jueves, 29 de marzo de 2018

плаче, мали ђаво (Llora, pequeño diablo)

Es frecuente el error
Inequívoca seña de una mente abotargada
De pensar que no hay lágrima que en ojos de un demonio quepa
Mas como todo en esta vida, yerra la corriente mente que,
Valiente
Asegura poseer de la sapiencia la simiente.

No llora un demonio como a llorar estáis acostumbrados
No llora ante el dolor, apesadumbrado
No llora ante el fracaso ni lo hace a las puertas de una derrota
No llora por soledad ni lo hará jamás en público
Pero
Sé por experiencia que un demonio llora.

Por dolores del espíritu que nadie logra soportar
Por el peso de un silencio que en silencio ha de guardar
Por ser demonio y saber que no puede ser ya nada más
Porque sólo por quien es a esa luz no va a alcanzar
Porque
Si un demonio llora lo hace desde el corazón que nadie cree que tiene
Y llora sangre
Y llora solo
Y llora amando con terrible furia a quien osase rechazarle
Y llora
Ante todo
Siendo más demonio y ocultando como puede unas lágrimas
¡Ay!… ¡qué grades son sus lágrimas de rubí amargo!
Porque si un demonio llora
Es porque hasta hace poco, amaba.


lunes, 19 de marzo de 2018

и иногда (Y a veces...)


Y a veces, es bien cierto,
Pienso y siento que ojalá
De mente fuese tuerto
Para ver tan sólo la mitad
Que ojalá no percibiese en cada cuadro
Salvo formas y colores
Sin llegar a nada más
Incapaz de ver cuanto hay detrás

Y a veces, no te miento,
Quedaría yo contento
Si capaz fuese de ignorar cuanto hay dentro
Y no hundir las manos más allá del lienzo
No palpar más que la pintura
De no ver salvo los renglones
No más que dos ojos marrones
Y olvidarme al fin de estos corazones

Y a veces, lo lamento,
Y aunque juro que lo intento
Soy fracaso en cada tiento
Y es mi seso adormecido y traicionero
Que actúa solo y sin concierto
Quien fallándome, me obliga a ser distinto
Viendo en ti lo que nadie más intuye
Y es por tal genial destello que de mi tu alma huye

jueves, 15 de marzo de 2018

Vulnerable (crystal) Armour


Contra esos ojos tuyos no tengo yo defensa
Ni puedo desoír el canto de sirena
De tu voz
Tu putamente dulce voz
Que sólo usas para recordarme
Que por añorarte estoy jodido
Que por anhelarte he perdido
Tiempo que no regresará
Salud que abandonó mi mente
Y latidos con los que limpias tus tacones
Y yo no te digo esto a la cara, me faltan dos cojones
Porque si sigo queriéndote seguirás largándote
Porque si empiezo a olvidarte volverás tambaleándote
Y no te dejaré caer

Contra el sueño que tú representas no tengo ya
Fuerzas para soñar
Motivo para despertar
Y sólo puedo ahora imaginar
Que tu caricia, para mí desconocida
Pueda rajar esta coraza, esta férrea piel que me impongo
Que sólo me deja hablar pero ya no sentir
Hasta que tú, despiadada zorra de mi vida
Me obligas a hablar, me obligas a estremecerme
A cambio, empero, de migajas de atención a tu capricho
Y aunque mi piel sea fría y de puto cristal,
Mi corazón se estire hasta no poder más,
Volverás a decir mi nombre y ahí me tendrás
Odiándote por que te quiero
Queriéndote por siempre jamás

domingo, 4 de marzo de 2018

εφιάλτης a media luz


…y lentamente se adentraba en aquél pasillo. Pero algo no iba bien. Por más que intentaba iluminar el camino que había ante sus ojos, la luz no conseguía hendir la oscuridad. Era densa, casi podía palparla con sus manos, como si fuese una masa negra que, al intentar tocarla, se apartaba y dejaba paso al vacío. El negro vacío que se extendía a su alrededor y que parecía estrecharse por momentos. Tal era la oscuridad que gobernaba el lugar que ni siquiera podía ver sus pies.
Pero sí podía oír, y aquél sonido…
Al principio creyó haberlo imaginado, “Son los nervios”, se dijo para intentar convencerse. Pero el escalofrío que le recorría el espinazo era real, frío y punzante. Allí había alguien. O algo. Y se acercaba. Lo más angustioso, empero, fue darse cuenta de que no podía distinguir de dónde venía aquél sonido. Tratándose de un pasillo sólo podía avanzar o retroceder y, en ambos casos, la mitad de las posibilidades le llevarían a encontrarse de frente con… aquello.
Había pocas opciones y aún menos tiempo. Se estaba acercando.
De pronto se percató de su error. Al pararse para intentar orientarse descuidó por completo las vueltas que daba sobre sí. Se dio cuenta entonces de que no sabía si la oscuridad a la que miraba de frente era la que debía cruzar o si estaba dando media vuelta. Y mientras, desde no se sabía dónde, aquello se acercaba. Temía que, si extendía la mano, esta vez no encontrase sólo el vacío.
Fuese lo que fuese tenía que avanzar. Escogió un camino y sin siquiera ver el suelo bajo sus pies, comenzó a caminar.
Se aferraba a la luz casi etérea que proyectaba aquella linterna que parecía competir contra la madre de todas las oscuridades habidas y por haber, incapaz de arrancarle ni un palmo a sus dominios. Era como intentar perforar una roca con una aguja. Salvo que aquella roca se desvanecía a su paso. Aquella roca era la nada. Nada delante y nada detrás, y sólo parecía existir el punto exacto donde se encontraba… y aquél sonido.
Sin siquiera darse cuenta, incapaz de saber siquiera si había escogido bien, se detuvo. Cerró los ojos y respiró despacio un aire limpio, sin olor, ni frío ni cálido. Extendió la mano.
De nuevo, la oscuridad se hacía a un lado evitando ser tocada.
Entonces lo entendió. Justo en ese instante todo cobró sentido. Fue entonces cuando el vacío tocó su mano y volvió a oírlo.
… pero nadie oyó sus gritos.