Otra vez danzan en esta ciudad de luces sin nombre las vidas ajenas de las sombras que por sus calles deambulan. Rostros ajenos que forman un mar de ojos que no ven más allá del lugar al que buscan llegar. Algunos, al alcanzar sus destinos, se sentirán vacíos y se preguntarán si mereció la pena el camino. Otros nunca llegarán.
Entre este oleaje humano me pierdo por callejuelas tan estrechas que, de cruzarlas contigo, deberíamos ir abrazados. Encuentro rincones donde uno sueña con los poetas que antaño poblaron estos lares, reunidos en torno a una mesa quizá con una botella de hada verde para componer versos que, cuerdos, jamás podrían haber logrado. Vislumbro fugazmente callejones oscuros que desaparecen tras un segundo de existir y en los cuales me adentraría para robarte un beso que supiera a sorpresa y a cielo, como saben tus labios desde el primer día. A lo lejos, como un faro, la torre arroja luz y sombra sobre toda la ciudad. A sus pies se encoje mi alma ante la imagen de un monstruo de metal que se alza hasta clavar su aguijón en el cielo gris. Dicen que, al subir, se puede ver más allá del mundo y sondear el infinito, que en los días de niebla la ciudad se oculta bajo un mar blanquecino y se tiene la sensación de que el mundo ha sido borrado y quienes lo contemplan son los supervivientes de un Armagedón silencioso que no se sabe cuándo ha ocurrido. Eso dicen, no lo sé, aun no es hora de subir, no sin ti, no si no he de poder poner el mundo a tus pies desde esta ciclópea atalaya te hierro y luz. No, princesa, no sin ti.
Me alejo de la mirada inquisidora de esa columna que une el cielo y la tierra y me pierdo de nuevo por calles que deben su nombre a hombres y mujeres que ya nadie recuerda, cruzo plazas con jardines, otras con árboles, otras de fría piedra mientras contemplo edificios oscurecidos por el aire otrora límpido que ahora el ser humano ha tornado en invisibles humaredas que con los siglos pintan de gris los huecos de fachadas que antaño fuesen blancas. Dos águilas de piedra vigilan la entrada de un edificio cualquiera, dos llamas coronan sendas columnas de una oficina a pocos metros, arcos diversos se mezclan rodeando ventanas tras las que millones de seres anónimos ocupan sus vidas tan solamente en vivir un día más. El rumor de un río parece sonar y sin dudarlo, acudo. Encuentro por el camino librerías que te regalaría tan sólo por saber que, si no entendieses este idioma, encantado me sentaría a leer para ti cada palabra, cada página de cada libro que llenase las estanterías aunque para ello me faltase tiempo en esta vida. Cruzo frente a un palacio donde se dan cita famosísimos desconocidos de un mundo tan vacío como vacíos están de vida esos jardines que no crecen, se compran. Imagino cuán distinto sería, empero, si ese jardín te fuese entregado, si ese palacio fuese para ti mi regalo, si junto a esa fuente preparásemos una merienda mientras una niña y una gata corren, juegan, ríen.
Al fin, encuentro el río. Emociona y entristece a la vez, tan poderosa criatura y tan tristemente teñida de un color de enfermizo marrón grisáceo. Mi querido Sena, cuánto dolor veo en tus aguas y aun así, cuánta belleza te queda cuando de noche brillas de ese modo. Cruzo un puente, el puente que buscaba, uno entre muchos, no es igual a otros. Brilla de un tono dorado noche y día. En él, incontables almas han dejado una muesca, una señal que les recuerde que en algún momento amaron a alguien y quisieron dejar constancia al mundo adornando el puente con un candado en el que inscribieron sus nombres. Miles de candados y el doble de nombres, símbolos abstractos de algo tan concreto como el aquí y el ahora, como el decirte que no dejo de pensar en ti y que ahora un candado más adorna el puente y se une al brillo dorado que refulge y grita al mundo que te amo más que a nada. Tal vez no conozcamos el mundo, pero ahora, el mundo entero nos conoce y sabe que al igual que en este humilde candado, en mi corazón tú tienes la llave.
Unos pasos más allá otro monstruo me aguarda. La catedral. Jamás soñé con tal coloso de piedra y cristal, jamás creí que me estremecería de tal modo al contemplar sus gárgolas velándola como perros guardianes protegiendo a su ama. A su dama, Nôtre Dame. Cuentan mil historias de magia y romance, tan increíbles y fantásticas que enseguida tachamos de cuentos, fábulas, fantasía… pero al contemplar este pétreo titán, vuela la imaginación y, por un momento se difumina la frontera entre realidad y ficción al punto que juraría haber visto a una gárgola sonreírme al no saber si realmente la sombra que corría por lo el tejado y los campanarios estaba allí o no.
Es ya hora de regresar y descansar por hoy. Cruzo calles bulliciosas, otras solitarias pero todas impregnadas de una música que nunca se oye con claridad pero que siempre está ahí. Las fuentes brillan con reflejos y colores, el último café de la tarde empapa el aire y, por un momento, la cálida sensación de que me coges la mano y caminas a mi lado. Y yo sonrío. Sonrío a una ciudad que es un mundo aparte porque, incluso en otro mundo, pienso en ti, te siento cerca y te llevaría al cielo en brazos por verte sonreír.
Incluso en otro mundo, princesa, mi mundo eres tú.
Je t'aimerai toujours.
Idas y venidas de una mente aburrida que, en su afán de algo profundo, con palabras jode al mundo.
sábado, 30 de marzo de 2013
jueves, 28 de marzo de 2013
Danse parisiènne vol.2: Warme Schnee, kaltes Blut
![]() |
| ...der Frühling blutet in Paris |
vi nevar por última vez.
Era pequeño,
el mundo era enorme.
Tenía frío,
hoy el frío era una ausencia.
Apenas unos copos han bastado
de este cielo grisáceo
que nunca se hace azul
como cuando las nubes se apartan
para que el sol te bañe.
Apenas unos copos
y he soñado.
La primavera es curiosa aquí,
donde la nieve al derretirse
caldea el ambiente
y la sangre se hiela durante
un instante.
Entonces todo se detiene
mi corazón no late.
Durante un fugaz y eterno
instante
se salta un latido y lo escribe
en la memoria eterna de la piedra
cuyo sonido arranca el viento
y lo lleva hacia ti para mecerte
suavemente y acariciar por
un instante
tu piel mientras susurro,
desde un París nevado,
Je t'aime.
Danse parisiènne vol.1
Una noche másdesde hace unos días
miro por la ventana y veo
luces desconocidas
que preguntan
si tú, al verlas, sonreirías.
Esta enorme cuidad me envuelve
con un manto de frío sólido
que a tu lado, empero, se derretiría.
La Torre te busca con su foco
los árboles no florecen en tu ausencia
París no brillará hasta que llegues.
Recorro estas calles
ora solo, ora acompañado
pero siempre pensando en ti
en cuánto desearía tenerte aquí
detenerte y robarte un beso
compensártelo comprando un clavel
dos, ¡mil!
Anoche soñé contigo
y hoy espero repetir
quizá mañana hablemos
y pueda, de nuevo,
hacerte sonreír.
Tanz, meine liebe, tanz...
Tanz in mein Traum
Aber tanz
Mit mir.
lunes, 25 de marzo de 2013
Schmetterling (Nota del autor)
Esta entrada está siendo reescrita. Tras conversar con una persona de capital relevancia para mi, he decidido que esta historia, aun siendo fantasía, debía ajustarse más fielmente a los hechos en los que se basa así como a las vivencias de los personajes que en ella se describen.
Publicar o no el resultado será una decisión que tomaré después.
Publicar o no el resultado será una decisión que tomaré después.
domingo, 24 de marzo de 2013
Heartbeat Crusade
En un silencio estridente, me hallo envuelto por una
oscuridad cálida y serena en la que puedo ver cualquier cosa con tan sólo
cerrar los ojos. Al abrirlos, veo lo mismo. Estás lejos y a la vez te siento
cerca y mi respiración se acompasa a la tuya. Respiro tu vida y por mis venas
corre la sangre al ritmo que me marcas, aún durmiente. No sé cómo lo haces. No
es la primera vez que siento algo así, pero contigo todo parece nuevo, como
aquel beso. A día de hoy soy incapaz de recordar ninguno anterior a aquel ni sé
cuánto podré vivir sin otro.
Diste a mi vida un giro inexplicable y el silencio que
otrora me enloquecía se volvió una alegre melodía con tu sonrisa como tonada
que alegraba mi alma. Podría quedarme mirándote la vida entera y no sentiría
que pierdo ni un instante.
A veces suena aun en mis oídos tu voz de miel y recuerdo las
caricias de muchas noches en las que fingía dormir para tenerte cerca y sentir
tu calidez. Al pensarlo un escalofrío me recorre el alma y me pregunto, mi
princesa, cómo tus pequeñas manos podían hacer que me sintiera tan envuelto,
tan protegido y tan sumamente afortunado. Tejías en mi piel bordados con las
yemas de tus dedos y aun hoy recuerdo los senderos que trazabas en mi cuello,
en mi espalda, en mi pecho y en mis manos. Todavía puedo ver la marca de tus
labios como una tenue cicatriz y recuerdo cómo, con cada uno, te colabas más y
más bajo mi piel. Hasta que llegaste con tus labios a mi corazón. Fue tal la
sorpresa al descubrir que aún quedaba un trozo que aun hoy recuerdo aquél
latido que convulsionó mi pecho y sacudió mi vida. Fue tal, mi niña, la alegría
de poder amar de nuevo, que desde aquél instante late tres veces un corazón que
se dio a ti voluntarioso y decidido.
Late una vez por tu nombre.
Late dos veces declarándose.
Late tres veces abrazándote.
Tal vez no lo oyes pero sé que nunca callará.
Porque te quise, te quiero y te querré.
Cherry kiss
Turn the
knife
Stab my
eyes
Show your
smile
Before I
die.
Tell me now,
We both
know
Show me how
Don’t say
no.
Let me feel
Your skin
again
Shall I kneel
Release my
pain.
Hear these
words
For they’re
true
You’re my
world
I cherish
you.
Unausgefüllt Brust
Anoche volví a soñar contigo. Estabas preciosa y hasta sonreías
y yo, supongo que también. Caminábamos y después de pasear junto a unos
rosales, unas manos te cogieron y comenzaron a tirar de ti hacia abajo, hacia
un agujero que se abría bajo tus pies y amenazaba con engullirte. No podía
permitirlo y corrí a por ti. Aquellas manos tiraban de ti y yo solamente podía
hacer una cosa. Me lancé hacia ellas y te cogí por la cintura con todas mis
fuerzas para sacarte de allí. Tú gritabas asustada y me pedías que te soltase,
pero no podía hacerlo. No lo hice y aquellas manos comenzaron a atacarme, a
rajar mi piel y a golpearme con violencia sin dejar de tirar de ti ni por un
momento. Conseguí rodearte en un abrazo y el dolor lacerante de mil latigazos
recorría mi espalda en un sin fin de uñas afiladas que me desgarraban
intentando atravesarme para alcanzarte de nuevo.
Entonces, entre el estruendo, se alzó una voz que te llamaba
y me exigía que te soltase, que cejase en mi empeño porque tu lugar era el
fondo de aquél pozo oscuro. No pensé ni por un momento en hacerle caso. Me
mirabas llorando y de mis ojos caían lágrimas de sangre, pero sonreí para ti. Nunca
te dejaría sola, nunca te dejaría caer en aquella oscuridad. Entonces sentí una
punzada de dolor atravesándome desde la espalda y por mi pecho emergió una mano
cubierta con mi sangre. La mano estaba vacía. Abriste tus preciosos ojos como
para preguntarme a qué se debía y sin palabras te conté que no pudo arrancarme
el corazón porque lo tienes tú.
Sé que dijiste algo más, pero no pude oirlo. El agujero se estaba
cerrando, pero el de mi pecho no. Lo último que recuerdo fue cómo colocaste mi
cabeza en tu regazo y me miraste. Cerré los ojos.
Hoy, al despertar, grité tu nombre.
Aún me duele el hueco donde tenía el corazón.
martes, 19 de marzo de 2013
Liegen Sigma
Hay días en los que todo parece agolparse en la vida y no da tiempo a reaccionar o siquiera a ordenar los pensamientos y las sensaciones. En uno de esos días, veo dos posibilidades: soltarlo todo o, más difícil, guardarlo.
Para lo primero, nada más sencillo que abrir la boca y dejar que las palabras escapen como les venga en gana, dejar libres las manos sobre un teclado y que formen las líneas como ellas mismas quieran, sacar a pasear al bolígrafo y que corra a su aire por el papel.
Para guardarlo todo, hay que estar dispuesto a soportar ese nudo en la garganta y correr el riesgo de que cada palabra se nos atragante y nos acabe asfixiando. Apretar los puños, cerrar los ojos con fuerza hasta ver ese arco iris tan extraño que se forma en las retinas, aguantar la respiración y tragar saliva intentando que ese nudo baje. Pero nunca baja del todo.
Es por eso que busco un minuto de calma a altas horas de la noche y me rodeo de cuanto silencio puedo para, entonces, volver a escuchar esa voz que me sosiega. Me pregunto cuánto queda de esa voz, tu voz, tal y como la recuerdo. Hace mucho que no cantas para mí pero no olvido aquella deliciosa sensación de sinestesia en la que pude escuchar un sabor. Y era dulce. La paz que me regala escucharte, aunque sea en mis recuerdos, no tiene explicación ni mucho menos comparación. A veces me sorprendo pensando que, si te tuviera aquí, intentaría cantar para ti. Es entonces cuando se agolpan de nuevo mis pensamientos y controlar ciertas ideas se me torna más difícil, como ahora.
Cuando leas esto, verás el resultado de no pocas correcciones y de muchas cosas que he tenido que cambiar o eliminar por respeto y precaución. Cosas que, si bien no son negativas “per se”, serían tal vez de mala educación. Decir siquiera tu nombre podría ser una metedura de pata que me llevase a cometer un párrafo tras otro y acabar amonestándote injustamente con una perorata escrita que no llevaría a ningún sitio. No diría nada nuevo. Es en esos momentos cuando, para contener ese irrefrenable impulso, recurro a contemplar la sigma tumbada que adorna mi pecho y que me recuerda que debo ser prudente, que debo respetar mis principios. Me recuerda que, ante la incertidumbre, he de hacer siempre lo correcto y lo correcto es cualquier cosa que evite hacerte daño una vez más.
Así que heme aquí, mi querida sigma tumbada, tal vez errando de nuevo por querer tan sólo decirte que si escuchas un tercer latido, no te asustes. Solamente estoy un poco nervioso por la idea de que se me escape decir cuánto te añoro…
Para lo primero, nada más sencillo que abrir la boca y dejar que las palabras escapen como les venga en gana, dejar libres las manos sobre un teclado y que formen las líneas como ellas mismas quieran, sacar a pasear al bolígrafo y que corra a su aire por el papel.
Para guardarlo todo, hay que estar dispuesto a soportar ese nudo en la garganta y correr el riesgo de que cada palabra se nos atragante y nos acabe asfixiando. Apretar los puños, cerrar los ojos con fuerza hasta ver ese arco iris tan extraño que se forma en las retinas, aguantar la respiración y tragar saliva intentando que ese nudo baje. Pero nunca baja del todo.
Es por eso que busco un minuto de calma a altas horas de la noche y me rodeo de cuanto silencio puedo para, entonces, volver a escuchar esa voz que me sosiega. Me pregunto cuánto queda de esa voz, tu voz, tal y como la recuerdo. Hace mucho que no cantas para mí pero no olvido aquella deliciosa sensación de sinestesia en la que pude escuchar un sabor. Y era dulce. La paz que me regala escucharte, aunque sea en mis recuerdos, no tiene explicación ni mucho menos comparación. A veces me sorprendo pensando que, si te tuviera aquí, intentaría cantar para ti. Es entonces cuando se agolpan de nuevo mis pensamientos y controlar ciertas ideas se me torna más difícil, como ahora.
Cuando leas esto, verás el resultado de no pocas correcciones y de muchas cosas que he tenido que cambiar o eliminar por respeto y precaución. Cosas que, si bien no son negativas “per se”, serían tal vez de mala educación. Decir siquiera tu nombre podría ser una metedura de pata que me llevase a cometer un párrafo tras otro y acabar amonestándote injustamente con una perorata escrita que no llevaría a ningún sitio. No diría nada nuevo. Es en esos momentos cuando, para contener ese irrefrenable impulso, recurro a contemplar la sigma tumbada que adorna mi pecho y que me recuerda que debo ser prudente, que debo respetar mis principios. Me recuerda que, ante la incertidumbre, he de hacer siempre lo correcto y lo correcto es cualquier cosa que evite hacerte daño una vez más.
Así que heme aquí, mi querida sigma tumbada, tal vez errando de nuevo por querer tan sólo decirte que si escuchas un tercer latido, no te asustes. Solamente estoy un poco nervioso por la idea de que se me escape decir cuánto te añoro…
lunes, 18 de marzo de 2013
Like toy soldiers...
“Step by step
Heart to heart”
Y es así, paso a paso, guiado únicamente por un latido al que nadie ha dicho nunca cómo funciona la vida.
Aprender a sobrevivir a cada día nunca es fácil. Nunca se sabe si se ha hecho bien. No hay un camino correcto, no hay indicaciones. Al final se aprende, pero eso no significa que se haya conseguido. Tan solo se ha logrado una rutina, un método que al principio da resultados o, al menos, ayuda a evitar problemas inmediatos.
O eso parece.
“Left, right, Left”
Y así sucedía, como una marcha militar memorizada. Caminaba por la vida siguiendo un esquema, un patrón marcado fuertemente. Seguía instrucciones.
“We all fall down
Like toy soldiers”
Y eso pasó. Como un soldado carente de razón avancé siguiendo órdenes. No conocía al enemigo ni sabía por qué había de hacerle frente. Resultó que no había enemigo. Herí a quien quería liberarme del yugo de una guía obsoleta y a quien me tendió la mano, hendí con mi ya oxidada bayoneta.
“Bit by bit
Torn apart”
Vi entonces cómo la venda cayó de mis ojos. Los esquemas se rompieron y había ahora un lienzo en blanco en el que dibujar mi propio destino. Sin embargo, había herido a quien vino a ayudarme y me quedé helado. Le debía la vida y por mi culpa, sangraba. Con cada gota de sangre que derramaba, un trozo de mí mismo se perdía.
“It wasn’t my intention to mislead you
It never should have been this way”
Debí escuchar tiempo atrás pero no supe hacerlo. Enarbolé mi arma y, creyendo protegerme, ataqué. Estuve tan ciego como para exponerme al enemigo y apuntar a quien vino a salvarme. El orgullo me podía, creía en mis patrones ciegamente… ahora lo sé.
ME EQUIVOQUÉ.
“Step by step
Heart to heart”
Así es como ahora debo ir. Paso a paso, escribiendo mi propio camino olvidando aquella venda que me impedía ver la verdad. Ya no hay forma de evitar que mire alrededor y pueda decidir. Ya no seré sordo ni evitaré lo difícil.
Ya no me guía el miedo. No marcho al son del miedo.
Paso a paso, latido a latido.
Ahora sé a quién escuchar.
Heart to heart”
Y es así, paso a paso, guiado únicamente por un latido al que nadie ha dicho nunca cómo funciona la vida.
Aprender a sobrevivir a cada día nunca es fácil. Nunca se sabe si se ha hecho bien. No hay un camino correcto, no hay indicaciones. Al final se aprende, pero eso no significa que se haya conseguido. Tan solo se ha logrado una rutina, un método que al principio da resultados o, al menos, ayuda a evitar problemas inmediatos.
O eso parece.
“Left, right, Left”
Y así sucedía, como una marcha militar memorizada. Caminaba por la vida siguiendo un esquema, un patrón marcado fuertemente. Seguía instrucciones.
“We all fall down
Like toy soldiers”
Y eso pasó. Como un soldado carente de razón avancé siguiendo órdenes. No conocía al enemigo ni sabía por qué había de hacerle frente. Resultó que no había enemigo. Herí a quien quería liberarme del yugo de una guía obsoleta y a quien me tendió la mano, hendí con mi ya oxidada bayoneta.
“Bit by bit
Torn apart”
Vi entonces cómo la venda cayó de mis ojos. Los esquemas se rompieron y había ahora un lienzo en blanco en el que dibujar mi propio destino. Sin embargo, había herido a quien vino a ayudarme y me quedé helado. Le debía la vida y por mi culpa, sangraba. Con cada gota de sangre que derramaba, un trozo de mí mismo se perdía.
“It wasn’t my intention to mislead you
It never should have been this way”
Debí escuchar tiempo atrás pero no supe hacerlo. Enarbolé mi arma y, creyendo protegerme, ataqué. Estuve tan ciego como para exponerme al enemigo y apuntar a quien vino a salvarme. El orgullo me podía, creía en mis patrones ciegamente… ahora lo sé.
ME EQUIVOQUÉ.
“Step by step
Heart to heart”
Así es como ahora debo ir. Paso a paso, escribiendo mi propio camino olvidando aquella venda que me impedía ver la verdad. Ya no hay forma de evitar que mire alrededor y pueda decidir. Ya no seré sordo ni evitaré lo difícil.
Ya no me guía el miedo. No marcho al son del miedo.
Paso a paso, latido a latido.
Ahora sé a quién escuchar.
domingo, 17 de marzo de 2013
Tremoren
No anhelo en mi vida la sal o el azúcar,Busco
Algo más intenso
Más dulce
Más puro
Y adictivo.
No tiene nombre y sin embargo
Me es inconfundible.
Mana de tus labios y corre por mis venas
Como un licor que aviva mis sentidos.
Vago ebrio de tus besos y ya no pienso
Y es mi piel quien ahora manda
Manda buscar tu piel, blanca porcelana
Ambrosía para mis dedos
Que escapan bajo tu falda.
Siento el temblor
No sé si tuyo o mío y no me importa
Si de tus labios surge un “PARA”
Mientras tus manos me acompañan…
Tiembla conmigo.
ARDE.
Esos ojos tuyos que me miran
Intentando no cerrarse y echar a volar
Pero ya van tarde.
Atisbo tu amago de hablar
Y, como un reflejo más,
Sello tus labios con los míos
Y degusto esas palabras directas de tu lengua.
Parecen decir “MÁS”.
Siento en mis manos el calor
De tus muslos blancos de seda
Y en mis labios el latir de tu pecho
Ora lento, ora desbocado
Y mientras te miro
Aprendo cada rincón de tu ser,
Lo grabo a fuego en mis labios
Beso a beso.
Siento tus dedos en mi pelo
Cuando pruebo tus caderas
Y veo cómo muerdes tu labio
Y acudo a socorrerte y saboreo
Lo que aun no tiene nombre.
Pero sabe a tu sonrisa.
Tus caricias son ya guía
Y poco importa ser sutil.
Sin palabras dejas claro tu deseo
Y yo te sirvo.
Y yo me siento en el cielo
Cuando con tus dedos me diriges
Por tu pecho, hacia tu vientre
Y me detengo un instante.
Me clavas tu mirada y yo
Yo te sirvo.
Siento tus muslos en mis mejillas
Como nubes de algodón
Cálidas y sedosas
Mientras tus dedos, casi a muerte
Se clavan en mi nuca impidiéndome escapar.
Pero no quiero escapar
Y me aferro a tu cintura y saboreo
Cada tenue sacudida que lo que hago te provoca.
Y te miro a los ojos.
No me ves pero te veo
Arquear la espalda y siento
Al tocar tu pecho, tu corazón enloquecido
Y sigo.
Yo te sirvo.
Un grito ahogado
Casi un susurro estridente
Tu voz no acierta a escapar
Y tus manos aprietan más y más…
Y al fin te rindes a entregarme
Un licor dulce y sin nombre
Que estremece cuerpo y alma
De quien te sirve y se embriaga
Con un trocito de tu alma
Que resbala por la comisura
De unos labios que sonríen
Sonríen tu nombre.
Liebesgöttin
I could be obvious, simple and plain.
It would be as simple as saying your name
But then, what would there remain?
For this is for you, again.
No, my child, there’s no trick
I have not gone insane
But, perhaps, for you lovesick
As I run to you in this lane.
Say, my dream, my love, my goddess
Speak my name just once
Show my life’s not flawless
Unless you are at glance.
Sing again our silent song
Let time stop and come what may
I was waiting for so long
To hold and love you ‘till my last day.
sábado, 16 de marzo de 2013
The Sacrament... My Sacrament.
Escuchar esta canción, pensar en ti, aprender a tocar esas pocas notas al piano, memorizar el bajo... sentir escalofríos con la letra.
Tú.
http://www.youtube.com/watch?v=_P-gzn2LY5E
I hear you breathe so far from me
I feel your touch so close and real
And I know
My church is not of silver and gold,
It's glory lies beyond judgement of souls
The commandments are of consolation and warmth
You know our sacred dream won't fail
The sanctuary tender and so frail
The sacrament of love
The sacrament of warmth is true
The sacrament is you
I hear you weep so far from me
I taste your tears like you're next to me
And I know
My weak prayers are not enough to heal
Oh the ancient wounds so deep and so dear
The revelation is of hatred and fear
You know our sacred dream won't fail
The sanctuary tender and so frail
The sacrament of love
The sacrament of warmth is true
The sacrament is you
The sacrament is you
The sacrament is you
The sacrament is you
The sacrament is you
You know our sacred dream won't fail
The sanctuary tender and so frail
The sacrament of love
The sacrament of warmth is true
The sacrament is you
You know our sacred dream won't fail
The sanctuary tender and so frail
The sacrament of love
The sacrament of warmth is true
The sacrament is you
Tú.
http://www.youtube.com/watch?v=_P-gzn2LY5E
I hear you breathe so far from me
I feel your touch so close and real
And I know
My church is not of silver and gold,
It's glory lies beyond judgement of souls
The commandments are of consolation and warmth
You know our sacred dream won't fail
The sanctuary tender and so frail
The sacrament of love
The sacrament of warmth is true
The sacrament is you
I hear you weep so far from me
I taste your tears like you're next to me
And I know
My weak prayers are not enough to heal
Oh the ancient wounds so deep and so dear
The revelation is of hatred and fear
You know our sacred dream won't fail
The sanctuary tender and so frail
The sacrament of love
The sacrament of warmth is true
The sacrament is you
The sacrament is you
The sacrament is you
The sacrament is you
The sacrament is you
You know our sacred dream won't fail
The sanctuary tender and so frail
The sacrament of love
The sacrament of warmth is true
The sacrament is you
You know our sacred dream won't fail
The sanctuary tender and so frail
The sacrament of love
The sacrament of warmth is true
The sacrament is you
viernes, 15 de marzo de 2013
Cæcus. Be my eyes.
Sé que llegará un día, no sé cuándo, en que mis ojos se apagarán y aunque siga vivo, el mundo será solamente oscuridad.
No lo negaré, me asusta esa posibilidad. Pero, si he de quedar ciego espero que tus ojos sean lo último que vea.
No lo negaré, me asusta esa posibilidad. Pero, si he de quedar ciego espero que tus ojos sean lo último que vea.
miércoles, 13 de marzo de 2013
Songs of silence
Shall thy voice
Cometh once,
Twice,
Always in my dreams,
Sometimes in daylight.
Speak to me
Like the very first time
When
We knew nothing,
We knew it all.
Sing, my love,
Be music once again
And
Fly me to thy heart,
Thou took mine away.
Surrender is my choice
I kneeled down to thy voice
Say
My name right from thy lips.
Cometh once,
Twice,
Always in my dreams,
Sometimes in daylight.
Speak to me
Like the very first time
When
We knew nothing,
We knew it all.
Sing, my love,
Be music once again
And
Fly me to thy heart,
Thou took mine away.
Surrender is my choice
I kneeled down to thy voice
Say
My name right from thy lips.
lunes, 11 de marzo de 2013
![]() |
| Al buscar la palabra "amiga" en mi diccionario, aparece tu nombre. Gracias Laura. |
Hoy yo te escribo unas palabras intentando decirte cuánto me alegro por ello y por haberte conocido. No han sido muchos años, pero en poco tiempo me has demostrado que tu amistad no se mide por el tiempo.
Recuerdo que nos conocimos en circunstancias tan extrañas como extraños éramos en aquél entonces. Aun hoy me resultas extraña y yo espero no dejar de serlo completamente. Menudo aburrimiento sería, ¿no?
En poco tiempo te has convertido en mi mejor amiga y has hecho por mi cosas que jamás creí que una persona pudiera hacer por otra. Has escuchado mis alegrías y mis penas, me has ayudado a ponerme en pie cuando me he caído, incluso pude estar junto a quien amaba gracias a ti.
Por mi parte, sé que no siempre he sabido devolverte tu dedicación, tu cariño y tus buenas intenciones. Muchas veces me porté como un imbécil y te hice daño, hasta dejé de hablarte en varias ocasiones… pero por suerte para mi y pese a mis MUCHAS equivocaciones, pudiste ver algo lo bastante bueno como para darme la oportunidad de ver ya no solamente mi tremendo error, si no que por mi mismo me diera cuenta de la persona que eres y del bien que me hacía y hace que formes parte de mi vida.
Últimamente pasan muchas cosas en tu vida que te ponen a prueba y veo cómo las superas una a una. Parte de mi te envidia por tu resolución, pero otra parte (la mayor parte, de hecho) te admira. Me siento muy orgulloso de ti, de la persona que eres y la magnífica persona que, sin duda, llegarás a ser. Quizá por eso, el día de tu graduación, me sentí privilegiado de poder entregarte tu título. Cierto que no como parte de la ceremonia, pero para mi, el hecho de que la primera vez que tuvieras el título de tu carrera fuese por habértelo dado yo, es un recuerdo imborrable. No te hice enfermera, pero en ese momento fue lo más parecido. Me sentí y me siento todavía afortunado por ese gesto, por pequeño que fuese, por insignificante que parezca, por mucho que solamente se trate de haberte entregado un trozo de papel… pero solamente yo puedo decir que te di ese trozo de papel.
No puedo decirte lo mucho que te quiero, lo mucho que agradezco tu amistad, tu compañía incluso en la distancia. Siempre has estado para apoyarme y, a diferencia de otros que dicen ser amigos, tú lo demuestras en los momentos en los que me dices lo que necesito, no lo que quiero oir. Poca gente puede presumir de haberme abofeteado como tú en su día y de que yo admitiese que, además, te quedases corta. Siempre has mantenido tus principios y nunca me has traicionado. Más aún, has sabido darme la mezcla adecuada de apoyo y crítica constructiva… aunque a veces la sutileza no te acompañase. Aún me duelen algunas collejas pero no tanto por el golpe si no por pensar en que de verdad tuve que hacer o decir algo muy malo para que reaccionases así precisamente tú. Y es que siempre te lo he dicho, tienes un corazón que no te cabe en el pecho.
Gracias, Laura. Es cuanto puedo decir. Por todo. Por el tiempo, por tu paciencia, por tu compañía, por tus consejos, por tu cariño, por tu respeto, por tu ayuda, por esa mano que siempre me ha ayudado a levantarme. Gracias porque, al conocerte, el día de hoy me dibuja una sonrisa.
Hoy tú celebras tu cumpleaños y yo celebro que llegase al mundo la que, por derecho propio, se ha convertido en mi mejor amiga.
Por muchos años más.
Feliz cumpleaños Laura.
domingo, 10 de marzo de 2013
NaCl Blues
Sal que brota de unos ojos que se secan, gota a gota, al mirar al horizonte. Buscándote. Las pestañas se quiebran al tocarse como si fuesen cristales y, mientras, la luz lo invade todo. Me ciega. Y sin embargo no la veo, no aparece, parece no querer existir para mí, esperando tal vez que por causa de su ausencia yo ya no exista.
Encuentro tan sólo el silencio en tu respuesta. Al fin el pulso se detuvo y la frenética carrera de la sangre abandonó mis venas por donde ahora caminas tú, a tu antojo y arrastras contigo el rastrillo de un olvido que me raja desde dentro y me mata despacio, como un beso dulcemente aterrador que me evoca el adictivo y temible placer de unos labios que no habrán de pronunciar mi nombre. Tu voz me fue vetada, fui despojado del derecho a contemplarte y mi piel se endurece hasta el granito pues el bálsamo de tus caricias ya no existe.
Respondo a tu silencio con más palabras que no libero hasta que sé que portan sólo la verdad. Te hablo de cuanto nunca hablé, te muestro más de lo que nadie vio, te abro rincones que no conozco ni yo. ¿Para qué? Soy preso perpetuo de una vida ya vacía. Nada queda que me impulse a seguir. Nada hay fuera, nada dentro. Acabó el tiempo de aquél momento en que había alguien por quien podía suspirar. Cuando quería suspirar... la tormenta se ha llevado algo que jamás creí que podría separar de mi ser. Pese a ello todo aquello fue arrancado desde más allá de la raíz, remontándose al origen que carece ahora de sentido. Aquella flor fue arrancada, extirpándome hasta el último vestigio de la simiente que un día insufló vida aquí, en mi pecho, en un corazón que te entregué… ya no lo quiero.
Tus palabras ya no hablan y yo ya no comprendo el sonido de tu voz. Ya no lo recuerdo. Tu mirada hiere mi alma como un puñal de fuego helado que se clava y derrama la vida que se me escapa. Poco a poco, pulsación acompasada y ya no hay miedo. Ya no temo nada. Tal vez muera aquí, esta noche, mas no será hasta mi último estertor en que declare puro odio, declare puro amor.
Se ha acabado mi cordura y en mi alma la furia conjura ideas de maldad pura. Quizá sea todo un error y todo esto sea un favor, un alivio dulce como un licor.
Quizá si ahora te odiase, te librases de este amor…
Encuentro tan sólo el silencio en tu respuesta. Al fin el pulso se detuvo y la frenética carrera de la sangre abandonó mis venas por donde ahora caminas tú, a tu antojo y arrastras contigo el rastrillo de un olvido que me raja desde dentro y me mata despacio, como un beso dulcemente aterrador que me evoca el adictivo y temible placer de unos labios que no habrán de pronunciar mi nombre. Tu voz me fue vetada, fui despojado del derecho a contemplarte y mi piel se endurece hasta el granito pues el bálsamo de tus caricias ya no existe.
Respondo a tu silencio con más palabras que no libero hasta que sé que portan sólo la verdad. Te hablo de cuanto nunca hablé, te muestro más de lo que nadie vio, te abro rincones que no conozco ni yo. ¿Para qué? Soy preso perpetuo de una vida ya vacía. Nada queda que me impulse a seguir. Nada hay fuera, nada dentro. Acabó el tiempo de aquél momento en que había alguien por quien podía suspirar. Cuando quería suspirar... la tormenta se ha llevado algo que jamás creí que podría separar de mi ser. Pese a ello todo aquello fue arrancado desde más allá de la raíz, remontándose al origen que carece ahora de sentido. Aquella flor fue arrancada, extirpándome hasta el último vestigio de la simiente que un día insufló vida aquí, en mi pecho, en un corazón que te entregué… ya no lo quiero.
Tus palabras ya no hablan y yo ya no comprendo el sonido de tu voz. Ya no lo recuerdo. Tu mirada hiere mi alma como un puñal de fuego helado que se clava y derrama la vida que se me escapa. Poco a poco, pulsación acompasada y ya no hay miedo. Ya no temo nada. Tal vez muera aquí, esta noche, mas no será hasta mi último estertor en que declare puro odio, declare puro amor.
Se ha acabado mi cordura y en mi alma la furia conjura ideas de maldad pura. Quizá sea todo un error y todo esto sea un favor, un alivio dulce como un licor.
Quizá si ahora te odiase, te librases de este amor…
jueves, 7 de marzo de 2013
Infusión de estrellas
Medir la vida en día, en horas… en momentos. Fracciones imprecisas de un tiempo que se escapa, que no existe, que no vuelve. Basar todo en algo etéreo, subjetivo y para nada absoluto. Una vida, a tu lado, es un instante. Un minuto, en tu ausencia, infinita agonía que dura y perdura más allá de lo que abarca mi cordura. Y, entre tanto, las preguntas y os sueños y los recuerdos y tu voz y el silencio y tu mirada y el vacío y el olvido… y, al final, un corazón que se detiene, se congela, mudo, ante la falta de una llama que le prenda vida.
No hay ya historias que contar, ideas que relatar, futuros que soñar. Aquella taza de té se enfría mientras espera que tus labios den cuenta de cuanto contiene, la suma de elementos que es ahora algo más, algo distinto, algo dulce. Es amarga, sin embargo, esa incertidumbre que poco a poco arranca el calor de su interior y vacía de esperanzas aquella taza y este corazón que intenta flotar una vez más. Flotar como una hoja de ese té que no quiere caer al fondo, que no quiere perder su esencia y, a la vez, anhela disolver el alma en las aguas cálidas para que apures cada gota, cada sueño, cada sonrisa habida y por haber y así poder captar tu mirada una vez más. Poder, al fin y al cabo, rozar tus labios una vez más y que quizá sonrías por ello y no tan sólo por el azúcar. Hervir para ti, darme a ti y que liberes lo mejor de mi, lo que guardo sólo para ti.
