domingo, 15 de junio de 2025

C:>DevilsHour.exe

C:>_

C:>dir

 

DOS               <DIR>

TXT                <DIR>

MACOS         <DIR>

7                     <DIR>

COMMAND  COM

CONFIG        SYS

AUTOEXEC  BAT

CREDITS       TXT

            8  file(s)

 

C:>cd txt

C:\TXT>dir

 

NOTDONE    <DIR>

HF                   TXT

CLIP               TXT

SEVEN           TXT

THEDAY        TXT

LOOKUP        TXT

(…)

            16 file(s)

 

C:\TXT>cd notdone

C:\TXT\NOTDONE> dir

 

DOYOU         TXT

            1 file

 

C:\TXT\NOTDONE>edit doyou.txt

 

 

-       Do you know… nah, you sure do. I’ll skip all that and

“I hope you don’t mind that I put down in words…”

 

-       ¿Qué propones entonces?

-       Oh, nada complicado, pequeño, solo quiero charlar.

 

-       No tengo nada que hablar contigo.

 

-       Oh, pero yo sí. Tengo un par de cosas que contarte.

 

-       No me interesa.

 

-       Te interesará, créeme, esta vez no es…

 

-       No me interesa.

 

-       ESCÚCHAME BIEN, PORQUE SOLO LO DIRÉ UNA VEZ: NO TE ATREVAS A INTERRUMPIRME. ¡JAMÁS! SI VUELVES A HACERLO ESTA CONVERSACIÓN HABRÁ TERMINADO Y TÚ LAMENTARÁS NO HABERTE MORDIDO LA LENGUA, ¿ME HAS ENTENDIDO? ATRÉVETE A CORTAR UNA SOLA SÍLABA DE UNA SOLA PALABRA QUE TE DIRIJA Y JURO QUE HARÉ QUE TE ARREPIENTAS TANTO, DE TANTAS FORMAS Y DURANTE TANTO TIEMPO QUE LLEGARÁS A PEDIR QUE TE ARRANQUE LA VIDA CON DOLOR PORQUE INCLUSO ESO TE HARÁ SUFRIR MENOS QUE LO QUE YO MISMO TE HARÉ. ¿TE HA QUEDADO CLARO?

 

-       Supongo.

 

-       Así me gusta, pequeño. ¿Lo ves? Esto es muy sencillo, no es más que una conversación. Uno habla y el otro escucha y, cuando el primero acaba de hablar, el segundo toma el turno de palabra. Todo siguiendo un orden, respetando los turnos, como caballeros. ¿No es mejor así?

 

-       Si tú lo dices… ¿me vas a decir ya qué quieres?

 

-       Tan insolente… hace tiempo que habría acabado contigo si no me cayeses tan bien.

 

-       Di más bien que me necesitas.

 

-       Sí, ya, eso también ha jugado a tu favor. Pero el caso es que precisamente de eso vengo a hablarte.

 

-      

 

-      

 

-       … ¿Se supone que estás esperando que diga algo?

 

-       ¿No sabes lo que es una pausa dramática?

 

-       Sí, una forma barata de mantener el interés.

 

-       Oh, querido, ¡nada de barata! Si se utiliza correctamente, la carga dramática, el suspense, la forma en que las ansias de saber atenazan la mente y el corazón de la audiencia son… ¡Ah, ni te lo imaginas!

 

-       Me importa una mierda, la verdad. Además, aquí o hay audiencia, chiflado.

 

-       Oh, pero es que sí que la hay, querido.

 

-       ¿Y dónde se supone que están?

 

-       ¿Acaso importa?

 

-       Si quieres que te siga el rollo, sí.

 

-       ¿Seguirme el rollo? ¡No! Ah, por favor, querido, ¿no puedes despegarte de tu papel de adolescente noventero descreído y malote?

 

-       Vete a la mierda.

 

-       ¿Eso es un “no”?

 

-       Lo es. Porque la alternativa, ¿cuál es? ¿creer… en ti? Venga ya.

 

-       Me ofendes, querido.

 

-       ¡Ojalá!

 

-       Al final te echaré de menos… Pero, antes de llegar a ese punto, te propongo una cosa: yo me salto un poco las reglas y, si con eso consigo que me creas, tú me concedes esa conversación que llevo un ratito pidiéndote.

 

-       ¿Y después?

 

-       Te mataré, por supuesto.

 

-       No llevas muy bien eso de negociar.

 

-       No estoy negociando.

 

-       ¿Y si me niego?

 

-       Te mataré, por supuesto.

 

-       Ya… Oye, entiendes que me ofreces dos cosas que, en esencia, son lo mismo, ¿no?

 

-       Oh, querido, no te estoy ofreciendo nada en realidad. Te estoy explicando lo que va a suceder. El resultado va a ser el mismo, la única diferencia es si morirás sabiendo algo o no.

 

-       Si voy a morir, ¿qué importa entonces que sepa algo o no?

 

-       ¡Oh! Importa, claro que importa. Porque de que tú sepas algo o no, dependerá lo que sepa o no sepa nuestra audiencia.

 

-       Pero si ya te he dicho que estamos solos.

 

-       Crees que estamos solos. Pero no crees en mi. Irónico, ¿no crees?

 

-       ¿Por qué?

 

-       Porque quieres creer que algo que existe, no existe y, al mismo tiempo, no crees en mi, que me tienes delante. Y que nos conocemos desde hace… ¿cuánto hace ya? ¿Veinte años?

 

-       Treinta.

 

-       ¡Ay! ¿Tanto hace ya? El tiempo pasa volando cuando lo pasas bien.

 

-       Habla por ti, pirado.

 

-       Definitivamente, te echaré de menos.

 

-       Vete a la mierda.

 

-       ¿Debo entender eso como que aceptas?

 

-       Haz lo que te dé la gana.

 

-       ¡Excelente! En tal caso, creo que lo primero que requiere la buena educación es que te presentes ante la audiencia y expliques por qué estás aquí.

 

-       ¡Vale ya con la coña de la audiencia, joder! Pareces un disco rayado. Aquí solo estamos tú y yo y uno de los dos me sobra desde hace rato, pirado de los coj…

 

-       Haz el favor, querido, mira hacia ahí.

 

-       ¿Qué mi…? Pero…

 

-       Así es.

 

-       Eso antes no…

 

-       ¿No estaba ahí? Mucho me temo que sí. Es solo que tú no lo veías.

 

-       Pero… ¿qué…?

 

-       Querido, permíteme que te ahorre a ti y a los demás varias insulsas líneas de diálogo en las que farfullas preguntas incompletas por estupor. Son un coñazo, alargan innecesariamente el texto y, entre tú y yo, parece que tuvieras algún tipo de retraso madurativo.
Sí, eso que ves ahí es una persona. No, no es gigantesca, es del tamaño normal que tiene una persona, eres tú el que tiene un tamaño minúsculo porque, para esa persona, ahora mismo solamente eres un puñado de letras. Raro, lo sé, pero vamos a hacer una cosa, sigue callado y saluda con la manita a quien está leyendo esto.

¡Hola! Gracias por leernos. Sé que mi amigo se esta portando de una forma un poco… meh, poco colaborativa. No se lo tengas en cuenta, acaba de empezar a descubrir que es un personaje de ficción. Todavía no tiene muy claro… nada, en realidad. Fíjate que se pensaba que todo su mundo era real y ya ves que apenas tiene un par de páginas de existencia. De todas formas, yo iré mediando entre vosotros porque, a ver, sí es cierto que tengo una conversación pendiente con él y no puedo alargarlo mucho. Más que nada porque, a lo tonto, esta es ya la cuarta página del texto y si se estira mucho lo más probable es que se te haga bola leer todo esto. Y como no queremos eso, me pongo ya en faena. Quédate un ratito, ¿vale? ☺☺

Bueno, ya estoy contigo otra vez. ¿Empezamos?

 

-       No… no entiendo nada. ¿Quién es…? ¿Qué está pasando?

 

-       A ver, querido, sabes leer, ¿cierto?

 

-       Sí…

 

-       ¡Maravilloso! Pues cuando tengas un ratito, te lees el párrafo de arriba y sales de dudas. Ahora, a lo que íbamos. Explica a estas personas tan amables por qué estás aquí.

 

-       ¿Personas? ¿Hay más de una?

 

-       Pues la verdad, querido, ni idea. Por norma general esto no lo suele leer nadie. Entre nosotros, a veces ni el propio culpable de que estas líneas existan. Pero, por si acaso, es mejor ser educados. No me imagino a más de una persona reuniéndose para leer esto en compañía, pero tampoco sería correcto dirigirse a una sola. En cualquier caso, siempre podemos hacer una cosilla. Espera un momento.


Hola de nuevo. Me salgo otra vez de la historia para invitarte a que, si quieres, dejes un mensajito al final del texto, ahí, donde se dejan los comentarios, y nos saques de dudas. Si no quieres decir tu nombre, puedes inventarte uno, pero más que otra cosa, por saber si eres una persona o sois varias las que os leéis todo esto. Admito que me ha dejado curiosón la pregunta de mi amigo.

Ya estoy contigo, querido. Adelante.

