viernes, 10 de junio de 2016

Salt in a God's wound

He aquí la historia entera sin tapujos, sin adornos
sin metáforas hermosas
ni palabras que evoquen
el dolor, la humillación, la vergüenza y el destierro
y todo lo que me sobrevino
al fracasar
y es que así fue
que fallé en ser un Dios.

Todo el plan se vino abajo
y con el, mis sueños y el pasaje
de vuelta al lugar de donde no debí salir, aquel Nirvana
de mil nombres y ningún aspecto
donde el hombre solamente sueña con llegar y nunca alcanza
y que quise dejar atrás creyendo
que enseguida podría regresar.

Caminaba entre vosotros, era entonces uno más
a vuestros ojos inexpertos, solamente un hombre,
nadie a destacar
salvo tal vez para unos pocos que veían mas allá
sin llegar a entenderlo todo, sin dejarlo de notar
pero era ya la hora, me aburrí de la humanidad
y quizá la destruiría o la observaría un poco más
no me importaba ya.

Era vuestro mundo un pasatiempo, vuestras vidas, fantasía
y nada, nadie, nunca antes ni después
trascendería en mi memoria ni en la de otros como yo
ajenos a vuestro tiempo
impasibles ante vuestro devenir, no importabais nada
pues ya os vimos morir
y sabíamos quién os debía seguir.

Todo cambió de pronto
cuando ella apareció, hecha humana, imperfecta por definición
y yo, empero, jamás la percibí superior
en aquél envoltorio caduco brilló como antes jamás
y aun teniendo el cielo en mi mano, tuve que parar
mirar de nuevo y ver a mi otra mitad
sonreír por vez primera desde que empezásemos la eternidad.

Y fue así que un Dios se quedó mudo, que su Diosa le miró
y tal fue la sorpresa de aquél latido
que él fracasó y quedó humano
y ella, mortal también, tomó su mano
y supieron que en su divinidad faltó otrora algo,
que sólo pudiendo morir juntos se amarían.

No hay comentarios: