Diosa de cobre, yo aún recuerdo
Aquella noche en que, entre ajenos rostros, comenzaste tú a brillar
Y como si ayer fuese aún resuena el eco de tus bromas
Y el tono alegre y dulce con que planeábamos marchar
De aquella absurda algarabía
De aquél etílico revuelto en que te conocí
Entre faldas demasiado cortas y corbatas demasiado largas
Diosa de cobre, yo aún te debo
Mil historias trasnochadas, frente a interminables tazas
De tiempos en que nunca supe nada, en que tú todo ignorabas
Y cuento y guardo y recuerdo y rememoro
Cada verso y cada beso que en tus manos pongo
Cada copa que nunca acabamos
Y en lo mucho que aún no sé
Diosa de cobre, yo aún espero
Caminar contigo hasta el amanecer
Escuchando las batallas que libramos como huestes de un infierno
Que nos persigue y aún sigue
Forjando lo que fuimos, lo que somos y seremos
Pues eternos e inflexibles como fuimos concebidos
Uno al otro moldeamos, dando empero la misma forma
Diosa de cobre, yo aún anhelo
Arrasarlo todo a fuego y que el hielo negro que nadie más aceptó
Cubra de una vez, por siempre, este mundo y cualquier otro
En que solamente tú, fruto de un orfebre etéreo,
Prodigio de metal y terciopelo
Quiso que este ángel muerto, demonio gélido de un tiempo obscuro
Fuese como nadie más quiso que fuera, como soy
Quiso la estadística, tal vez la casualidad
Que te conociera en esta vida y no te quisiera ya soltar
Pero yo no creo en la casualidad, Diosa de cobre…

No hay comentarios:
Publicar un comentario