lunes, 27 de marzo de 2017

Copper goddess' arising


Diosa de cobre, yo aún recuerdo
Aquella noche en que, entre ajenos rostros, comenzaste tú a brillar
Y como si ayer fuese aún resuena el eco de tus bromas
Y el tono alegre y dulce con que planeábamos marchar
De aquella absurda algarabía
De aquél etílico revuelto en que te conocí
Entre faldas demasiado cortas y corbatas demasiado largas

Diosa de cobre, yo aún te debo
Mil historias trasnochadas, frente a interminables tazas
De tiempos en que nunca supe nada, en que tú todo ignorabas
Y cuento y guardo y recuerdo y rememoro
Cada verso y cada beso que en tus manos pongo
Cada copa que nunca acabamos
Y en lo mucho que aún no sé

Diosa de cobre, yo aún espero
Caminar contigo hasta el amanecer
Escuchando las batallas que libramos como huestes de un infierno
Que nos persigue y aún sigue
Forjando lo que fuimos, lo que somos y seremos
Pues eternos e inflexibles como fuimos concebidos
Uno al otro moldeamos, dando empero la misma forma

Diosa de cobre, yo aún anhelo
Arrasarlo todo a fuego y que el hielo negro que nadie más aceptó
Cubra de una vez, por siempre, este mundo y cualquier otro
En que solamente tú, fruto de un orfebre etéreo,
Prodigio de metal y terciopelo
Quiso que este ángel muerto, demonio gélido de un tiempo obscuro
Fuese como nadie más quiso que fuera, como soy

Quiso la estadística, tal vez la casualidad
Que te conociera en esta vida y no te quisiera ya soltar
Pero yo no creo en la casualidad, Diosa de cobre…

viernes, 10 de marzo de 2017

P-119 (C6428 H9912 N1694 O1987 S46)

Ya había perdido la cuenta. Pasa el tiempo tan despacio para mí que aunque han sido apenas 4 años pareciera que todo sucedió hace décadas.
Había olvidado lo difícil que es escribir con un trozo de plástico invadiendo las venas, sin poder, o más bien sin atreverme, a doblar el codo. Ya no recordaba los intentos absurdos de quitarme el miedo a esos intrusos hipodérmicos comparando esa intrusión con la de las agujas de tatuar. Había olvidado lo estúpidas que parecen esas personas que lo dicen tan convencidas, como si fuese realmente lo mismo.
Pero sobre todo había olvidado aquél nombre por el que me llamaban. Nunca a la cara, siempre entre ellos a una distancia prudente… pero igualmente perceptible si se presta atención y, lamentablemente, en una camilla uno presta atención incluso a lo que no quiere. Ya no recordaba ese nombre.
P-119

No hay misterio alguno: “P” por “paciente” y 119 el número de la habitación. Aquella habitación donde hace unos años todo empezó a terminar y, a la vez, terminó de empezar. Sí, hubo otras ocasiones poco después en que sería el P-117, P-126 y sin embargo hoy vuelvo al origen.
Cambia el lugar y cambia el tiempo pero ha surgido, de nuevo de la nada y casi como un reproche del karma, la misma lapidaria etiqueta que pende de una puerta que casi nadie respeta cerrada. Cambia incluso el aire que se respira, el que otrora fuese familiar mezcla de oxígeno depurado es ahora un gas que me reseca desde dentro y se mezcla con voces impertinentes que no saben respetar que a algunos prefiramos pasar por esto en silencio y no escuchando insulsas bromas de un escaso nivel de exigencia intelectual. Cambia, por tanto, la educación que al parecer no venía incluida con la formación… cuestión de prioridades según la zona. Lo que no cambia es que quiero que dejen de decirme que puedo doblar el codo para escribir. No puedo, me duele y si tengo que tardar más, ¿qué importa? ¿A quién le importa? Tiempo es, por desgracia, lo único que sé que voy a tener aquí y nadie me espera fuera. Ya no.
Cambia esto o aquello, detalles nimios y esencias completas. Sin embargo, pese al tiempo y la distancia algo ha vuelto a empezar como sucedió entonces. El frío ha vuelto y además, coincidiendo con la incipiente primavera. No supe verlo en aquél momento, tan asustado estaba y sólo pude verlo cuando ya me había envuelto. Quizá sea ahora por haberlo pensado tantas veces, por haberlo revivido y rastreado hasta su origen; quizá sea simplemente más sensible a las pequeñas señales que se aparecen en sucesión, como cuidados pasos de una coreografía invisible que a nadie más atañe. No importa realmente cómo haya podido pasar, porque sea como sea, la infección ha vuelto a tomar la forma que en su día me convirtió en otra cosa, en el P-119.
Los tubos de goma que se me pegan a la piel parecen cosa de magia. Al tacto, tienen una temperatura normal y, sin embargo, el líquido que vierten en mis venas está helado. Ese frío… así empezó todo entonces. Cuando el dolor aún no se ha ido y ni siquiera he terminado de hacerme a la idea de mantener rígido el brazo, aparece ese primer momento, como si de la nada hubiese caído una gota de agua gélida sobre mi piel. No hay gota sobre la piel, no es agua, pero sí está helada. Por momentos ese frío empieza a extenderse y noto como si los dedos se me fuesen a romper al moverlos y la tinta de debajo de mi piel se fuese a convertir en una masa sólida que de un momento a otro se fuese a fragmentar y cuyas esquirlas estuviesen a punto de empezar a moverse libremente como pequeños icebergs de ceniza. En un punto indeterminado, el frío llega a… a esa cosa tan grotesca ya no se le puede llamar corazón. En ese momento, el tiempo mismo se congela y todo comienza a ir despacio. Las voces de alrededor se escuchan como a través de un líquido denso, la luz se difumina y pierdo el enfoque como si me hubiesen quitado las gafas sin saberlo. Pero las llevo todavía y aun así esta neblina se empecina en desdibujarlo todo. Pareciera que de un momento a otro el sueño hubiese de asaltarme y sin embargo sigo despierto, apuñalando cada tecla que resuena con el eco típico de una habitación poco amueblada. Cada letra se estrella varias veces contra las paredes blancas antes de volver a mis oídos como un sonido aguado, como diluido en un matraz de lágrimas sin dueño, acumuladas durante años de acoger a otros que lloraron y a los que lloraron por los que ya no llorarán más.
Pero yo no lloro.
“El de la 119 casi no habla” Quizá no a voces.
“El de la 19 sigue despierto con el nolotil y el orfidal” Más lo siento yo.
“El de la 119…”…
¿Y qué?
Ya no importa. No me importa saber que al verme piensan eso, no me importa que se rían al verme ser torpe con una sola mano y miren con disimulo la pantalla a ver qué escribo. No me importa que la otra cama esté vacía y la televisión apagada y no haya nadie más salvo cuando se abre la puerta sin aviso y alguien entra sin permiso con pastillas, otro suero, otra aguja, otra excusa. No me importa.
A estas alturas esa infección fría no sé ya ni dónde comenzó. Tampoco me importa. Como sucedió entonces, noto la escarcha formarse desde dentro. La sangre decelera, el aliento se condensa en un instante e incontables cintas azules me envuelven por dentro y asoman bajo una piel que pareciera que de un momento a otro se vaya a volver transparente.
Eso tampoco me importa.
Acabo de notarlo. El primer crujido. Esta vez el hielo se ha formado más deprisa y quizá por eso se ha rajado a causa del proceso incompleto. Tampoco importa, sé cómo funciona y aunque esa primera capa se agriete, enseguida empezará a formarse la siguiente. Ese hielo es muy bueno en lo suyo. La diferencia en esta ocasión respecto a nuestro primer encuentro es que lo esperaba. Sólo era cuestión de tiempo y así ha sido que de nuevo este hielo negro ha empezado a correr por mis venas y se ha abierto paso hasta el núcleo. Y lo envuelve de nuevo pero esta vez con calma, recreándose incluso. Porque esta vez el mensaje está claro.
Esta vez no se irá. Esta vez el fénix no renace entre llamas, se alza entre colmillos de hielo negros como nada que yo pueda escribir. Esta vez no hay tregua y por esa puerta sólo saldrá uno. Y esta vez le toca a esa cosa con mi forma y sin mi fondo.
Lo sé. Esta vez yo me quedo aquí y veré cómo se marcha eso… pero ya no me importa. Quizá lo haga mejor.
Me da igual. Me das igual. Todo tuyo. Te cedo el paso.
“El de la 119 se despide”… ¿Cómo se llamaba?
Ya no importa.

domingo, 5 de marzo de 2017

Dancing flame in crimson black

Long ago
It seemed eternity
Days gone as if years they were
A rumor among the living
Whispers of a void
Meaningless life
Same old stories coming back and forth
But no one there to listen
Nobody was there when it happened
So many, many years before
Nobody lived enough
Except for, perhaps, me

Long nights I’ve wandered
Step by step on cold stone
Through a path
Never meant to walk across
As roads lead to the woods in winter
And the pure white snow turned black under my feet
The wind shrieking throughout the branches
Softened by dead dry leaves
And the rumor reaches me again

Turn my back and leave behind
The material dark I can almost hold in my frozen hands
And in my way I return to the lights
Return to the voices and the glittering youth that
Embraces the night in the city
In this dance macabre they repeat when weeks get to die
I walk by, not a sound from me, not a glance down to this world
I leave… I can’t
What might it be?
A flame of crimson and black enlightens it all
A light made of dark, made of lust, made of fear
It has tempted my eyes
I have to go and find this otherworldly light
And there it is

No blind eye can see
How fire engulfs this goddess
As she dances the way only heavenly beings can
And our eyes meet
She shines in black and crimson
As blood spins around me like a ribbon in the wind
Her eyes… she smiles… she’s lost

The party is over, the starless night pitch blacked
And yet her lips or fire glow in red an fear and lust
Her hand is soft, cold ivory
Her wrist pulses with life
Her waist is light as air
We float towards my lair

A sweet nervous smile
Her skin, her scent, pure charm
Her beating hear under her pale round chest
Her clothes sliding with my help
Trying to imitate nature itself when sculpted her
Now lying on my bed
My hands rubbing her thighs
A silent shiver through her back
Her voice strangled as I taste
Her hands now grasp my hair
And in silence rigid bones start to melt
While her cold skin turns to ember
And, all of a sudden, she embraces fire

No words left to say
Her sweet crystal eyes found mines
And a non-existing whisper used to call me close
So now we’re face to face
My skin and hers, fused
No sound but her breathing
And that of hissing silk below our bodies
Until she breaks
Her nails pierce deep my back
And a light never seen before reaches her eyes
And then I understand we’re one
And then she smiles to me
“I am not afraid” says in this embrace
As my lips get to her neck
And her blood spills over silk
She smiles to me as she dies
And she will soon be back

Oh! How long it’s been
Since I dreamed you

viernes, 3 de marzo de 2017

Ju Shi ra ri a

Se revuelve en mi regazo
Lenta, boba y perezosa
Esta gata gris mimosa
Que da vueltas y me acosa
Exigiendo y por favor
Que acaricie su barbilla
Que le gustan las cosquillas
Que le hago en su tripilla
Mientras de una vueltecilla
Se acomoda aquí, en mi silla
Y sin más me maravilla
Cada instante que me mira.

Se hace ovillo y se acomoda
Parpadea muy despacio
Clava garras en mis brazos
O me mira de soslayo
Y respira con solaz
Estirando sus patitas
Cual si fuese a acariciar
Con los suaves algodones
En que oculta sus puñales
Con que se aferra a mi piel,
No quiere que me levante
Que me marche ni un instante.

Esta bola revoltosa
Tan suave y tan sedosa
Monta guardia ante mi puerta
Y cargando contra ella
Sigue hasta verla abierta
Y se me acerca a la carrera
Se abalanza cual pantera
Pega su frente a  mi cabeza
Sus almohadas en mi pecho
Y de pronto en el silencio
Surge un grave ronroneo
Que acalla el ruido externo

Pareciera que comprenda
La tristeza y soledad
Y por ello me consuele
Esta suave y egoísta
Pelusa gris que panza arriba
Parece que habla y me conforta
Y me exige por favor
Que la mime y acaricie
Y que a ti no te descuide
Y que luche
Y sea mejor