jueves, 3 de enero de 2013

Sendepause


Suena la alarma del reloj. Ya ha terminado de enfriarse y mi deber, como buen cocinero (o al menos intento), es probar el resultado. Casi me da pena romper esa superficie que parece un espejo. Con cuidado, sujeto el mango de un cuchillo y asesto unos cuantos golpes que lo resquebrajan. Ahora parece un parabrisas recién apedreado. Con cuidado cojo uno de los trocitos, pequeño, tampoco hay que ser mal anfitrión.
Es curioso cómo lo que ahora sujeto antes no estaba ahí. Los ingredientes separados han dado lugar a algo que existía en potencia pero no en acto… más vale que deje de disgregar mis pensamientos, ya habrá tiempo para eso y de sobra por lo que tengo entendido. De nuevo, un par de golpes con el mango del cuchillo y el trocito se rompe en fragmentos más pequeños, casi polvo y por no perder más el tiempo, lo recojo con la hoja y todo para adentro. No sé si pica, escuece, duele… sólo puedo decir que noto como si me quemase y que parece que lo he hecho bien porque tengo que dejar de escribir porque se me va porque mdahdli´-


Vale, han pasado 7 horas creo. Ya he vuelto, vaya viaje y vaya invento. No negaré que tenía miedo porque es la primera vez que he probado el cristal y encima, hecho por mí pero ahora mismo entiendo por qué me lo encargaban a mí. Mira que es fácil pero parece que no todo el mundo tiene mano con la receta.
Aun estoy procesando lo que he visto y sentido, ha sido sencillamente espectacular. He visto cómo las paredes iba cambiando del aburrido blanco a colores que no sabría ni nombrar, he escuchado canciones que conocía como si fuese la primera vez y podría haber corrido por toda la avenida sin parar porque aunque no he parado de moverme, no sentía cansancio de ningún tipo. Ahora tengo algo de hambre y me tiembla el pulso aunque, por lo que tengo entendido, podría ser peor. He leído mucho sobre los efectos de la meta y he visto esos mismos efectos en otras personas, pero vivirlo es completamente distinto. A decir verdad, estaba acojonado, he visto cómo la gente se cuelga con esto y cómo luego van caminando con esos espasmos y luego cuentan cómo tienen la sensación de que alguien les sigue. Afortunadamente no me ha pasado, tiemblo un poco pero nada grave, supongo que pasa en la mayoría de primeras veces. Tampoco me persigue nadie, si no contamos el ruido de las patas de ese escarabajo que se ha escondido detrás del armario y que de vez en cuando se asoma para reírse de mí. No es coña, oigo cómo pisotea la madera del armario y cómo se cachondea de mi por los temblores… veremos si se ríe cuando acabe de escribir aquí y quite el armario de ahí.

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