La noche se hace día, el día, noche. Es un ciclo inalterable y, al tiempo, nunca igual. Cae un negro manto perlado con la luna en el cielo oscuro mis pensamientos lucen titilantes, mudos, pensándote de nuevo. Dicen que son destellos de soles distantes, vivos y moribundos. No es así. Como si la noche fuese mi lienzo particular, pinto cada punto en el que encierro un pensamiento. Cada estrella no es si no un latido inmóvil situado con cuidado y con un poco de azar en un inmenso espacio en negro en el que representar cada día, cada instante, cada sueño que te sueña quien de la vida eres dueña.
Medir la vida en las estrellas que hoy brillan mañana será un error, habrá que hacer recuento por todas cuyos génesis provoca el sentimiento a la par que un pensamiento que resurge a cada instante, cada vez mayor, constante. Lleva vivo tanto, que el tiempo no puede ya contarlo y un día alzarás la vista y lo verás. Se noche o sea día, lo comprenderás, las luces nocturnas tu rostro dibujarán. Y cada nuevo pensamiento será un minúsculo nuevo punto que perfile más un retrato hecho de luz.
Medir la vida por cada uno de esos puntos, pensamientos, latidos… y entender que te amé, te amo y te amaré.
No hay ya historias que contar, ideas que relatar, futuros que soñar. Aquella taza de té se enfría mientras espera que tus labios den cuenta de cuanto contiene, la suma de elementos que es ahora algo más, algo distinto, algo dulce. Es amarga, sin embargo, esa incertidumbre que poco a poco arranca el calor de su interior y vacía de esperanzas aquella taza y este corazón que intenta flotar una vez más. Flotar como una hoja de ese té que no quiere caer al fondo, que no quiere perder su esencia y, a la vez, anhela disolver el alma en las aguas cálidas para que apures cada gota, cada sueño, cada sonrisa habida y por haber y así poder captar tu mirada una vez más. Poder, al fin y al cabo, rozar tus labios una vez más y que quizá sonrías por ello y no tan sólo por el azúcar. Hervir para ti, darme a ti y que liberes lo mejor de mi, lo que guardo sólo para ti.
La noche se hace día, el día, noche. Es un ciclo inalterable y, al tiempo, nunca igual. Cae un negro manto perlado con la luna en el cielo oscuro mis pensamientos lucen titilantes, mudos, pensándote de nuevo. Dicen que son destellos de soles distantes, vivos y moribundos. No es así. Como si la noche fuese mi lienzo particular, pinto cada punto en el que encierro un pensamiento. Cada estrella no es si no un latido inmóvil situado con cuidado y con un poco de azar en un inmenso espacio en negro en el que representar cada día, cada instante, cada sueño que te sueña quien de la vida eres dueña.
Medir la vida en las estrellas que hoy brillan mañana será un error, habrá que hacer recuento por todas cuyos génesis provoca el sentimiento a la par que un pensamiento que resurge a cada instante, cada vez mayor, constante. Lleva vivo tanto, que el tiempo no puede ya contarlo y un día alzarás la vista y lo verás. Se noche o sea día, lo comprenderás, las luces nocturnas tu rostro dibujarán. Y cada nuevo pensamiento será un minúsculo nuevo punto que perfile más un retrato hecho de luz.
Medir la vida por cada uno de esos puntos, pensamientos, latidos… y entender que te amé, te amo y te amaré.
Las aventuras de Chándalman: Capítulo 1
A ti, que me lees con paciencia:
Estoy bastante seguro, casi con la práctica totalidad de mis dudosas (pero firmes) convicciones de que alguna vez has conocido a un tío (o a alguien que lo haya sido) de ésos que van de machotes y picaflowers que hablan de las mujeres (o tías, hembras, jacas y demás cultismos) como si jugasen al parchís: se comen una y cuentan veinte. Formidables ejemplares que reivindican su derecho a vivir libres de ataduras sus años mozos pese a que muchos son de edades anteriores a que existiera la palabra “mozo”, allá por tiempos de Maricastaña, año arriba, año abajo. Seguro que se te viene a la mente algún ejemplo con su indumentaria ceremonial (chándal), aceporrado en su regio trono (el sofá o, peor, el tigre), blandiendo su cetro de mando (el de la tele) mientras busca, canal tras canal, en pos de algo que entretenga su ocupada mente y logre calar tan hondo en su conciencia como las entradas en su otrora copiosa cabellera. No sé por qué pero siento la necesidad de mandar un abrazo a mi padre…
Son los mismos que salen en rebaños que intentan dar aspecto de manada. Pobres, no se dan cuenta de que son la presa… eso lo hace más divert- quiero decir, “científicamente interesante”. Una vez superada la desternillante primera etapa del cortejo en la que él cree haber “pillado cacho”, comienza una fase aun más fascinante en la cual, por supuesto, jamás se dará cuenta de que en realidad él es el cacho (o cachito) que ha sido pillado. Tanto es así, que nuestro “Chandalman” tontorrón se nos enamora mientras cree que la enamorada es ella. Es como si un conejito aun vivo en las fauces de un lobo sonriese triunfante incapaz de ver que es la pieza y que esa “loba” solamente le está dando un paseo antes de comerse la poca “chicha” que pueda tener. Ése conejito, sin embargo, sufrirá menos.
Chandalman está enamorado. ¿Y ahora qué? Pues sí, has acertado, es hora de hacer unos cuantos cambios en la que antaño fuera una forma de ida dedicada a perseguir la perfección física (recordemos que la esfera es la forma geométrica más armónica) y la consecución de muchos y variados objetivos intelectuales (prometo que algún día lograré decirlo sin reírme). Estos cambios se dan desde dentro, a nivel molecular, y cabe destacar algunos como:
1.- La higiene personal: diversos aminoácidos en conjunción con la creencia religiosa en que estando más limpitos triunfan antes, provocan cambios en el sistema endocrino (que no saben para qué está ahí, pero oiga, será por algo). Estas alteraciones incluyen un incremento de la frecuencia de las duchas (ya no es cada miércoles), adopción del sistema perfumétrico para contrarrestar lo que los científicos denominan “oler a chotuno”, reconciliación paulatina con su gillette y el desarrollo de un inusitado dominio del peine.
2.- Comportamiento: suprimen conductas que les son inherentes en pos de un bien mayor (su entrepierna es su mayor bien) y manifiestan delicadezas dignas de un lord inglés talas como no rascarse (tanto) el paquete (ardua tarea, dicho sea de paso), hablar con educación (esto requiere MUCHA atención), abandonar la búsqueda y colección de mocos debajo de la mesa, usar ropa interior (¡a veces incluso limpia!), e incluso los hay que han llegado a renunciar a prácticas sumamente placenteras que les llenan de orgullo y satisfacción, como oler sus propios pedos debajo de las sábanas. ¡Eso es fuerza de voluntad, damas y caballeros!
3.- Cambios psico-ilógicos: estos son más complejos. Vienen determinados por un incremento de azúcar en los ganglios encefálicos, causando un estado conocido como “acaramelado” o “pasteloso” que provoca no poca repulsión hacia quienes lo ven desde fuera. Su principal síntoma externo es una alteración estructural que provoca una secreción de babas que, seamos claros, no puede ser sana. A nivel interno observamos dolencias como la aparición de un repentino gusto por la poesía (la de verdad, no la de las tascas), aumento de una caballerosidad que roza lo esperpéntico (por falta de costumbre), uso de palabras estrambóticas y rimbombantes (como ésas dos) y, más pronto que tarde, abandono del chándal. (¡NOOOOOOO!)
Con este esbozo vemos cómo Chandalman cuelga su uniforme y se convierte en… lo que sea. Si se equivoca, ella le abandonará a su suerte. Si lo hace bien, probablemente también. En cualquier caso, nuestro querido botarate habrá aprendido (o no) lo suficiente como para sobrevivir un día más. Se enfundará su ceñido chándal XXL y volverá a su Trono Mullido a la espera de su próxima “presa”… o de otra cerveza, según tenga el día.
¡Animo Chandalman!
Estoy bastante seguro, casi con la práctica totalidad de mis dudosas (pero firmes) convicciones de que alguna vez has conocido a un tío (o a alguien que lo haya sido) de ésos que van de machotes y picaflowers que hablan de las mujeres (o tías, hembras, jacas y demás cultismos) como si jugasen al parchís: se comen una y cuentan veinte. Formidables ejemplares que reivindican su derecho a vivir libres de ataduras sus años mozos pese a que muchos son de edades anteriores a que existiera la palabra “mozo”, allá por tiempos de Maricastaña, año arriba, año abajo. Seguro que se te viene a la mente algún ejemplo con su indumentaria ceremonial (chándal), aceporrado en su regio trono (el sofá o, peor, el tigre), blandiendo su cetro de mando (el de la tele) mientras busca, canal tras canal, en pos de algo que entretenga su ocupada mente y logre calar tan hondo en su conciencia como las entradas en su otrora copiosa cabellera. No sé por qué pero siento la necesidad de mandar un abrazo a mi padre…
Son los mismos que salen en rebaños que intentan dar aspecto de manada. Pobres, no se dan cuenta de que son la presa… eso lo hace más divert- quiero decir, “científicamente interesante”. Una vez superada la desternillante primera etapa del cortejo en la que él cree haber “pillado cacho”, comienza una fase aun más fascinante en la cual, por supuesto, jamás se dará cuenta de que en realidad él es el cacho (o cachito) que ha sido pillado. Tanto es así, que nuestro “Chandalman” tontorrón se nos enamora mientras cree que la enamorada es ella. Es como si un conejito aun vivo en las fauces de un lobo sonriese triunfante incapaz de ver que es la pieza y que esa “loba” solamente le está dando un paseo antes de comerse la poca “chicha” que pueda tener. Ése conejito, sin embargo, sufrirá menos.
Chandalman está enamorado. ¿Y ahora qué? Pues sí, has acertado, es hora de hacer unos cuantos cambios en la que antaño fuera una forma de ida dedicada a perseguir la perfección física (recordemos que la esfera es la forma geométrica más armónica) y la consecución de muchos y variados objetivos intelectuales (prometo que algún día lograré decirlo sin reírme). Estos cambios se dan desde dentro, a nivel molecular, y cabe destacar algunos como:
1.- La higiene personal: diversos aminoácidos en conjunción con la creencia religiosa en que estando más limpitos triunfan antes, provocan cambios en el sistema endocrino (que no saben para qué está ahí, pero oiga, será por algo). Estas alteraciones incluyen un incremento de la frecuencia de las duchas (ya no es cada miércoles), adopción del sistema perfumétrico para contrarrestar lo que los científicos denominan “oler a chotuno”, reconciliación paulatina con su gillette y el desarrollo de un inusitado dominio del peine.
2.- Comportamiento: suprimen conductas que les son inherentes en pos de un bien mayor (su entrepierna es su mayor bien) y manifiestan delicadezas dignas de un lord inglés talas como no rascarse (tanto) el paquete (ardua tarea, dicho sea de paso), hablar con educación (esto requiere MUCHA atención), abandonar la búsqueda y colección de mocos debajo de la mesa, usar ropa interior (¡a veces incluso limpia!), e incluso los hay que han llegado a renunciar a prácticas sumamente placenteras que les llenan de orgullo y satisfacción, como oler sus propios pedos debajo de las sábanas. ¡Eso es fuerza de voluntad, damas y caballeros!
3.- Cambios psico-ilógicos: estos son más complejos. Vienen determinados por un incremento de azúcar en los ganglios encefálicos, causando un estado conocido como “acaramelado” o “pasteloso” que provoca no poca repulsión hacia quienes lo ven desde fuera. Su principal síntoma externo es una alteración estructural que provoca una secreción de babas que, seamos claros, no puede ser sana. A nivel interno observamos dolencias como la aparición de un repentino gusto por la poesía (la de verdad, no la de las tascas), aumento de una caballerosidad que roza lo esperpéntico (por falta de costumbre), uso de palabras estrambóticas y rimbombantes (como ésas dos) y, más pronto que tarde, abandono del chándal. (¡NOOOOOOO!)
Con este esbozo vemos cómo Chandalman cuelga su uniforme y se convierte en… lo que sea. Si se equivoca, ella le abandonará a su suerte. Si lo hace bien, probablemente también. En cualquier caso, nuestro querido botarate habrá aprendido (o no) lo suficiente como para sobrevivir un día más. Se enfundará su ceñido chándal XXL y volverá a su Trono Mullido a la espera de su próxima “presa”… o de otra cerveza, según tenga el día.
¡Animo Chandalman!
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


.jpg)
