“Adórame con tus manos”
Dijo en voz baja.
Pura poesía susurrada que retumbó en mi cabeza con el estruendo de una caricia de terciopelo.
Y de seda era su piel
que trémula bajo mis manos,
palpitaba viva,
tensa y laxa al tiempo,
cálida como mil soles
y capaz de dejarme helado de un suspiro.
“Adórame con tus manos”
Dijo sabiendo
que ya ha tiempo que con mi corazón la adoro
y con mi alma,
otrora descreída,
la venero.
“Adórame con tus manos”
Exigió no sin derecho
mi atención, mi aliento
y cada latido que lograba arrancarle al propio tiempo
para tener
más vida que ofrecerle,
más suspiros que robarle,
más de mi que entregarle.
Más amor que hacer y ofrendarle.
“Adórame con tus manos”
Y eso hice,
y eso anhelo,
y es por haber sido yo tuyo,
que al recordarlo tiemblo,
y de adorarte vivo,
y de añorarte,
muero.
