Debería haber
esperado, quizá, puede ser, tal vez, ¿qué más da? Lo que me importa
ahora es que lo que pasó hace un tiempo, parece que fue ayer. Dentro de apenas
unos días, habrán pasado seis meses desde que te conocí en aquél cumpleaños. Fui
un poco por los pelos, hacía poco que me habían dado el alta y andaba aun algo
desubicado. Pero fui, no vestido como hubiese preferido, pero fui y allí, entre
caras conocidas y rostros a medio conocer, aparecieron tus ojos azules. Sí,
ibas preciosa de pies a cabeza, pero tus ojos… todavía no tengo palabras.
Hablamos de música
y un poco de todo y, a la vez, de nada. Me gustaste, fuiste un encanto conmigo,
me dabas conversación y yo no era capaz de pensar en ti del modo en que no
dejaba de pensar en ti pese a que esa noche te acababa de conocer como amiga de
un amigo y novia de un desconocido. Comprendí que era mejor ser tu amigo que no
ser nada, que intentar una tontería y perder la oportunidad de conocerte. Quizá
por eso, para conocerte, conseguí tu número siendo “un poco Ninja” y fue, sin
duda, por eso por lo que entablé conversación contigo. Admito que no me
esperaba pasar tanto tiempo hablando aquella noche, intercambiando música y que
accedieses a quedar conmigo apenas cuatro días después de que nos presentasen. Pero
si voy a hablar de cosas que no me esperaba, debería hablar de que no me
esperaba estar tan nervioso, no me esperaba hacer el tonto y provocarte unas lágrimas
enseñándote aquellas líneas que escribí para alguien que ni las leyó ni le
habrían importado lo más mínimo de haberlo hecho, alguien que ni existe ya. No me
esperaba que te emocionases por unas palabras de mi pasado cuando las que tenía
presentes no dejaban de agolparse en mi cabeza y mi garganta intentando
escaparse hacia ti. No me esperaba que me abrazases al despedirnos y que no quisieras
soltarme al igual que yo no quería soltarte y con eso conseguiste que, sin
esperármelo, fuese al médico dándome igual lo que me pudiesen decir.
Cuando, dos días
después, me ingresaron, no me esperaba que fueses a venir a verme y me robases
el beso que dos días antes hubiera matado por entregarte y digas lo que digas,
no, no me esperaba que aquella noche me confesases que le habías dejado para
estar a mi lado. Y así ha sido.
Desde entonces
has estado junto a mi, has escuchado mi historia y sabes las no pocas cosas que
he hecho mal, el daño que he hecho a otras personas, las mentiras que han
salido de mi boca, los engaños que he perpetrado y las consecuencias que han
tenido para cada persona a la que engañaba y para mí mismo. Conoces la clase de
persona que era y por qué decidí cambiar y has visto cómo he ido avanzando por
mantener una promesa hacia mi mismo pues tampoco queda a quien la hube
prometido y ¿sabes? Ya no importa. Me importa mantener quien soy ahora y no
olvidar quien fui para no caer en aquél error. En este tiempo me has visto sonreír
y me has visto hundirme, me has visto con más tubos que venas había donde
clavar las agujas, has estado presente cuando mi vientre era una masa de carne
abierta y amarillenta cubierta de hilos, grapas y gasas, has tenido dificultad
para entenderme cuando un tubo me obstruía la garganta y siempre me has cogido
la mano, nunca me has dado por perdido. Has sobrevivido a conocer a mi familia
biológica y has estado ahí cuando ésta ha empezado a desmoronarse mientras la
tuya empezaba a aceptarme y acogerme y tú y yo comenzábamos nuestra pequeña
familia propia con nuestro pequeño Ernest.
Y todo eso y
mucho más lo haces día a día y yo no sé ni qué decir. En ocasiones me preguntas
si, habiendo muerto aquella musa, había muerto también mi inspiración pues ya
no escribo como antes y es ahora cuando me doy cuenta de que no, no escribo
como antes pero porque ahora, cuando me inspiras, se me escapa antes de escribírtelo,
te lo digo al oído haciéndote cosquillas, a veces sin quererlo, pero casi
siempre adrede con tal de escuchar tu risa.
Hace algo más de
tres meses que vivimos juntos y cuando despiertas y eres la primera persona que
veo, la primera voz que escucho… no tengo palabras para explicarte lo que se
mueve por dentro de mi ser, pero creo que así es mejor porque podemos buscar
juntos las palabras y, si no alcanzan, completarlo con un beso. Ahora mismo, de
hecho, hay muchas más cosas que quisiera decirte y no encuentro palabras para
explicar así que quizá deba ir a despertarte con un beso y darte las gracias
por quererme, por tener fe en mi, por cuidarme y quererme más de lo que nadie
ha hecho jamás y por luchar cada día conmigo (y a veces contra mi) para superar
lo que se nos avecine o lo que, desde el pasado, intente alcanzarnos. Gracias porque
nadie jamás me ha querido como tú y sobre todo gracias porque ahora puedo
respirar un poco más tranquilo pensando que, cuando leas esto, te darás cuenta
de que tanta palabrería podía haberla resumido y decirte, simplemente
Te quiero Mar.

2 comentarios:
Has hecho que llore...es precioso.
Te quiero Rhober :-)flar
Publicar un comentario