Hoy me siento diferente, hoy me veo diferente. Me oigo
hablar y es diferente, pienso y hablo diferente y hasta ando diferente. Hoy soy
diferente.
En mi esencia duradera algo ha dado un vuelco, no sabría con
certeza qué es ni hacia dónde ha virado, pero noto dentro el cambio y fuera
otros empiezan también a verlo. Al margen de mi aspecto y de haber crecido un
centímetro, hay algo que empieza a brotar y no sabría definir y que, quienes lo
presencian, no saben explicarme.
Solamente acierto a decir que este cambio, sea lo que sea,
hace que me sienta capaz de decir que te hablaría. No sé de qué y quizá mañana
no vea lógica a estas líneas, pero hoy, ahora, aquí, si pudiera, te hablaría.
Y si quieres darte por aludida, hazlo, te escribo a ti para
no tener que escribirte y poder hablarte. Hablarte de quién soy, de lo que veo
cuando te miro y de mis metas en la vida. Hablarte de mi futuro, sí, pero también
del pasado que me ha traído hasta este momento y que, sin embargo, ya no dice
nada porque, como dijo Hume “Experiencias pasadas no predicen el futuro”. Hablarte
de que soy ahora una página en blanco que ha pasado por incontables borrones,
que se ha rasgado muchas veces y que a punto estuvo de caer a la papelera como
tantas otras. Hablarte de que mi historia la escribo en presente y, a veces, en
futuro y que para ello he tenido que reencontrarme con el pasado de formas que
volverían loco a cualquiera. Y quizá esté loco por querer hablarte. Porque no
me conoces.
Y aun así te hablaría. Te hablaría de mis sueños y mis
pesadillas. De mis sonrisas pero también de unas lágrimas que por error escondí
y acabaron por salir y quemarme la piel, furiosas por haberlas encerrado. Te hablaría
de todas las historias que comencé a escribir y nunca terminé porque la
inspiración me daba la idea, nadie el apoyo. Te hablaría de las canciones que
compuse y a las que nunca supe poner música y cómo, frustrado y avergonzado por
mi ignorancia melódica, quemé letras que nunca fueron mías. Yo solo las plasmé
en el papel, su dueña fue mi musa. Te hablaría de cómo me embelesan esos ojos
tuyos. Te hablaría de los libros que leí y de los que ahora leo. Te hablaría de
canciones que hablan de ti. Te hablaría de cuanto nunca he hablado con nadie y
te hablaría de una llave. Te hablaría de un cerrojo y una puerta tras la cual
se esconde lo que nunca nadie ha visto. Hay quien no ha querido, hay a quien no
he dejado. Te hablaría de mi mundo y de lo que he descubierto no ha mucho y
quizá, hablando, comprendiese lo que otrora no podía.
Lo pienso y, a decir verdad, te hablaría de un antes y un
después. Pero sobre todo de un ahora pues, como dijo B. Ford “Past is gone, now
is all there is”. Aunque no todo el pasado se va. Por suerte he aprendido de mi
pasado lo suficiente para poder ver dónde estoy y poder ver también a dónde
quiero llegar. Pero lo mejor es que en este caminar me he percatado de que no
soy quien creía ser, quien quería creer que era, quien mostraba. Te hablaría,
por tanto, de quién soy en realidad, del verdadero motivo por el que estoy aquí,
de mi cometido en esta vida. ¡Ah, sí! Te hablaría de mis raíces, de las páginas
perdidas de mi historia y de las que ya están escritas pese a no haber llegado.
Te hablaría de recuerdos que aun no sé si fueron sueños y de sueños que aún
recuerdo y te hablaría del futuro que ahora me atrevo a soñar y comienzo a
construir. Te hablaría, con un buen té caliente, de por qué te hablo de estas
cosas, de por qué hablo tanto de tus ojos y dónde y cuándo escuché tu voz. Te hablaría
de cuanto sé y quiero saber de ti y de cuanto quisieras tú saber de mí. Te hablaría
en serio y en broma, entre susurros y sonrisas por hablarte. Te hablaría
despacio, agitado por los nervios, con franqueza, con respeto, con cariño y
hasta en verso.
Hoy estoy así, y de veras que lo haría, por las malas he
aprendido a no mentir.
Por eso si tan sólo supiera que TÚ me escucharías, hoy, yo
te hablaría.
Hoy te amaría.
No hay comentarios:
Publicar un comentario