Ese puto movimiento
cíclico y
repetitivo
de ahora un “tic”,
después un “tac”
menos carisma imposible,
amigo mío,
y mi enemigo.
Dichoso tiempo.
Que ahora sobra
y ahora falta
y que nunca, aunque digan,
corre igual.
Que te me escapas si te aprecio
y te paras si te aborrezco
y siempre,
siempre, maldita sea,
desapareces si te comparto.
Porque sí, te quiero mío
y sí, yo te detesto
pero, ¡ay, gran cabronazo!,
eres todo lo que tengo y te me escapas
en un suspiro
cuando de ti doy un pedazo
y mientras muero, cruel bastardo,
no te mueves y me observas,
clavas cada instante en mi garganta
y me asfixias eternamente y me recuerdas
y me reprochas
y me culpas
porque no te pertenezco
pues de tu ser yo vivo al margen
y a tu paso me hice inmune,
tanto ha que ni recuerdo,
dónde empieza
o cuándo acaba
ni el primer “tic” que en su día oyera
ni el “tac” final que todo acabe.
He olvidado
por completo el futuro
y aún aguardo el pasado
y de ti, jodido tiempo,
de ti me acuerdo pues te tengo
dolorosamente presente.