Idas y venidas de una mente aburrida que, en su afán de algo profundo, con palabras jode al mundo.
domingo, 4 de marzo de 2018
εφιάλτης a media luz
…y lentamente se adentraba en aquél pasillo. Pero algo no iba bien. Por más que intentaba iluminar el camino que había ante sus ojos, la luz no conseguía hendir la oscuridad. Era densa, casi podía palparla con sus manos, como si fuese una masa negra que, al intentar tocarla, se apartaba y dejaba paso al vacío. El negro vacío que se extendía a su alrededor y que parecía estrecharse por momentos. Tal era la oscuridad que gobernaba el lugar que ni siquiera podía ver sus pies.
Pero sí podía oír, y aquél sonido…
Al principio creyó haberlo imaginado, “Son los nervios”, se dijo para intentar convencerse. Pero el escalofrío que le recorría el espinazo era real, frío y punzante. Allí había alguien. O algo. Y se acercaba. Lo más angustioso, empero, fue darse cuenta de que no podía distinguir de dónde venía aquél sonido. Tratándose de un pasillo sólo podía avanzar o retroceder y, en ambos casos, la mitad de las posibilidades le llevarían a encontrarse de frente con… aquello.
Había pocas opciones y aún menos tiempo. Se estaba acercando.
De pronto se percató de su error. Al pararse para intentar orientarse descuidó por completo las vueltas que daba sobre sí. Se dio cuenta entonces de que no sabía si la oscuridad a la que miraba de frente era la que debía cruzar o si estaba dando media vuelta. Y mientras, desde no se sabía dónde, aquello se acercaba. Temía que, si extendía la mano, esta vez no encontrase sólo el vacío.
Fuese lo que fuese tenía que avanzar. Escogió un camino y sin siquiera ver el suelo bajo sus pies, comenzó a caminar.
Se aferraba a la luz casi etérea que proyectaba aquella linterna que parecía competir contra la madre de todas las oscuridades habidas y por haber, incapaz de arrancarle ni un palmo a sus dominios. Era como intentar perforar una roca con una aguja. Salvo que aquella roca se desvanecía a su paso. Aquella roca era la nada. Nada delante y nada detrás, y sólo parecía existir el punto exacto donde se encontraba… y aquél sonido.
Sin siquiera darse cuenta, incapaz de saber siquiera si había escogido bien, se detuvo. Cerró los ojos y respiró despacio un aire limpio, sin olor, ni frío ni cálido. Extendió la mano.
De nuevo, la oscuridad se hacía a un lado evitando ser tocada.
Entonces lo entendió. Justo en ese instante todo cobró sentido. Fue entonces cuando el vacío tocó su mano y volvió a oírlo.
… pero nadie oyó sus gritos.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario