazón.

Ahora, más que nunca
soy
y seré
contradictorio y cruel
y no volveré a perder.

martes, 11 de junio de 2013

Ego sum ຂ້າພະເຈົ້າ

Llamadme engreído, no me veréis llevarme las manos a la cabeza por ello, de hecho, no me veréis siquiera. Hace tiempo que lo que podáis decir de mi me es tan sumamente indiferente como vosotros lo sois. ¿Qué por qué digo entonces esto? Porque me apetece, porque puedo, porque quiero, porque ser quien soy me da ese derecho y yo decido hacer uso de él.

¿Quién soy, preguntáis? No me hagáis reír.

Soy ÉL. El malo de una historia que nadie se atreve a contar, el monstruo sin origen ni destino que, impertérrito, contempla el paso del tiempo y el ir y venir de vuestras vidas como en un pase de aburridas diapositivas.

Soy el que está al margen de todo y de todos, pero siempre presente haciendo que os preguntéis si las desgracias que os suceden son obra mía o no.

Soy aquél de cuya existencia quisierais poder dudar y no podéis por tenerme siempre en mente, más de lo que os atrevéis a admitir.

Soy aquél con el que soñáis mientras dormís con otros, al que os da miedo acudir por la certeza de que os puede ayudar.

Soy el nombre que vuestros labios se niegan a pronunciar tan a menudo como vuestros corazones gritan en silencio, soy el que llena vuestros pulmones con el aroma de una vida a punto de extinguirse, con la esencia de todas las almas que se rompieron ante mi y de las que aun quedan por quebrarse ante mi voluntad.

Soy el bastardo prepotente que os dice que no tenéis valor de valorarme porque, de hacerlo, veríais lo pequeños que sois y no podríais soportar haberos equivocado.

Soy el error que queréis volver a cometer, soy el pecado que os ha traído felicidad pura y tan real que encandiló vuestros ojos y ahora no sabéis ver más allá.

Soy el que cada día saca a bailar a los miedos que dan forma a los retorcidos recovecos de vuestras almas y os hacen ser las personitas hipócritas que mostráis ser, fingiendo guiaros por una moral que desvirtuáis cuando nadie os mira.

Soy el que os cierra la puta boca cuando no os dais cuenta de que solamente podéis llorar como bebés, de que lo que os pasa es lo que os merecéis y que se ha cansado de tenderos la mano.

Soy aquél por cuya presencia tenéis que abrazaros al imbécil de cuyo brazo camináis aun sabiendo que no os podrá proteger y, peor aun, no sabéis si realmente queréis que os “protejan” de mí.

Soy lo que no os atrevéis a decir que queréis, lo que os avergüenza, lo que os deleita con ese dolor que añoráis, con las caricias que os desgarran el alma y que jamás nadie podrá daros.

Soy vuestro sueño, vuestra pesadilla.

Soy el sí, el no, el punto tras el cual vuestras vidas necesitan cambiar de línea para poder seguir escribiendo, la página inconclusa que no os atrevéis a completar pero que jamás querréis dejar en blanco.

Soy el cabrón del que vuestros padres os intentan prevenir, el desgraciado que os traerá dolor y sufrimiento y que, aun así, no queréis dejar de conocer.

Soy la gárgola que custodia los secretos que queréis desvelar aunque hagan que vuestra existencia sea un suplicio continuo.

Soy el horrible final que os espera tras horrores sin fin.

Soy la experiencia que quisierais no haber vivido, que más fuerte os hará y que desearéis volver a tener cuando vuestra oportunidad haya pasado para siempre.

Soy el secreto que confesáis una vez en la vida y negaréis mientras os reste un hálito, la mentira que contáis a los que ahora os rodean y os lamen el culo ante el valor que fingisteis tener para derrotarme, el villano al que hicisteis frente en vuestra santa cruzada por una felicidad que por alguna razón no lográis y atribuís a las cicatrices que, curiosamente, no existen.

Soy la excusa de vuestros actos más deplorables, de vuestras actuaciones más patéticas, el falso motivo por el que justificáis el comportaros como las perturbadas criaturitas que sois en realidad.

Soy la lección que jamás terminaréis de aprender.

Soy la lágrima que os corre por la mejilla al despertar sin recordar qué habéis soñado.

Soy aquél mal nacido que os arrepentís de haber conocido y al que os arrepentís aun más de haber alejado.

