Suena la alarma del reloj. Ya ha terminado de enfriarse y mi
deber, como buen cocinero (o al menos intento), es probar el resultado. Casi me
da pena romper esa superficie que parece un espejo. Con cuidado, sujeto el mango
de un cuchillo y asesto unos cuantos golpes que lo resquebrajan. Ahora parece
un parabrisas recién apedreado. Con cuidado cojo uno de los trocitos, pequeño,
tampoco hay que ser mal anfitrión.
Es curioso cómo lo que ahora sujeto antes no estaba ahí. Los
ingredientes separados han dado lugar a algo que existía en potencia pero no en
acto… más vale que deje de disgregar mis pensamientos, ya habrá tiempo para eso
y de sobra por lo que tengo entendido. De nuevo, un par de golpes con el mango
del cuchillo y el trocito se rompe en fragmentos más pequeños, casi polvo y por
no perder más el tiempo, lo recojo con la hoja y todo para adentro. No sé si
pica, escuece, duele… sólo puedo decir que noto como si me quemase y que parece
que lo he hecho bien porque tengo que dejar de escribir porque se me va porque
mdahdli´-
Vale, han pasado 7 horas creo. Ya he vuelto, vaya viaje y
vaya invento. No negaré que tenía miedo porque es la primera vez que he probado
el cristal y encima, hecho por mí pero ahora mismo entiendo por qué me lo encargaban
a mí. Mira que es fácil pero parece que no todo el mundo tiene mano con la
receta.
Aun estoy procesando lo que he visto y sentido, ha sido
sencillamente espectacular. He visto cómo las paredes iba cambiando del
aburrido blanco a colores que no sabría ni nombrar, he escuchado canciones que
conocía como si fuese la primera vez y podría haber corrido por toda la avenida
sin parar porque aunque no he parado de moverme, no sentía cansancio de ningún
tipo. Ahora tengo algo de hambre y me tiembla el pulso aunque, por lo que tengo
entendido, podría ser peor. He leído mucho sobre los efectos de la meta y he
visto esos mismos efectos en otras personas, pero vivirlo es completamente
distinto. A decir verdad, estaba acojonado, he visto cómo la gente se cuelga
con esto y cómo luego van caminando con esos espasmos y luego cuentan cómo
tienen la sensación de que alguien les sigue. Afortunadamente no me ha pasado,
tiemblo un poco pero nada grave, supongo que pasa en la mayoría de primeras
veces. Tampoco me persigue nadie, si no contamos el ruido de las patas de ese
escarabajo que se ha escondido detrás del armario y que de vez en cuando se
asoma para reírse de mí. No es coña, oigo cómo pisotea la madera del armario y cómo
se cachondea de mi por los temblores… veremos si se ríe cuando acabe de
escribir aquí y quite el armario de ahí.
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