lunes, 31 de diciembre de 2012

Tone float

Sueños
Sueños en los que caminas por calles familiares y acompañado por un aroma, una voz que te resultan tan naturales, tan propios de ti mismo como de la persona que camina a tu lado. Entramos en una farmacia y mientras ella pregunta en el mostrador, aparece él. Vestido con un jersey negro y unos vaqueros, no destacaría si no fuese por el brillo de su cabeza recién afeitada y esa mirada, esa mirada socarrona que pone alguien cuando te tiene cogido por los huevos y lo sabe. Sin embargo, no me reconoce, pero a ella sí. Se acerca a nuestra pequeña y ella, su madre, me mira aterrorizada. Un paso en falso, una mirada equivocada al punto incorrecto, una palabra desacertada o un error en el tono y todo habría terminado.
Se acerca entonces a mí y me saluda, como si nada. Me habla del tiempo, me habla de lo bella que es mi mujer, de la carita de pan que tiene mi hija. Intento disimular pero es difícil. Sé quién es, sé qué intenta, sé que no hay salida posible…
Vuelve a mirarlas, mi mujer, mi hija, están en peligro y no hay forma de escapar. No puedo hacer nada contra él y sin embargo me acerco y le miro. Directamente a los ojos. Veo su superioridad, su fuerza y veo las consecuencias de un plan improvisado en apenas un segundo. Veo cómo se acerca y me descubre. Ya sabe lo que guardo pero esta vez no soy yo el arrogante. Intenta hundirme con una frase a medio camino entre el ingenio y la intimidación pero yo ya no puedo más, no hay sitio para eso.
En un gesto rápido saco el cuchillo que llevaba escondido y lo dirijo a su corazón con un golpe seco. Por el camino, la hoja me ha desgarrado la camisa y la piel. Sangramos ambos pero ninguno habla. Mi herida quizá necesite unos puntos por no haber tenido cuidado, por haberlo hecho deprisa. La suya en cambio es irreparable. Me mira, casi sonriendo, compungido por el dolor y la sorpresa pero juraría que hasta veo orgullo en sus ojos.
La niña aun duerme, ella mira sin terminar de creer qué ha pasado. Le he apuñalado directo al corazón, dijeron que era el único modo. Un cuchillo de plata directo al pecho o no nos dejaría en paz, no pararía hasta llevarse a mi hija y a mi esposa. Las separaría para siempre, me las arrebataría y ni siquiera me mataría, me dejaría vivir para que supiera en todo momento cuán desgraciadas serían.
Él ha caído, la sangre se derrama por el suelo de la farmacia. Ella me mira incrédula, jamás creyó que yo pudiese llegar a algo así, pero se equivocaba. Yo mismo me sorprendí al ser capaz de sesgar una vida para proteger, para preservar… me sorprendí al comprender hasta dónde llegaría un padre, un marido, por su familia.
Ella me coge de la mano, debemos escapar, los demás no tardarán en llegar. Cogemos lo que necesitamos y al tercer paso, siento una punzada, como un picotazo. No le doy mucha importancia, hasta que llega el segundo. Miro entonces y el hombre con el cuchillo aun en el pecho sostiene a duras penas un arma apuntada hacia mí. Sigo el cañón con la mirada y veo cómo la sangre brota de los dos impactos. Él ya no respira.
Mi esposa me mira, la niña se ha despertado por el ruido. Encuentro sus ojos abiertos como dos soles que iluminan una estancia que no sé cuándo ha empezado a oscurecerse. La miro, llora. Es tan hermosa… oigo a mi pequeña llorar en su cestita mientras las piernas me fallan y caigo de rodillas. Abrazo a mi mujer y le entrego las llaves. Todo lo que puedan necesitar está en la caja. Ella coge mi mano, llorando y yo le pido que huya lejos, que no deje que las encuentren, que le enseñe a nuestra niña cómo parecerse a ella porque si algo necesita ahora mismo el mundo, es a alguien como ella, más gente como ella.

Dios cómo la amo, qué feliz he sido al traer a esa princesita al mundo y qué maravilloso futuro espera al mundo cuando abran la caja. Sabrán qué hacer con lo que les he guardado, sabrán traer luz y yo ya nunca más temeré a la oscuridad.
Casi no distingo los sonidos. Veo su ropa manchada con mi sangre por el abrazo de antes. Corre, princesa, no dejes que os cojan.
Oigo mi nombre de sus labios una última vez. “Te amo” intento decir, no sé si lo habré logrado en mi estado, pero ella lo entiende.
Miro una vez más a la cestita. Ella duerme. Yo voy a dormir también. Y soñaré.
Soñaré una vez más contigo y quizás cuando despierte pueda…

Sí, quizás

No hay comentarios: