viernes, 30 de agosto de 2013

Neznalosť

No sé si alguna vez le ha pasado, a alguna de las personas que me leen, lo mismo que me pasa a mi esta noche. No sé qué escribir, no tengo ninguna idea sobre la que quiera hablar ni ganas de hablar sobre las que tenía planeado hacerlo. Solamente encuentro un extraño desasosiego de palabras, nombres, rostros, imágenes, sonidos y silencios que no me dejan en paz y me impiden conciliar el sueño. Una extraña sensación de que algo falta o no está como o donde debiera y la prueba es que estoy aquí, tecleando sin ton ni son mientras el mundo a mi alrededor duerme.
¿Busco acaso que le des sentido?
No lo sé...
No busco una respuesta porque ni siquiera sé si tengo alguna pregunta, simplemente me encuentro en un punto estático en medio de una inmensidad absurda en la que todo se mueve sin cesar y, de repente, se detiene en seco sin darme tiempo a reaccionar, por lo que me limito a contemplar, pero no veo nada. Tampoco sé qué se supone que debiera ver. Todo está demasiado oscuro o, por el contrario, demasiado iluminado, no lo sé. De hecho, creo que ésas tres palabras son las que mejor definen este extraño estado en que me encuentro: "No lo sé". No sé por qué escribo esto, no sé quién quiero que lo lea o si espero siquiera que alguien lo haga, no sé si intento inconscientemente que alguien me explique qué ocurre, no sé si busco una revelación leyendo mi propia ignorancia, no sé por qué no puedo simplemente abrazar a mi chica y quedarme dormido a su lado aun cuando es lo que más me apetece ahora mismo, no sé por qué no soy capaz de terminar esta lista de cosas que no sé... No lo sé.
Miro al rededor y veo cosas que debieran hacerme reflexionar. Veo lo fugaz y curiosa que es la vida reflejada en muebles hechos de una madera que otrora fuese un árbol vivo y que es ahora solamente un producto manufacturado. Veo cómo la importancia de una persona es relativa en las fotografías que muestran los rostros de personas que desconozco por completo y cuya presencia o ausencia es para mí tan irrelevante como decisiva, empero, para quienes decidieron colocar ahí esos retratos. Veo colecciones de libros que jamás serán leídos, cursos de idiomas que alguien compró con el buen propósito de aprender y que quedaron en eso, en un propósito. Veo ventanas por las que, al asomarme, vislumbro un pequeño trozo del mundo desde un ángulo que yo no decidí, rodeado de un paisaje que yo no escogí. Veo las caprichosas formas de las vetas en el mármol y que quizá guarden un misterioso orden dentro de su aparente aleatoriedad. Veo las gotas de lluvia resbalando por el cristal y veo que, pese a todo lo que veo, sigo sin saberlo.
Quizá deba volver a la cama e intentar dormir, puede que simplemente necesitase escribir que necesitaba decir que no lo sé. Quizá, tal vez alguien lea esto y sepa lo que quiero decir y acabe recibiendo un mensaje que me aclare esta extraña noche en la que el tiempo se ha derretido y el pasado viaja al futuro en busca de la oportunidad de mostrarse ente mi presente... O tal vez me estoy volviendo loco al pensar que tú estés leyendo esto, sabiendo lo que intento decir y que yo mismo ignoro y que, de repente, dirás mi nombre, me despertaré y me sonreirás y lo comprenderé todo. Quizá...
No lo sé.

viernes, 23 de agosto de 2013

Old times farra

Qué curiosa puede ser a veces la vida. Un día estoy escribiendo y me doy cuenta de que, para mi sorpresa, existe gente que me lee y todo. Y resulta que no son solamente los cuatro gatos que pensaba, hay pendientes de mis palabras ojos que ni sospechaba, y eso me hizo pensar. Repasando un poco algunas de mis entradas, me he percatado de que, salvo una o dos, todas son de un tono algo lúgubre, triste o simplemente empalagosas hasta decir “que alguien mate a este tío”. Lo cierto es que soy así, lúgubre, triste y empalagoso, pero también soy otras muchas cosas (podéis ahorraros los insultos que me los conozco y no me vais a sorprender) y una de esas cosas que soy, además de un gamberro es... espera, iba a decir gamberro. Ya me he pisado a mí mismo.
En definitiva, hoy quiero contar una de esas historias de mis años bárbaros, de cuando era algo más joven y vagaba por el mundo cual vaca desnortá y hacía tropelías mil con esos seres a los que a mi me gustaba llamar “colegas”. Hoy no encontraréis, lectores, declaraciones de amor a mi chica (esa la tengo guardada para otra ocasión), ni mantras cargados de ira homicida contra el universo, ni odas plañideras en honor de musas que han colgado su clámide en pos de vaya usted a saber qué, ni sutiles indirectas para personas que no existen, ni quejas médicas, ni, en definitiva, palabras que provoquen mal rollete. Y es que, lo que hoy voy a contar, es una de esas vergonzosas historias de tiempos mozos que, en el momento, hacen que quiera que la tierra me trague y que, al recordarlas siglos después, me dan la risa por muchas razones. Esta es una historia real, así que no juzguéis mucho mis actos ni los de mis, por entonces, compañeros de aventuras. Eran otros tiempos.


