Hoy estoy compungido, alicaído, pusilánime incluso. En pocas palabras, de bajón.
El motivo no es otro que la visita que realicé ayer al basurípido “Salón del Manga” de Cartagena. Partiendo de la base de que llegué con poco tiempo, apenas una hora de visita antes del cierre, lo que vi allí fue más que suficiente, demasiado diría incluso, para que esa hora contribuyese a formarme la opinión que me dispongo a exponer y que ojalá sirva para que
esta mierda deje de serlo el
staff del evento y/o sus participantes se esmeren un poco más.
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Representación del evento: una aterciopelada mierda para todos. |
Lo primero que quiero señalar es que me molestó soberanamente (y sé que a muchos más como yo) lo lamentable que fue la organización de algo que, en principio, se iba a celebrar durante la primera quincena de Abril y que, el mismo día que se suponía que comenzaba, se aplazó hasta este fin de semana de Mayo. Desde ese momento ya empezó a olerme mal el asunto, leyendo numerosos comentarios de entusiastas que, contando con esa primera fecha, habían organizado viajes, tanto particulares como de grupos numerosos llegando a alquilar autobuses para desplazarse hasta la ciudad portuaria. Sobra decir que la crispación de esos grupos fue inimaginable y que el gasto que realizaron cayó en saco roto. Lo peor es que ni siquiera se les ofreció una solución, una explicación, ni siquiera un sencillo sacrificio de vírgenes, como mandan las buenas costumbres.
En segundo lugar, tuve conocimiento de que se celebraba el evento a través de un buen amigo que acudió a comprar su entrada anticipada un par de días antes. El precio de la misma, 4,5€ me resultó cuanto menos elevado para un evento de estas características. Me explico: la primera vez que fui a un “Salón del Manga”, fue en Jerez (Cádiz) y la entrada era gratuita. Lo que vi allí me dejó boquiabierto y ya no solamente por la cantidad de puestos con todo tipo de merchandising y demás, si no porque el lugar era enorme y al margen de las compras compulsivas típicas del fanatismo que este mundillo ejerce entre sus seguidores (entre los que me incluyo), se podía disfrutar de proyecciones, talleres bien organizados, degustaciones gratuitas de auténticas delicias del país del sol naciente, charlas e incluso conferencias de autores de renombre y firmas de ejemplares. Sin ir más lejos, me llevé dos ilustraciones firmadas por Luis Royo, que estaba en su stand charlando con los que se animaban a acercarse. Al año siguiente volví y el precio de la entrada era simbólico de un Euro y la calidad, lejos de decaer en pos de un intento de sacar el máximo beneficio con el mínimo esfuerzo e inversión posibles, no sólo se mantuvo si no que aumentó considerablemente. Unos años después, visité el que se celebró en Murcia (el primero que se celebraba) y de nuevo, un Euro simbólico para la entrada y una experiencia sumamente satisfactoria, tanto por el propio evento como por el ambiente que ayudaban a crear participantes y staff a partes iguales.
Con todo esto en mente, el pasado año visité el “Primer Salón Manga de Cartagena” y, sinceramente, salí desencantado. Escasa organización, el lugar elegido era, cuanto menos, angosto para un evento como este, los talleres comenzaban tarde (o, directamente, no comenzaban) y preguntarle a algún miembro de la organización equivalía a:
una mirada por encima del hombro + contestación de mala gana + resoplidos de resignación + contemplar cómo se pasaban la bola de unos a otros para no tener que desplazarse + desinterés total y absoluto. Ni rastro de la ilusión que se presupone para la primera edición de un evento como este. Lo que sí había, en abundancia además, eran puestos con ingentes cantidades de todo tipo de artículos relacionados con este hobby. Es más, parecía ser lo único que había ya que las zonas de talleres y demás estaban prácticamente vacías mientras la gente se amontonaba en los diferentes
stands con esa mezcla de expectación y avaricia que caracteriza (y de nuevo me incluyo aquí) a la juventud deseosa de encontrar algo, una pieza para su colección otaku de su serie favorita, el juego del momento o incluso descubrir algo nuevo. Asaz complicada tarea, si se me permite el comentario, en gran medida debido a unos precios que distan mucho de ser razonables si tenemos en cuenta la edad media de los participantes y más aún si los contrastamos con el artículo en sí mismo. Muchas veces se paga por el nombre que llevan, no por la calidad y/o fidelidad del producto respecto a lo que representan (o pretenden representar).
Tras esta experiencia, mi sensación era de inquietante confusión, pues la idea era buena a priori mas la ejecución dejó en mi retina bastantes cabos sueltos.
Ahora viene la
GRAN mierda de ayer siguiente parte.
Ayer, día 10 de de Mayo de 2014, sin tenerlo previsto, visité el “Segundo Salón Manga de Cartagena”. Iba ya un poco intranquilo debido a que un conocido lo visitó por la mañana y en apenas 2 horas había ido y vuelto desde Murcia, trayendo consigo una opinión agridulce.
Primera señal.
Nada más llegar, quedaba apenas una hora y media para el cierre. No era un factor determinante puesto que, desafortunadamente para mi, los talleres que me interesaban ya se habían realizado (o incluso aplazado/cancelado según me contaron) con lo que disponía de 90 minutos para visitar los puestos, empaparme del ambiente y quizá llevarme algún recuerdo. Pasamos por taquilla y la vendedora se nos quedó mirando extrañados a mi chica y a mi. No dijo nada, pero en su cara se veía que, para el poco tiempo que quedaba, pagar una entrada completa era poco menos que absurdo (y yo opino igual) pero aun así no tuvo ningún reparo en cobrarme los diez Euros (mi entrada y la de mi chica).
Segunda señal.
No habíamos terminado de pagar cuando un buen amigo mío (con un curradísimo
cosplay de
Trafalgar Law que le quedaba como un guante) se cruzó con nosotros en la entrada y nos dijo lo que la vendedora no tuvo la honradez de decirnos, que pagar la entrada para tan poco tiempo no merecía la pena.
Tercera señal.
Una vez pagada la entrada, comenzó el despropósito. Lo primero que me sorprendió fue el desinterés de la organización cuando, nada más sellar las entradas, un chico con la camiseta del
staff nos pidió amablemente que esperásemos un momento. Llamó a una compañera suya y le pidió que nos guiase. La chica nos miró y comenzó a caminar mientras el chico, con una sonrisa, nos indició que la siguiéramos. Nos cruzamos con un grupo de 4 o 5 personas y la chica desapareció para siempre entre las profundidades del abismo, engullida por una efímera pero trágica anomalía espacio-temporal, devorada por Pitufos invisibles o asesinada por un Furby ninja, porque no encuentro otra explicación a la forma en que desapareció. Abandonados a nuestra poca y mala suerte, mi chica y yo nos adentramos a la zona de puestos que, pese a ser al aire libre, desprendía el característico
olor a chotuno aroma de las concentraciones humanas en lugares pequeños. Inexplicable, pero oye, ahí estaba, como muchas otras cosas
vergonzosas igualmente inexplicables, a saber:
- ausencia total del 90% de lo que se anunciaba en el folleto (numerosos comentarios de asistentes acerca de actividades canceladas o que nada tenían que ver con lo que se anunciaba).
-
merchandising absurdamente caro y con ingentes cantidades de material defectuoso, de imitación y/o de escasa y dudosísima calidad.
- zona de comidas con precios abusivos, capaces de cobrar dos Euros por un supuesto plato de
ramen y que resultaba ser un simple paquete de fideos que se puede encontrar a escasos 60 céntimos en cualquier supermercado.
Al margen de estos detalles, (ir)responsabilidad de una (des)organización que no parecía tener reparo en dejar patente que su meta era embolsarse cuanto más mejor, hubo también algunos detalles que, francamente, no me podía esperar encontrar y que venían de los propios asistentes. Por un lado, el ambiente, cargado ya no solamente por el perfume
Eau de Sobac que flotaba en el aire, si no por las miradas por encima del hombro que lanzaban quienes iban caracterizados a quienes íbamos “de calle” y que no fue solamente una sensación mía ya que vi a muchas personas siendo objeto de miradas y risitas maliciosas, cortesía de quienes lucían un
cosplay u otro y aunque no se pueda aplicar a todos, sí comprobé que era una tónica dominante. Me molestó (y confieso que dolió) ya que parecía que el evento se estaba sesgando en dos “clases”, como si los que iban disfrazados tuviesen un “
status social” más elevado que quienes no podían o querían ir caracterizados, sobre todo porque, como
otaku, sé lo que es que la “gente normal” discrimine a quienes tenemos unos gustos distintos y comprobar que dentro de este mundillo parece haber estamentos sociales como los que tanto nos desagradan y de los que muchas veces se nos excluye, no es plato del agrado de nadie. Creo.
