Como un gato que despierta en una oscura ciudad cuya estructura no comprende, despierto yo hoy. El mundo que hay a mi alrededor no lo he creado yo y por tanto muchas cosas se me escapan. Muchas cosas me son ajenas y poco o nada significan para mi.Como un gato, camino por los tejados de esa ciudad gris, esa máquina viva hecha de cristal y cemento, cuyas venas son de asfalto y sus pulmones de acero y mármol respiran historias. Algunas cercanas, otras distantes pero todas anónima para la propia ciudad. Esas historias autoconcluyentes que empiezan y acaban en el mismo capítulo que no es si no la vida de quienes pueblan los rincones de esa criatura artificial que muere un poco cada día y sobrevive a quienes la erigieron pero no a sí misma.
Como un gato, recorro esos edificios que no son más que el tiempo. Abajo queda el camino que recorrí en mi escalada. Abajo quedan las caídas y los tropiezos. Me encuentro ahora mirando desde la cornisa, repasando los pisos que subí para llegar aquí. Miro para recordar, para aprender y tener presente dónde erré para jamás volver a buscar apoyos trémulos e inciertos por fáciles que pudiesen parecer. No, lo que merece la pena no es fácil, lo fácil acaba complicándolo todo. Por eso me asomo y miro el vacío que se extiende bajo la cornisa. Para afianzar lo que he aprendido. Para no olvidar.
Como un gato, sigo errante, el camino no acaba pues aunque esté en el tejado, ante mi se alza un reto mayor, un edificio ciclópeo que es el futuro al que anhelo llegar. Y allí, en la parte más alta de este leviatán de huesos de hormigón y piel de cristal, está mi porvenir junto a quien largo tiempo ha permanecido junto a mi. Es ahora cuando debo afrontar mi mayor desafío, y sin dejar de mirar abajo para recordar mis lecciones aprendidas, comenzar a escalar para coronar la cumbre. Será entonces cuando demuestre que he aprendido, cuando suba sin tropezar, cuando suba sin caer y cuando sepa distinguir por mi mismo lo que merece la pena y lo que no.
Como un gato, tengo miedo, pero también esperanza. Creo firmemente que puedo lograrlo y que cuando alcance ese nuevo tejado, me sentaré a mirar de nuevo el camino que ha quedado abajo y me ha conducido a ese futuro que será mi presente. Entonces, tú estarás a mi lado y juntos miraremos a otro coloso al que subiremos. Juntos. Y ya no caeré porque estarás a mi lado, y ya no caerás porque yo estaré a tu lado, y esta dura lección de la vida hará de nosotros caminantes decididos a encontrar nuestro lugar en este mundo.
Como un gato, entonces, me sentaré a tu lado y miraremos la luna juntos. Aunque yo siempre he preferido cómo se ve cuando se refleja en tus ojos dorados. Quizá, Mina, no le preste mayor atención a la luna y me atreva a compartir contigo las lágrimas que te debo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario