lunes, 25 de marzo de 2024

Sooty pull from (nowhere) inside

 

(…) veía nada. Tampoco puedo decir si podía oír algo o me lo estaba imaginando. En cualquier caso, la sensación era parecida a estar tumbado, flotando en la superficie de algo y, a la vez, inmerso en ello. La sensación familiar en los oídos, como cuando entra el agua y, aunque no hay silencio, todo sonido parece amortiguado, lejano como si hubiese una pared de por medio entre la fuente y yo. El cuerpo, sin llegar a la ingravidez absoluta pero desde luego sí mucho más ligero y rodeado por ese tacto no completamente desconocido y semejante a moverme en una masa de agua. El más mínimo gesto parecía encontrar una levísima resistencia, que casi parecía hecha a propósito, como un recordatorio de que no estaba en una situación normal, pero que tampoco era una amenaza.
Me es tremendamente complicado saber cuánto tiempo estuve así. Ahí. O si lo llegué a estar realmente. Pero lo que sí recuerdo con una claridad que ni yo mismo creía posible es el momento en que regresé.
En algún momento (si es que se puede aplicar terminología cronológica a un sitio en que no estoy seguro de que el tiempo significase algo), sentí un tirón. Tan claramente como si lo estuviera experimentando ahora mismo. Si antes tenía la sensación de estar tumbado y flotando, lo que fuera que tiró de mi, tiró también de todo (o la nada) que me rodeaba y envolvía. Ya no tenía la misma sensación, seguía flotando y envuelto, a oscuras y sintiendo la resistencia del entorno y lo poco que oía seguía pareciendo lejano, distorsionado y deformado. Ahora, simplemente, tenía la sensación inexplicable de que todo estaba en vertical. Que yo flotaba en vertical.
Sin haber procesado del todo nada de lo que había pasado, volví a sentir que algo tiraba de mi, esta vez me pareció ver una luz, un destello. No lo sé exactamente y tampoco creo que importe. Me pareció oír una voz. Durante una fracción de segundo, abrí los ojos. Vi a un hombre delante de mi. Cabello blanco, unos vaqueros y una chaqueta marrón bajo la que pude ver que llevaba el brazo izquierdo en cabestrillo. Parecía estar hablando con alguien a quien no logré ver, pero sé que no era conmigo. No le conocía de nada y a la vez…
Entonces intenté volver a mirar, pero no lo conseguía. Por alguna razón no podía abrir los ojos. Era como si no pudiera controlarlos, como si no quisieran obedecerme. Volví a sentir el tirón. Esta vez no pude ver nada pero me pareció que podría oír mejor. Pero el hombre, si es que seguía donde lo había visto antes, no dijo nada esta vez. Sin embargo, sí percibí la sensación de que mi cuerpo, como un junco que se mece por una brisa y regresa a su lugar, regresaba a donde fuera y como fuera que se encontraba antes de que lo que sea que tiraba de mí me reclamase.
No tenía claro dónde estaba, cómo había llegado ahí ni cuánto tiempo había pasado, pero algo me decía que lo que estuviera tirando de mi… tenía que aferrarme a ello. Aquél hombre… tenía que buscarlo.
Si bien no era una gran cantidad de pensamientos, parece ser que tardaron lo bastante en tomar forma en mi cabeza porque, de nuevo, tiraron de mi.
Volví a poder entreabrir los ojos. Él estaba allí. Parecía llevar algo en la mano derecha. Por momentos parecía un arma y al instante era una botella. Era una escena estática y, a la vez, estaba convencido de que había movimiento. No podía oír nada pero estaba seguro de que había sonido. Todo estaba a oscuras pero podía ver por el rabillo de ambos ojos sendos puntos de luz que… recuerdo que pensé “Espera…” y de pronto me di cuenta de que había olvidado por completo que tenía manos. O al menos una. Podía sentir mi mano derecha unicamente y parecía estar lejos. Muy lejos. Pero parecía que podía moverla. Sin embargo, algo no cuadraba porque cuando le ordené alejarse de mi para intentar tocar los puntos de luz que vi, mi mano hizo lo contrario. En lugar de alejarse de mi cuerpo, vino hacia mi, como si procediera de otro lugar. Como si no fuese mi mano. Pero cuando le ordené cerrarse, noté perfectamente cómo tocaba esos puntos de luz. No entendía qué estaba pasando pero lo más parecido que logro describir es la idea de estar frente a un espejo, estirar la mano y que lo atraviese mientras, a la vez, el reflejo de la mano sale del espejo, imitando los movimientos y la trayectoria de la original.
No sé muy bien por qué, pero en ese momento tuve la sensación de que no tenía tiempo de buscarle una explicación. En algún momento algo se había torcido y la único que me importaba era sujetar con fuerza aquellos dos puntos de luz y tirar de ellos. Y eso hice.
Desconozco por completo qué pasó. Ni siquiera sé cuántas veces repetí el proceso. Lo que sí recuerdo es que, en un momento dado, uno de los tirones que di pareció tener el efecto que ni siquiera sabía que estaba buscando. Tiré de las luces y pude abrir los ojos. Fue un instante muy breve, pero ahí estaba. El hombre del pelo blanco, delante de mi… en la pantalla.y ahí estaba yo, reclinado en mi silla. Había puesto una película y me había dormido. Por eso recordaba al hombre aunque no le conociera. Por eso tenía que estaba tumbado al principio y más erguido cuando me había enderezado un poco antes. Era eso, me había dormido viendo una película.
Pero, ¿estaba ahora despierto? Volví a tener la sensación de retroceso y la luz se atenuó, el sonido volvió a amortiguarse y los ojos se volvieron a cerrar. No entendía qué estaba pasando. Era consciente de que me había dormido y, en teoría, tocaba despertarme. Es más, quería despertarme. Pero no podía. Algo me lo estaba impidiendo. No sé qué era pero sí recuerdo la sensación de que estaba detrás de mí, tirando de mí hacia atrás, como si delante estuviera el mundo y a mis espaldas… otro sitio. No tenía ni la más remota idea de qué lugar era ni quién tiraba de mi. Pero sin duda era alguien. No tenía miedo, pero no quería dejar que tirase más. De hecho, más que no querer, tenía la sensación de que no debía permitir que lo hiciera. Aún no comprendo por qué.
Volví a alargar la mano y, de nuevo, vi cómo se acercaba a mi cara de frente. Cerré de nuevo los dedos aunque no estaba viendo las luces y tiré. Abrí los ojos un momento y vi la pantalla, al hombre de pelo blanco. Miré un segundo a mi alrededor y me di cuenta de que tenía mi mano en la cara, tirando. Se me volvieron a cerrar los ojos y otra vez la sensación de que algo detrás de mi tiraba, esta vez como si me cogiera del pelo. Un tirón más de mi mano, otro destello. El hombre estaba cerca de una puerta, alguien de espaldas a la cámara hablaba con él. Recuerdo pensar “¿Qué pasa?” y volver a cerrar los ojos. En esta ocasión fue como si, quien tiraba de mi no tuviera más espacio, como si se hubiera topado con alguna pared o algo que restringiera sus movimientos y le impidiera alejarnos más.
Tiré de nuevo.
Cuando abrí los ojos, mi mano derecha estaba pegada a mi cara. Los dedos doloridos del esfuerzo de apretar, los músculos del brazo aún tensos de tirar.
Recuerdo que, durante un rato, me hizo gracia. Pensé que me había quedado dormido de una forma contundente, como cuando mi abuela, después de comer, empieza a ver la telenovela y se duerme a los pocos minutos.
Pero a lo largo del día esa sensación dejó de ser divertida.
No sé explicar cómo, pero sé, de alguna forma dentro de mi, que toda esta situación duró una cantidad de tiempo considerable. Aunque no tenga una forma física precisamente envidiable, el cansancio que experimenté no era algo que pudiera resultar de unos pocos segundos. Sin embargo, cuando “salí de allí” no sólo no habían pasado horas, sino que, según el indicador de tiempo de la película, no habían pasado ni treinta minutos y… si no fuera un completo despropósito (que atribuyo a que estos últimos días no han sido los mejores), pondría la mano en el fuego por el hecho de que, cuando miré el reloj, la hora que vi era anterior al momento en que me había sentado a ver la película.
Ignoro por completo si esto tiene alguna lógica, si lo he soñado todo, en parte o nada. Desde que “volví” ha ido creciendo en mí la sensación de que algo no anda bien, que no ha sido un susto. La sensación de que algo ha cambiado. Unas horas después tuve un extraño ataque de ansiedad que me ha perseguido hasta esta noche y en todo momento, una sensación incómoda en la parte de atrás de la cabeza parece querer decirme algo.

Y aunque son las tres y cuarto de la madrugada de un domingo, por primera vez en mi vida, me da miedo pensar que debería irme a dormir.