Todo empezó una fría mañana de invierno. Me desperté sin saber muy bien dónde estaba, algo normal en mi persona por aquél entonces. Cuando el sol entró por la ventana, me levanté con mi habitual gruñido mañanero y, desde la ventana, escuché el gruñido de mi amigo Olaf como respuesta, así como su habitual y estruendoso pedo de buenos días, capaz de anestesiar a un toro adulto y que, curiosamente, le hacía salir de su choza segundos después tosiendo como si fuese a parir un corzo por la boca. Tras el saludo habitual, que consistía en un cabezazo con intención de provocar un coágulo cerebral (pero de buen rollo, conste) emitimos una serie de gruñidos tales como:
  • Hgrnaosmng sas dadk Olaf cbiDB - Que venía a significar algo como “Hey, Olaf, buenos días so guarro”
  • Cchbvñifhbvñ jodío memo nvfspfavibkanc cabrón de Hans vbfpñivb? - algo así como “Buenos días estimado amigo Rhobert, has visto a nuestro querido Hans por aquí?”


Antes de que pudiera eructarle la respuesta, Hans apareció tambaleándose elegantemente mientras se rascaba el trasero con lo que parecía ser una costilla de caballo o el brazo de un niño, nunca se me dio muy bien la anatomía ajena y menos si el hueso estaba masticado. Tras varios puñetazos con muy mala idea pero mucho cariño, varios minutos de conversación tratando temas de suma importancia como ventosidades, cerveza y quién tenía la barba más llena de mierda, decidimos hacer algo productivo y, como era jueves, fuimos a saquear.
Si soy sincero, no recuerdo del todo cómo llegamos allí porque conducía Olaf y yo me mareo mucho en caballo de guerra, así que, cuando volví en mi, ya habíamos alcanzado nuestro destino y mis compañeros, como buenos bastardos, habían empezado sin mi. Por un lado, Hans estaba corriendo de un lado a otro medio desnudo mientras atizaba a los campesinos con una pata de algo que, supuse, había matado o desmembrado poco antes. Le encantaba atizar aldeanos con patas de animales. Por otro lado, Olaf era más sutil y entraba en las cabañas en busca de mujeres y cerveza, aunque a veces iba tan borracho que no sabía cuál era para beber y cuál para otros menesteres y no era raro verlo decapitar a una joven campesina para saciar su sed y, poco después, intentar beneficiarse a un barril. Se sabe, sin embargo, que el barril lo pasaba peor. Por mi parte, me dediqué a hacer lo que solía hacer en aquellos casos: correr de un lado a otro con una antorcha en una mano y un hacha en la otra para contemplar cómo los asustados pueblerinos sucumbían a una muerte natural, porque si a una persona estándar le clavas un hacha en la cabeza, lo natural es que muera. Supongo que podéis imaginaros el resto, una típica tarde de jueves en Escandinavia. Hay quien se va de compras, de museos... y hay quien se entretiene matando gente, quemando aldeas y ridiculizando sus creencias antes de descuartizarlos. Tan válida es una cosa como otra, total, no hacíamos daño a nadie... que pudiera contarlo.
Olaf siempre fue el que tuvo
más éxito con las mujeres... y los barriles.
Esa noche, después de unas cervezas (JAMÁS del barril que traía Olaf), estuvimos gruñendo sobre nuestras vidas, nuestro futuro y sobre cómo quitar las manchas de sangre de las pieles porque no se podían lavar en caliente y la limpieza en seco aún no se había inventado. Hans nos sorprendió a todos cuando, con su característico acento catalán de los fiordos, nos dijo que pasada la estación de los saqueos, la de las violaciones y la de rascarse la entrepierna, se marcharía al norte. Al principio nos sentimos apenados, pero luego nos dimos cuenta de que no había tierra más al norte y nos partimos el culo a su costa, cosa que le deprimió bastante. Eso nos hizo reir más. Olaf, para variar, no tenía muy claro lo que haría, pero dejó claro que no se marcharía antes del festival de “Rascatelcüloadoblemanenfest” que consistía en toda clase de actividades intelectuales como saber distinguir entre la mano derecha y la izquierda para después rascarte el culo hasta que te sangre, elaborar cerveza en tu propio intestino, derribar árboles a pellizcos, esnifar patatas y desafiar a los dioses a un duelo de punto de cruz. Sin embargo, le notamos algo menos entusiasmado de lo habitual, como si se hubiera sentado en el filo de su hacha (otra vez) y acabó por contarnos que, desde hacía unos días, no se encontraba bien por culpa de una cabra. Al parecer, no había podido desmembrarla mucho porque, tal y como nos dijo, “le puso ojitos” y empezó a soñar con esa situación y tenía la sensación de que, en nuestro próximo saqueo, no tendría tan claro lo de arrimar cebolleta al barril de turno. Yo le ayudé como pude y le dije que no se dejase seducir por ideas peregrinas porque las cabras vienen y van, pero no me hizo mucho caso y así fue como sin darse cuenta de ello (y de nada en realidad) mi colega Olaf acababa de inventar la zoofilia.
A la mañana siguiente, cuando desperté entre un montón de miembros cercenados y torsos ensangrentados, me di cuenta de que mis compañeros no estaban. Hans había dejado una nota escrita en la espalda del dueño de la posada que decía:

“Hvuafo cmncvih dco OIC CPIKKOL. Olaf y tú sois unos malnacidos vfnooa v pfh OUHV ÑOHHN vbp ADSL cdsb lij Cthulh F'tagn arriquitaun arsa ole pisha y ar caraho tó vfa il cnlid . OJETE!”

Esto para los que no saben griego antiguo, se traduce como:

“Queridos amigos, habréis notado mi ausencia. El deber me llama y parto compungido por tener que dejaros. Rhobert, cuida de Olaf y enséñale a leer, sois los dos unas bellísimas personas y os deseo lo mejor en esta vida. Sed felices y acordaos siempre de vuestro amigo en vuestros saqueos. Os quiere vuestro leal amigo Jose Arturo “Hans”. Hasta siempre.”

La traducción es algo libre.
Cuando desenterré a Olaf de entre una montaña de pieles, huesos, cadáveres y queso, le conté lo que había pasado con Hans. Su respuesta no se hizo esperar y tuvo a bien expresar sus sentimientos con un sonoro pedo que ni el eco de las montañas tuvo valor de reproducir. Cuando recuperamos el (poco) conocimiento, Olaf decidió emprender una misión espiritual y recorrer el Camino de Santiago arrastrando la punta de su pene descompensadamente grande desde su tierra natal hasta la susodicha catedral. Intenté disuadirle pero fue en vano puesto que me amenazó con su desproporcionado miembro. Si hubiese sido un hacha o una pata mutilada de algún animal de granja, no habría tenido reparo en replicarle, pero con eso... no, yo ya había visto suficientes veces cómo amanecían los barriles que enganchaba por las noches. En un último intento, le recordé que tenía pendiente el reto de punto de cruz, que le llamarían cobarde si no participaba, pero, muy elocuente él, me dijo que, si algún dios tenía (cito textualmente) “los huevos lo bastante gordos” para llamarle cobarde, él le haría callar a mandurriazos. Ante tamaño “argumento”, silencio y respeto. Y así partió también Olaf.
Debería recordar esto con dolor pero me parto el ojal al pensar que se fue a peregrinar a una catedral que aún no habían construído mientras mi otro amigo, por listo, se caía por el borde del mundo.

Por mi parte, acabé estudiando filología... creo que fui el más perjudicado, pero al menos no estoy (demasiado) loco.

miércoles, 21 de agosto de 2013

Lemonade kill

El vaso se hizo añicos nada mas tocar el suelo, mis manos no eran capaces de sujetarlo y la gravedad lo reclamó para sí. Lentamente, el escaso contenido que aún quedaba se iba extendiendo por el suelo. Caí de rodillas sobre los cristales, pero no noté ningún dolor y, mientras la sangre se derramaba mezclándose con el licor, comprendí que el veneno empezaba a actuar. Miré atónito su rostro inexpresivo mientras cogía la llave y el cuaderno de notas. Todavía podía oler su perfume pero mi cuerpo ya no respondía, no podía moverme ni sentía ya nada. Ella debió darme por muerto antes de tiempo y por eso me dio aquel último beso en la frente. Sin embargo, aun me quedaba un suspiro y quiso el destino que en el último instante de mi vida ella me infligiese el mayor dolor que jamás había sentido cuando, antes de marcharse, dijo "Te quiero". Así morí, sintiendo el corazón romperse y un dolor que solamente su veneno pudo hacerme padecer... su veneno, y el que vertió en aquel vaso roto en mil pedazos.

lunes, 19 de agosto de 2013

giọng nói

For I speak no name that might come from a long time gone moment, I shall not say I do have some thoughts that become, sooner or later, a fairly important ingredient of the restless dreams that haunt me every single night.
Thou shall call them nightmares if thou please, but I myself am not so sure for I listen to a voice I can no longer understand. Worst yet is my luck, for it won't allow me to allocate the very source of that voice and I have no soul around me capable of telling me where that song comes from. Thou may wonder why said I the word song, and no mystery beneath the term, for it serves a prupose no other than to make thou, oh reader, aware of how sweet that voice is, how soft its touch turned to be the last time I was gifted with itsdelicate silk-like melody. Music is, indeed, the most similar word I can find to describe the obsession that is about to cause me to fall into a deep well of pure madness as I try and try and will always try, untill I find out or die or turn insane, to know where it comes from, who it comes from... so please, if THOU are reading these desperate words of mine, I beg you to speak thy name. I thou, reader, are not the one who owns that voice but know who I mean, please, tell me where to find her for I much desire to speak with her.

viernes, 16 de agosto de 2013

време (vreme)

Hay momentos en los que almas lloran, en los que vidas completamente se redecoran. Momentos, en definitiva, que tienen la capacidad de poner patas arriba cuanto ha existido, existe y existirá. Son fragmentos de un tiempo que transcurre sin cesar, que no se para ante nada y que nunca se detendrá.
El tiempo no es bueno, no es malo, simplemente es, y lo que con él viene y va es solamente pasajero aunque sucede algunas veces que un instante fugaz dura por siempre en nuestras mentes. Un segundo se hace eterno y ese beso es ya inmortal, porque pasa a formar parte de un recuerdo que jamás perecerá, alcanza una existencia que al propio tiempo con desdén superará pues existe ahora en un plano que jamás se alterará. Es tan sólo un instante y brilla por la eternidad.
Tengo suerte pues conservo aun momentos que por siempre luz darán a una vida que ahora empiezo a vivir sin ya dañar a quienes me acompañan y que siempre me verán como un alma que aunque no comprenderán, será fiel a sí misma y en mi confiar podrán. Guardo en mi pecho el orgullo de haber hecho algo bueno de un deshecho y puedo al fin mirarme al espejo y saberme un hombre nuevo y a pesar de tener aun el corazón de un cuervo, he aprendido a caminar por este parque sin dejar que mi dolor una inocente flor arranque.
El silencio que me envuelve, el sonido de una noche que como siempre vuelve y cuyas luces tras nubes se esconden me recuerdan que mi voz debo guardar y mi demonio apaciguar, que jamás ante nadie mi mano he de levantar ni mi rabia he de volcar en quien camina a mi lado y me quiere ayudar. En ausencia de algún ruido al final he comprendido que la mano me han tendido y me doy por aludido cuando alguien me mira y habla y me dice “amigo mío”.
Del pasado ahora quedan voces tenues y sus ecos, que vagan por de mi alma los huecos y recuerdanme los juegos que otrora fueron luengos ratos en mi soledad. De los días que antaño fueron mi presente queda sólo el recuerdo de palabras de otras gentes que quisiéronme y odiáronme, si mi memoria no miente. Han borrádose los rostros y los gestos de aquéllos y de éstos, pero no hay en mi tez mirada triste por el daño que hice, por el daño que me hicisteis.
Del presente nada sé, pues se torna en pasado antes de que pueda ver, mas me hace comprender que el tiempo viene y va y jamás se detendrá, pues el tiempo es fugaz y mi anhelo es que este instante quede preso en este texto así como lo están vuestras voces en mi seso.
Gracias a quienes no me hayan de olvidar pues vuestra memoria me hace inmortal.

Gracias por darme un motivo por el que yo os quiera recordar.

miércoles, 14 de agosto de 2013

Did not give up

No, mundo, no tienes la suerte que creías. He aquí que de nuevo escribo y eso implica que sigo vivo. Muchos cambios ha habido en mi existencia desde mis últimas palabras, tantos, que sobra relatarlos pues quien quisiera saber de ellos ya habría preguntado. Es por ello que no pretendo aquí contar qué ha pasado, mi gente está al tanto y quien deseare saber de mi vida debiere, por ende, formar parte de ella. Soy consciente, empero, de que la vida es un proceso sujeto de forma inherente a una entropía que implica un cambio constante y que indefectiblemente se avecinan, si cabe, más cambios de los que ya han pasado. De cuántos soy consciente es, curiosamente, un número irrisoriamente pequeño y eso hace que apenas pueda percibir un esbozo algo borroso de lo que hubiere de ser llamado “mi futuro”.
Cuanto resta por llegar me es ignoto y admito que no pocas veces desconcertante a la par que aterrador, pero es en muchas más ocasiones desafiante y seductor, un desafío que me infunde a la vez respeto y temor, pasión y rechazo, ansia y curiosidad. Tal vez sea esto último, la curiosidad, lo que me impulsa a afrontar el advenimiento de una etapa de mi vida que solo puedo describir como la que posiblemente decida mi dirección definitiva y, por tanto, el modo en que todo acabe. Y no puedo más que preguntarme si debo escuchar esta curiosidad pues es precisamente la causante de muchos momentos de mi vida que me han marcado para siempre.
Desde que tengo memoria (unos 26 años aproximadamente) siempre he querido saber y comprender cuanto sucedía a mi alrededor, desde cómo funcionaba un aparato que emitía música como por arte de magia al colocarle una especie de galleta gigante negra (lo que más tarde descubriría que se llamaba “tocadiscos”) hasta curiosidades actuales como el concepto de la dualidad espacio-tiempo como un único tejido que pudiera ser manipulado, doblado e incluso rasgado para cruzarlo y hallar al otro lado algo de lo que no podemos siquiera teorizar sin caer en elucubraciones y quimeras. Es esta misma curiosidad la que, unida a una peculiar y absurda perspectiva carente de empatía me ha llevado por derroteros que han causado grandes daños ya no solamente en mi persona si no también en otras que, por motivos diversos, se hallaban cerca de mi durante lo que no puedo clasificar más que como experimentos abocados al fracaso desde su misma concepción y que eran, sin embargo, evidentes para todos excepto para mi. Como se suele decir, no hay más ciego que el que no quiere ver, y durante más tiempo del que hubiese querido, yo no quise ver más allá de mis narices.
No escribo tampoco un lamento de un pasado que no puedo cambiar. Mis aciertos y mis errores (por los cuales he pagado con creces) me han llevado al punto en que me encuentro en el momento de escribir estas líneas. No hay forma de saber si, por fin, voy por el buen camino, si todavía no lo he encontrado o si lo encontré tiempo ha y en algún momento habré de volver sobre mis pasos y retomarlo en alguna bifurcación donde tomé la senda errónea. Sé, no obstante, lo que no quiero de mi pasado en mi futuro, los errores que jamás me permitiré volver a cometer y las personas a las cuales jamás volveré a tender una mano como ingenuamente hiciese otrora con consecuencias tan nefastas. Sé de qué color son los ojos que anhelo ver cada mañana al despertar.
En adelante portaré conmigo y para siempre una marca imborrable sobre mi piel que habrá de recordarme que la vida es cambio, fragilidad y riesgo pero, sobre todo, es luchar por lo que uno quiere, por los sueños y tal es mi objetivo y siempre ha sido el mismo... pero ahora veo un poco más allá y sé que debo ser fiel a mi mismo, a quien siempre he sido y recordar que no debo bajar la guardia pues cuando di ciertas cosas por sentadas, perdí mucho, me perdí a mi mismo y me convertí en quien nunca quise ser.
Hoy escribo porque vuelvo a ser quien jamás debí dejar de ser.
Hoy soy, definitivamente, yo, y solamente podrá comprobar que digo la verdad quien, como escribí al principio, forme parte de mi vida. Quien quiera saber y no tenga valor de abrir esa puerta, seguirá tristemente temiendo a un monstruo.

Es decisión de cada cual. Temedme o conocedme.