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| ¡'Güenlaputa ya, siempre cuando me estoy aclarando, cabrón! |
La cuestión es que viviendo allí y desplazándome en vaca… bueno, perdón, que me enredo hablando de la vaca y (aunque cueste creerlo) no es aquí lo importante. De hecho, lo importante aquí es irrelevante, porque sí, porque si fuese a hablar de algo importante habría preparado un discurso sobre la vaca y sobre cómo se pasaba por las ubres las leyes de la termodinámica y hacía caso omiso de la tensión superficial de la mayoría de líquidos hasta el punto de que los ignoraba casi por completo. En serio, pasaba tanto de los líquidos que me lo contagió y ahora, cuando llueve, no me mojo y no porque sea impermeable, si no porque me la sopla tanto el agua que si no me concentro, me quedo seco. Soy así, un tío inconscientemente seco, es lo que hay. Hay quien es cojo, hay quien es de padre calvo, gente que no sabe aplaudir con las orejas, espectadores de “Mamarrachas, hanalfabetos y vistemierdas” y sabéis que podría seguir con la lista de desgracias y/o minusvalías, pero el concepto general lo tenéis. El caso, mi caso, es que soy impermeable pero no por nada, sino porque no me doy cuenta y me pasa con la tensión superficial de los fluidos newtonianos lo que a cualquiera que va con el móvil por la calle, que no me entero si cruzo según qué líneas y claro, al del móvil le pilla el tranvía (si tiene suerte y vive en San Francisco o Murcia) y a mí me arrolla una implacable desidia y claro, salgo perdiendo. Y ojo, no lo digo por decir porque para decirlo por decir habría dicho “digo”, pero no lo he hecho. Salgo perdiendo porque desde que me pasó eso, las leyes de la física me han perdido el respeto.
Os dejo una línea en blanco para que lo asimiléis.
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| Sé que estoy sexy cuando me vuelvo interdimensional. Por favor, chicas, de una en doce. |
Ya. Pues eso es así, hamijos, las leyes de la física me ignoran. Bueno, ya no, pero durante un tiempo me ignoraron y os aseguro que no fue fácil superarlo. Pero yo soy asín, toguaydeltó y mira tú por dónde (y ya que miras por ese “dónde” cuéntame lo que se ve, que yo con las gafas no puedo) lo conseguí. Y oye, pensaba que sería difícil, pero no, solamente fue lo segundo más jodido que he tenido que hacer en los apenas 14 siglos y veinte minutos que llevo en este planeta. Sin mucho rodeo, que no soy un vaquero de Tennessee (por decir algo, estaba buscando algún sitio cercano con tradición ganadera y era eso o Sanlúcar de Barrameda, que suena demasiado comercial), la solución estaba en tratar a las leyes de la física, la termodinámica y en general al grupito de las “guays” como a un gato corriente. Decidí pasar de ellas y me convertí en una ley universal porque sí, porque me dio la gana y me salió del cosmos. Y ahora lo más corriente (cuidadín con el enchufe) es que os preguntéis qué pasó cuando me convertí en ley universal. Pues mira, lo primero es que a las leyes de la física se les cayeron las bragas (conceptualmente hablando, todos sabemos que las leyes físicas son muy putillas y no usan ropa interior) y lo segundo es que descubrí que yo, como ley universal, podía dictar y modificar mis propias leyes y ojo, no solamente físicas, también naturales. Cágate lorito (pero en tu sitio, que lo pringas luego tó), ¿y eso qué significa? Pues que yo podía crear y alterar las leyes que a mí me diesen la gana y dictaminar a quién afectaría cada una y a quién no. Y todavía puedo porque una de las primeras leyes que dicté fue pasarme el tiempo por donde me diese a mí la universal gana, y eso explica cosas como que mi aspecto no haya cambiado desde que cumplí los 16 y mi intelecto desde que cumplí los 5. Esto me permitió avanzar y retroceder en el tiempo a mi antojo y claro, tanto ir ahora p’adelante y ahora p’atrás tuvo como efecto secundario que el delicado tejido espacio-tiempo se rasgase y de su interior saliese otro caminante de realidades que se desplazaba como yo y al que probablemente conoceréis como Chiquito de la Calzada. Ahora ya sabéis que nació para curar al universo y contrarrestar mi inmenso poder (a su manera).
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| Chiquito contrarresta mis poderes siderales para proteger el continuo espacio-tiempo. |
Entre mi creaciones más destacadas están el “Conjunto de leyes para putear al humano estándar” o, para abreviar “La ley de Murphy”, nombre que puse en honor a Robocop, primer alcalde de Detroit en el año 4003 tras la guerra contra Huesca (uy, que os he hecho “spoiler”) y que escribí más o menos anteayer. También quiero destacar la ley de la palanca (porque rima con mi tranca), la ley de la osmosis, la ley del más fuerte, la del más memo, la ley de propiedad intelectual que sólo entienden los más listos (de ahí el nombre) y que no dicta nada pero que hace un poco como de filtro para que los habitantes de Namibia no den mucho la lata, la ley de la divina proporción, las matemáticas y la más compleja, la ley que gobierna sobre los rizos de Eduard Punset. Eso sí que fue una movida tocha.
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| "Vais a flipar muy fuerte, la mía es así." -Punset sobre la ley que explica su peinado.- |
La lista sigue, ahí he citado solamente las más famosas y la de la palanca porque me ha hecho gracia a mí mismo que la inventé, por lo que vosotros os tendréis que estar partiendo el hojaldre. Claro, después de todo esto imaginaréis que acabé agotado, pero como ya había hecho aquella cosa científica con lo del tiempo, cuando terminé volví al año que viene y descansé hasta ayer por la mañana que me tomé un carajote, porque a mí un carajillo me deja como que con ganas de más y dije “pues a cholón”, y claro, no terminé de calibrar. Total, que sí, lo confieso, ayer en el futuro me cogí o cogeré un ciego bastante complicado de asimilar. Sobre todo porque hice/haré cosas que no dejaron/dejarán muy buena imagen de mí que tampoco quiero detallar pero que si os ponéis coñazo pues lo mismo os doy una pista (y ya que estamos un par de hostias de las buenas, de las que se reparten en Albacete a los niños que dicen que quieren ser vegetarianos) os adelanto/recuerdo que ofendí a varias civilizaciones que dejaron de existir de puro enfado, profanaré ciertas imágenes religiosas que todavía no he inventado y creo que en algún momento di o daré un discurso en una graduación en Oxford… ¿o eso era Stalingrado? Nunca las he distinguido mucho. Pero bueno, la conclusión es la misma: si bebéis, compartid, cabrones, que os meto una ley física o natural que se os va a caer el pelo y si sois calvos… algo habréis hecho.