Soy la llama gélida que no podréis apagar ni derretir, guardián de secretos que teméis conocer casi tanto como teméis no llegar a conocer jamás.

Soy el que ahora os ha arrancado un latido, el que ha hecho con simples palabras que vuestra vista se nuble, el que ha escrito estas verdades que ahora os duelen y no sabéis si por crueles o por la crueldad de que sean ciertas.

Soy, en definitiva, yo. Roberto, Rhöbert, Nimrhodel, William… llamadme como queráis o no me llaméis en absoluto. Un nombre es sólo una etiqueta y lo que yo soy, aquél que habita en el interior de lo que veis, no se define por letras o palabras, por taxonomía alguna conocida por vosotros. Pensad si queréis que soy un megalómano, un loco, un demonio o simplemente dejad de pensar y por una puta vez atreveos a mirar más allá. Cerrad los ojos, mirad con ese corazón que os acabo de sacudir y cuando tengáis lo que hay que tener, venid a mí. Aquí os espero, frente a mi mesa donde canta un hada verde y un cigarrillo sueña azules ilusiones de humo, mientras hago volar mis pensamientos desde mi mente hasta las páginas que solamente unos pocos leeréis. Quizá entonces alguno de vosotros lo comprenda y me vea.

Porque yo soy algo para lo que muy pocos estáis preparados… pero también soy consciente de que ahora, las cosas van a ser muy distintas. Quedáis avisados.

Ahora SOY.
Ahora, atreveos.

sábado, 8 de junio de 2013

Τη ζωή σας, το ψέμα σου (Ti̱ zo̱í̱ sas, to pséma sou)

Cut my life into pieces, go ahead and try, I know you’re willing to see me kneel right in front of you. I hear your voice, you’re laughing at me while holding a dirty hand. Mines are covered in blood and mud, for tears are not meant to fall anymore.
You’re there, enjoying the sight of my fall and even pushing me down… or so you think, for you are but pulling. You want me down just because you’re below and do not have the guts to admit you desire my disgrace, for my suffering would ease yours. Everything you said to me, your lies, your fake smile, your whole self. Every single detail makes me realize you’re a step closer to become the nothing you really are.
Come on, make my day, say you know I’m talking to you… or simply shut the fuck up and dare to read these words for you have not the guts to listen to my voice. Could not stand it, could you? Go hide, go lie, go deny you know I’m right and keep wasting your little life trying to make me crawl back to you as the worm you’ve always made me feel like… keep fucking your own life now you’re fed up with mine, GO!
Or maybe I should try to do something different and help you wake up.
I confess I felt tempted due to the fact I did something you’ll never understand: I loved the person you were. Somewhere I had the stupid idea that person still existed but now I cannot be sure. In fact, I guess I don’t care because the one I see now is disgusting enough to make me hope to forget your face, your voice, your smell… I still remember when your fragrance was delightful and now the revolting smell of rotting flesh comes right from the corpse of what you showed me as flowers.
May this be the very first time I feel lucky for not being able to smell flowers because, baby, if flowers smelled the way you contaminate mi lungs, I would need to set every single forest on fire so as to cleanse the air from your essence.
Unsustainable, maybe it’s the best way to explain how you are, how your life will become and how much the pressure would have been for me if I had not realized the one you really are, the one you really never were and the one I am now.
WAKE UP!
If you’re a little lucky, you might still have a chance. I’m quite sure you might, all bastards do and, honey, you’re one of the big ones, so smile with that bitchy face of yours, have fun and fuck a little more that lie you call “life”. Fuck yourself a little further because maybe, only maybe, you’ll get a chance of, someday, achieve what I rally thought you should have had instead of what you pretend to desire in this moment.
Calm down, remember that, if everything else fails, you can always join me in death for a little talk and, perhaps, a cup of tea. By the time you fuck it all to the limit, I’ll be familiar enough to show you a couple of things you’re in this moment too blind to see, too deaf to listen to, to proud to admit and too idiotic to understand.
I know you’re now thinking I deserve to die. I don’t care. This is only a part of the truth I swore to the world I’d never hide again. Not to you. Not to me. Not to anyone.

Best wishes

sábado, 1 de junio de 2013

Wandering soul (Excerpt)


Érase una vez, en un lugar que no recuerdo
un alma inquieta que soñaba cada noche
con una canción largo tiempo silenciada
entre cuyos versos sonaba un nombre,
el nombre de este alma abandonada.

Cantaba esa canción una princesa
de una tierra tan hermosa y tan lejana
y su voz era a la vez, música y mensaje
perfecta conjunción de forma y función
capaz de hacer del mundo un dulce recital.

Tiempo ha, no obstante, que la canción cesó
pues princesa y alma errante, algo sucedió
que apagó la voz de una y al otro suprimió
hasta el punto de que el alma su sentido perdió
y comenzó a vagar en busca de aquello que destruyó.

πάντα ρει


Panta rhei”. Todo fluye. El tiempo, el agua, el aire y la vida. Todo se mueve sin cesar, sin prisa, sin pausa y sin embargo, algunas cosas se detienen y nos anclan a un momento pretérito, a un instante ya ocurrido que no quisimos que acabase. Y pese a todo, también esas cosas se acaban moviendo porque todo, todo fluye.
Del mismo modo que un río nace en una cumbre y avanza hacia un océano, la vida sigue su curso inexorable hacia el tranquilo desenlace que a todos nos aguarda. Es el camino lo que distingue la relevancia que una vida tendrá durante el tiempo que se le otorgue pues, sea breve o longeva nuestra existencia, no importa tanto de dónde venimos o a dónde vamos si no qué hacemos con el tiempo que se nos ha dado. Y yo me encuentro aquí hoy para intentar reflexionar sobre mi tiempo, sobre qué he hecho con él y qué me queda por hacer.
Llegué a este mundo en 1985, hace ya algo más de 28 años y tengo recuerdos desde hace 26. Muchos son vagas imágenes que no distingo claramente pues no sé si son recuerdos propiamente dichos o imaginaciones mías, pero sí recuerdo claramente, por ejemplo, la escena final de una película cuyo título, “Forbidden Planet” descubriría muchos años después. Vienen a mi mente una habitación con muebles de madera oscura con una ventana a mi derecha, un patio con una moto de baterías con la que daba vueltas, un ordenador en el que se mostraba un rudimentario videojuego en verde sobre negro, un saltamontes en el pequeño jardín de una casa de fachada azul... Y otras cosas menos claras como mi madre llorando en el asiento del conductor tras una discusión con mi padre en lo que parecía la puerta de una discoteca de mediados de los 80, un viaje en coche por una carretera en la que, en medio de la nada, aparecía un enorme supermercado durante un día muy caluroso de verano, un bloque de apartamentos de playa en un lugar que ni siquiera sé si existe, una vaga imagen de lo que parece ser la única vez que vi con vida (si es que sucedió tal cosa) al padre de mi padre. Realmente no sé cuáles de esos recuerdos son reales porque hasta hace poco no ha sabido qué parte de mi vida era real y cuánto era producto de mi imaginación o de mi propio intento de darle sentido a lagunas que dejaban vacíos que mi mente no podía si no intentar completar.
Saltando al presente, me encuentro, por tercera vez en menos de un mes, postrado en una cama de hospital a expensas de los designios de un grupo de médicos que me traen de cabeza al no ponerse de acuerdo y tener, cada día, una nueva “sorpresa” con la que hacer que me plantee si de verdad quiero despertar mañana. En el momento de escribir estas líneas estoy indeciso. Tengo tantos motivos para vivir como para morir y es un punto delicado este en el que me encuentro porque, la verdad, ambas opciones me parecen razonables y ninguna pesa sobre la otra. Supongo que se podría decir que ganará la que mejor “excusa” me dé para hacerle caso.
Por otro lado, lo que puedo decir que he hecho hasta ahora es bastante poco, escaso incluso y ni siquiera sé si merece la pena. Lo que sí puedo decir es queme he dado cuenta de que, ya desde pequeño, siempre hubo algo raro en mi. Yo mismo me sentía y siento raro respecto a los demás, como que hay algo que no termina de encajar, algo al margen de mis no pocas “taras” y que otras personas han visto desde muchas y muy variadas perspectivas. Pese a todo, a día de hoy sigo sin saber qué es esa diferencia que noto y notan los demás, sigo sin entenderla porque cuando por fin parece que alguien me puede ayudar a encontrar una respuesta, surge entonces otra pregunta que hace que todo se desmorone como el tan manido ejemplo del castillo de naipes. La pregunta en cuestión es “¿Por qué yo?”