Por otra parte, el consumismo del que se hizo gala me decepcionó sobremanera. Compras, compras y más compras. Pero, ¿qué hay de la esencia del evento? En ningún sitio encontré grupos de gente charlando sobre manga o anime y, los pocos grupos que veía, eran pequeños ecosistemas cerrados de antemano (
premades, que se les llamaría) cuyos integrantes y sus opiniones se conocían de sobra, cerrando toda posibilidad de debate interno y mucho menos externo, y es que si las miradas matasen, habría que llevar un chaleco antibalas porque estos grupos de personas que tanto rechazo han sufrido en su vida por sus gustos, rechazaban a los “extraños” que pudieran querer (si es que alguien quisiera) acercarse. Por si fuera poco, favoritismos a la hora de disfrutar de diversas actividades (creo que aún hay cola para las partidas de ayer en la zona de consolas) numerosas irregularidades que, al parecer, sucedieron en algunos torneos con resultados más sospechosos que una choni leyendo un libro de física cuántica...
Pero, por encima de todo, un detalle del que nadie habló y que me caló muy hondo. Muchas sonrisas y diversión durante el evento, el recinto era un hervidero de alegría aparente que, sin embargo, se convertía en otra cosa al salir. Y es que era demasiado poco sutil ver cómo las mismas personas que unos metros atrás estaban divirtiéndose, al salir del recinto, ponían a parir (y esto no lo tacho) la organización deficiente, el incómodo recinto, el desdén del
staff,los precios abusivos de las baratas imitaciones que se vendían como si fuesen de oro y, en definitiva, el evento en sí mismo. Quizá un alarde de hipocresía o un prudente silencio por vergüenza ajena, como la que no tuvieron a la hora de montar este puesto de mercadillo con precio de entrada, pero la cuestión es que las aparentes buenas vibraciones se destapaban como un descontento general de los participantes que abandonaban el recinto con más comentarios negativos que positivos. Muchos pensarán que soy
genial, borde, un tío guay y que estoy más bueno que un bocadillo de jamón serrano un tanto exigente, que es el segundo año que se celebra y la inexperiencia y
demás gilipolleces la falta de medios pueden justificar
este timo esto o aquello, pero me remito a lo que antes mencioné sobre la primera edición del evento en Murcia, que estuvo a la altura y que demuestra cuándo hay ganas de hacer algo bien y cuándo sencillamente se intenta sacar tajada.
No todo fue malo,
por mucho que parezca (y que conste que no es sólo que lo parezca) que acabé hasta los huevos de esta puta mierda cutre y absurda, porque al menos pude ver un par de cosas que me sacaron una sonrisa, como comprobar que el manga es un hobby que no entiende de edades, detalle del que me percaté al contemplar un muy trabajado
cosplay de
Monkey D. Luffy que lucía un señor que seguramente dejó atrás los 40 hace varios años y, por otra parte una costumbre que parece ya endémica de estos eventos, el ver vestidos preciosos y disfraces de personajes femeninos impresionantes... siendo exhibidos por las chicas a las que menos lucen dichos atuendos.
Sin ánimo de ofender (más) dejo mi opinión sin dejarme llevar por lo personal (venga, ya os podéis reír de eso) y, si alguien quiere preguntar y/o comentar su experiencia particular en
esta basura sacacuartos este evento, podéis escribir libremente
que ya me encargaré yo de mandaros a la mierda si no estáis de acuerdo conmigo, que para eso estamos en una democracia
y se hace lo que yo diga.
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Al próximo va a ir tu puta madre menos gente. |