lunes, 26 de noviembre de 2012

Deus ex machina


Enésima noche insomne. Mesa de escritorio con una taza de café caliente, recién hecho, un par de muñecos al pie del monitor y un corazón de peluche, regalo y recuerdo de tiempos pasados, de tiempos mejores.
El monitor me mira, casi riéndose de lo que hago, tentándome a dejar de escribir para que me centre en lo que se me da mejor. Todavía no, amigo mio… pero pronto a este paso.
Mis ojos se cierran pero mi cabeza sigue igual, sin descanso, sin reposo, sin una pausa en su febril actividad y sobre todo, sin paz. Ni un respiro para una mente que empieza a funcionar de forma extraña hasta para mi gusto. Casi podría decir que hasta desconocida. Solamente sé que me acuesto con tu nombre en los labios y con ese mismo nombre me levanto sin haber dormido por haber estado horas recordando nuestras charlas, nuestros paseos, discusiones, nuestros más y nuestros menos. Recordando, sí, pero también imaginando, elucubrando sobre cosas que no han sucedido, que tal vez no sucedan y sobre cómo sería la vida, mi vida, si acabasen por suceder… y pierdo la cuenta por la cantidad de cosas que hay a mi alrededor relacionadas contigo y a las que ya no llamo por su nombre. Las miro, las recuerdo y en mi mente no suena “pulsera”, suena “Mina”, no suena “colgante” o “pendiente” o nada lo bastante fuerte para sobreponerse a “Mina”. Tanto es así que no son pocas las noches que me encuentro hablándote como si estuvieras a mi lado, escuchándome. Quizá me obsesiones, quizá me haya vuelto loco finalmente… ¿Qué le vamos a hacer?
Por ahora, poco hay que pueda hacer, poco hay que quiera hacer. Anhelo, eso sí, cogerte de la mano y salir sin rumbo fijo a ver nada en concreto y charlar sobre la completa totalidad de ningún tema en absoluto. Pero no es el momento.
Ahora es momento tan solo de sobreponerme al hastío de la vida sin una mano cálida que me ayude a levantarme. Esta vez no tendré ayuda y quizá, por ser la última, es cuando mejor me habría venido. Ahora es momento de retirarme, terminar una pequeña intervención quirúrgica sencilla pero delicada aun así y comprobar que todo funcione antes de irme de nuevo a clase. A sobrevivir un día más. Un día menos. A empezar una cuenta atrás hasta volver aquí, delante del monitor que se ríe de mi.
La taza de café ya no estará. Los muñecos harán de las suyas y el corazón de peluche seguirá mirándome, recordándome que, en un momento, me regalaste un “Te quiero” y yo no puedo ser más feliz al recordar que alguna vez, en algún lugar, por alguna razón, una chica hizo un viaje para dejarme constancia de que, por primera vez en mi vida, alguien me quiso sin trampa ni cartón.

No hay comentarios: