Quedaba chueca, tuerta, coja,Poco erguida, muy doblada,
Casi rota de inclinada,
Nada fina, desgarbada.
Pero libre por vez primera.
Del mundano ruido al gran silencio,
Y con firmeza yo sentencio que
Del estruendo al abismo
Su ser ya nunca fue el mismo.
Linda niña recatada,
Con la excelencia sólo comparada
Y, desde siempre, comedida y controlada
Y aún peor: silenciada.
Rompióse algo muy dentro
Ya nunca fue igual la vida.
Desde entonces, para siempre,
Fue el ser que no “debía”.