 

-       Esto… sabes que puedo oírte hablar con esas personas, ¿verdad?

 

-       ¿Puedes? ¿Y cómo sueno?

 

-      

 

-       No tienes ni idea, ¿verdad, querido? ¡Ah! Pero aun así, de alguna forma lo sabes… Tranquilo, no tiene ningún misterio. Te enteras porque lo estás leyendo, no oyéndolo. Y lo puedes leer porque tú también estás siendo escrito y puedes moverte por todo el texto escrito. No le des muchas vueltas, lo irás pilando poco a poco. Venga, empieza, que se nos pasan las páginas.

 

-       Ehm… a ver… Soy G…

 

-       Pasa de tu nombre, a estas alturas a la persona al otro lado no le importa y yo ya me lo sé. ¿Por qué estás aquí?

 

-       Estaba buscando a alguien y me perdí.

 

-       ¡Bien! Tampoco nos importa su nombre. Explica a estas personas quién era ella para ti y a dónde fuiste a buscarla.

 

-       Fui a buscarla donde era necesario. No puedo decir otra cosa. Crucé toda la distancia que me separaba de ella, pero no la encontré. La busqué en los rincones del pasado en que solíamos refugiarnos juntos y tampoco di con ella. Fui a buscarla a donde habría de empezar el futuro que tejíamos mano a mano y al no encontrarla decidí buscarla en todos los lugares en los que la había imaginado. Sin saber cómo, debí de perderme en uno de ellos y ya no supe cómo volver. Lo único que me mantuvo cuerdo fue seguir contando los días que pasaban mientras seguía buscando la forma de salir de aquí.

 

-       ¿Cuánto tiempo calculas que has estado aquí, querido?

 

-       A ti te conocí poco después de llegar aquí. De eso han pasado treinta años. Treinta años y 8 meses, en realidad. Quizá un par de semanas más antes de que aparecieras…

 

-       ¿De la nada? Muchacho, aunque hayas cruzado ciertos límites, incluso tú sabes que nada aparece de la nada. Avísame cuando estés listo para tener esa conversación, pero por ahora, cuéntales a estas personas tan amables que siguen leyendo quién era ella para ti. Y ya que estamos, por qué tuviste que salir a buscarla. Recuerda, hay que ir abreviando.

 

-       Todo. No encuentro mejor forma de decirlo. Ella lo era… lo es todo. Nací, crecí y viví sin saber por qué ni para qué. Un lunes por la tarde y una madrugada de jueves eran para mí la misma cosa. Tener cinco años, diez, veinte. No hubo nunca diferencia. No había ninguna razón para llegar al día siguiente, para hablar o para callar. Estar solo o acompañado me dejaba el mismo vacío. No sabía lo que era vivir, no era capaz de sentir nada por mi mismo ni por medio de nada ni nadie ajeno a mi. Existía, sin más. Como una piedra en mitad de donde te puedas imaginar una piedra. Estaba, del mismo modo que podía no estar. Ella hizo algo.
Nunca tuve claro qué fue ni cómo lo hizo. Me miró, como muchas otras personas me habían mirado antes. Pero ella me vio. O vio algo, ¿yo qué sé? Le pregunté varias veces cómo hacía eso con los ojos, con esos ojos como nunca otros se habían posado en mi. Ella me decía que era un secreto. O se reía. Otras veces simplemente se encogía de hombros y cambiaba de tema. Sabía perfectamente a que me refería, pero nunca supe la respuesta. Una vez le dije que quizá se equivocaba, que quizá esa magia de sus ojos jugaba a engañarla. Pero ella dijo que, si siendo una piedra había visto eso en sus ojos, quizá yo era la piedra que buscaba.

 

-       Enternecedor, querido. Y dime, ¿recuerdas como era?

 

-       Cada detalle.

 

-       ¿Después de más de treinta años? ¿Volviste a verla acaso?

 

-       No, pero…

 

-       Obviemos los rasgos más llamativos. El pelo, los ojos, su tono de piel, su bonita figura, lo bien que le quedaba esto o aquello… ¿te acuerdas de algún lunar o alguna marca curiosa en su piel? Algo que no esté a simple vista, que no encontrarías en una foto. Una de esas imperfecciones que hacen que sea inconfundible.

 

-      

 

-       Se te hace raro. Sabes que hay algo pero no lo ves, ¿verdad? Algo te dice que debería estar ahí, en algún sitio entre tus recuerdos, pero ni siquiera recuerdas haberlo olvidado. No te angusties, querido, no podrías recordarlo aunque lo intentases durante otros treinta años porque él no lo recuerda ahora mismo.

 

-       ¿Quién?

 

-       El que nos está escribiendo ahora mismo. El que ahora escribirá que te digo que le saludes y, aunque tú no hagas ningún gesto ni él añada acotación de ningún tipo, hará que tú saludes y que la persona que está leyendo esto te imagine saludando tremendamente confuso.

 

-       ¿Qué?

 

-       No te compliques demasiado, querido. Quédate con la misma idea que antes, que tenemos público, pero que, además, alguien nos está escribiendo sin ninguna intención de ocultarse.

 

-       Esto… no tiene sentido. ¿Por qué está pasando esto?

 

-       No sabría decirte, la verdad. Tengo algunas teorías pero es difícil decir si realmente son mías o si me las han escrito. O si existen siquiera. Pero no deberías tomártelo como algo negativo.

 

-       ¿Y cómo debería tomármelo? De pronto mi existencia no es lo que creía y hay gente mirando todo lo que hago y, al mismo tiempo, dices que todo esto lo está haciendo alguien… ¿desde dónde?

 

-       Querido, imagina un bocadillo. Una rebanada es la persona que está leyéndonos. La otra, es quien nos está escribiendo. Tú y yo somos lo que está en medio.

 

-       Sigo sin verle el lado bueno…

 

-       Aperitivos al margen, la buena noticia es que tú no llevas aquí treinta años. Tú no has estado buscando desesperadamente a tu amada perdida, porque nunca se fue.

 

-       …¿porque nunca existió?

 

-       ¡Oh, querido, sí existió! Pero no la perdiste. Tú no.

 

-       No lo entiendo.

 

-       No me sorprende. Pero es que no puedes entender nada, solo evocar lo que él decide escribir para que tú lo verbalices. En otras palabras, querido, tú eres un subtitulo. Él siente, piensa y convierte todo eso en unas líneas que traducen esas ideas y emociones de forma que las personas del otro lado puedan asomarse y ver un poco de lo que él guarda en su interior.

 

-       ¿Y por qué tú…?

 

-       ¿“Sabes todo eso”?¿Es lo que ibas a preguntar? Pues por el mismo motivo que tú crees que sabes, querido: porque él me ha hecho así.

 

-       Entonces, ¿ella…?

 

-       Que sí, existe. Te lo he dicho antes. Pero no es la “ella” que tú conoces. Es una pieza de su vida disfrazada como parte de la tuya. Técnicamente, nada de lo que has dicho hasta ahora es mentira si tenemos en cuenta que tú lo creías y sentías de una forma real. Todo sigue igual salvo el detalle de que tu vida no ha sido miserable durante treinta años. Solo durante… casi siete páginas. Escritas a lo largo de una madrugada rara.

 

-       No… no puede ser…

 

-       ¿Ser qué? ¿Real? Querido, te repito que nada ha sido, técnicamente, mentira. Si lo miras con cierta perspectiva Y CALMA, que te estás poniendo nerviosillo, te darás cuenta de un detalle que…

 

-       ¿PERO CÓMO PRETENDES QUE NO ESTÉ NERVIO…

 

 

-       Pues nada, al final se jodió el invento.
¡Ah, hola! Disculpad esta interrupción tan brusca. Espero que no os moleste demasiado. Lamento tener que dejar la conversación incompleta. Sí, está muerto. En primer lugar, todos sabíamos que iba a acabar así, lo expliqué al principio. En segundo lugar, también le había avisado de que no me interrumpiera cuando hablo. Es algo que admito que llevo bastante mal y sí, reconozco que tengo un pronto muy malo. Estoy trabajando en ello, pero por ahora me han escrito así y además de tener mal genio, soy alguien de palabra.
En cualquier caso, gracias de nuevo por leer todo esto y sabed que nos hace mucha ilusión a mi escritor y a mi cuando alguien dedica su tiempo a corretear por estas líneas. Recordad también dejar un recuerdo de vuestra visita. No hace falta que analicéis este texto como si fueseis a examinaros de literatura, eso sería como si estuvierais juzgando lo que, a todas luces, es mi hogar. Nos basta con un saludo como “Hola, me llamo ___ y te leo desde ___, provincia de ___” o lo que se os ocurra. Mera curiosidad, nada más. Bueno, eso, y que su muerte no sea en vano.
Por cierto, no os preocupéis, estará bien, solo tiene que pararse un poco a leer con calma. Puede que en otra ocasión la conversación continúe… o yo haya desarrollado mejor tolerancia a que me corten.
Hasta entonces, un saludo.
Y a ti (sí, tú, no disimules)… te echan de menos.

 

 

C:\TXT\NOTDONE>cd..

C:\TXT>cd..

C:>_

C:>cls

C:>_

C:>exit