. Si hay alguna razón para este desasosiego existencial que explique qué me hace sentirme distinto, debe haber también alguna razón para que sea precisamente a mi, en mi opinión. Entonces, ¿Qué ocurre realmente y por qué me ocurre a mi? Como he dicho, he recibido varias explicaciones al “qué” bastante razonables, pero hasta ahora ninguna sobre el “por qué” y esto, además de molestarme sobremanera provoca que aumente mi inquietud primero porque sin esa respuesta, la anterior pierde fuerza y segundo porque una parte de mi no puede evitar pensar que si todo tiene un por qué en la vida, debe haberlo también para esto y el no haberlo encontrado en las casi tres décadas que llevo aquí, pese a las incontables conversaciones sobre el tema, las infinitas reflexiones, experimentos, etc. Si pese a todos los esfuerzos, propios y ajenos, no hay aun un por qué, debe haber un fallo. Tal vez no haya llegado el momento de saberlo, tal vez no he encontrado a la persona que me ayude a dar con la respuesta o tal vez no haya encontrado el enfoque exacto al tratarse de algo tan concreto y tenga que “afinar” aun más... O tal vez simplemente no haya un por qué, pero, de no haberlo, ¿Qué sentido tendría entonces que no fuese igual? Todo cambio en la naturaleza obedece a un motivo, a un propósito que principalmente está relacionado con la adaptabilidad a un entorno. Sin embargo, no me adapto mejor que nadie a nada ergo no se trata de una diferencia evolutiva, no soy y nunca me he considerado superior a nadie en nada, más bien tres cuartos de lo contrario.
A veces pienso que esta sensación no es más que una broma cruel del juguetero que me fabricó solamente para hacer conmigo los experimentos que con sus otros muñecos no quiere hacer para no estropearlos y por eso me dejó a medias, incompleto y con un vacío interior a propósito para no olvidase que solamente soy un muñeco de prueba, como los que utilizan para probar los coches en accidentes simulados. Ese titiritero mueve los hilos de mi vida llevándome por caminos extraños que no haría recorrer a sus otras creaciones por miedo a dañarlas pero a mi me fabricó para eso porque así, cuando me rompa, podrá conservar sus otras joyas y sabrá por dónde no debe llevarlas para que no se dañen. Tanto es así que me paro a pensarlo y casi creo que es posible que el hueco que esta marioneta que soy lleva en su interior fuese hecho a medida con una forma exacta y con un propósito concreto como el de fabricar después a otra marioneta, una preciosa muñequita que tendría en su interior la pieza del puzzle que me falta y que me completaría y que esa muñequita de princesa entraría en mi vida, completaría el rompecabezas y, cuando pareciese que mi existencia cobraba sentido, él volvería a mover los hilos llevándome por caminos esperpénticos que ningún otro títere seguiría y me haría actuar de formas tales que, finalmente, la  muñequita princesa huiría despavorida llevándose consigo aquella pieza y la esperanza de un servidor de conocerse a sí mismo y quizá incluso ser feliz. No intento, conste, librarme de mi culpa pues los pies que recorrieron el camino equivocado fueron los míos. A veces simplemente quisiera saber cómo cortar esas cuerdas, cómo dejar de ser un sujeto de pruebas en manos de un artesano demasiado cobarde para mover sus otros muñecos hasta saber si se pueden romper o no, demasiado cobarde para explicarme el por que, para dar la cara o, sencillamente, acabar conmigo. Y es que me pregunto qué más le puede quedar por probar ahora que ya me ha llevado al límite, ahora que mi vida útil se acorta a medida que se me agotan las pilas y a mi alrededor todo se va volviendo difuso.
Pero el juguetero es solamente una metáfora, una posibilidad como otra cualquiera dentro de un conjunto demasiado amplio para siquiera pararme a contemplarlo habida cuenta del tiempo del que dispongo y de lo que quisiera hacer con él. La realidad parece ser la misma en la que todo está en movimiento, todo recorre un camino, todos lo hacemos y tarde o temprano, llegamos a la meta. Una vez allí, acaba el flujo que es la vida y quién sabe si hay relevo, si hay una segunda vuelta o si continuamos en otra dirección.
Miro y veo 28 años, pocos o muchos, según quién observe, pero en definitiva se resumen en dos días, que es lo que dicen, que la vida son dos días y, si es así, tengo la sensación de que a mis dos días ya les quedan sólo horas... Cosas del tiempo que, dicen, no fluye igual para todos.