He aquí la oscuridad que buscas sin saber. Son mis palabras el silencio en que anhelas perderte y aunque ya te has perdido en otros silencios, crees… sabes, que el mío es diferente. Mi silencio es el que guardo y el que los demás me entregan a mi paso creyendo que en silencio me entierran y es tan retorcidamente trágico y divertido que su error no les permita verlo. Ver que el silencio me engrandece, más por cada palabra que a ellos hace menguar.
He oído mil voces, no ha la tuya tono inaudito ni cadencia sobrenatural. Lo que dices, empero, es lo que me turba y me hace buscar la respuesta bajo las capas del misterio y más allá. Haciendo a un lado las cortinas que envuelven a la demente genial de cuyos labios manan bravatas que se vanaglorian de lo absurdo. Pues absurdo es aseverar que de mi silencio algo obtuviese quien siquiera puedo contemplarlo.
No, joven, no has descubierto nada en mi silencio y sólo cuando te dejes envolver por mi creación podrás ver tu error, el error que cometieron otros. Podrás ver tiempos venideros y otros que ya murieron. Podrás ver la magnitud de mi silencio y lo que protege y así, joven humana, empezará tu instrucción para intentar comprenderme a mí.
Vive cuanto creas necesario, una vez comiences nada volverá a ser igual y si sobrevives lo suficiente vivirás de modo que lo que ahora entiendes por vida te resultará un boceto dibujado por la torpe mano de un infante.
No juzgues nunca más mi silencio. Acércate, controla el temblor de tus piernas y el empuje de tu pecho. Habla claro y ten valor. Sólo así te escucharé y solo así te adiestraré.
Mi silencio. Mi mundo. Mi alumna.
Mis reglas.

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