jueves, 14 de noviembre de 2013

Mar

Debería haber esperado, quizá, puede ser, tal vez, ¿qué más da? Lo que me importa ahora es que lo que pasó hace un tiempo, parece que fue ayer. Dentro de apenas unos días, habrán pasado seis meses desde que te conocí en aquél cumpleaños. Fui un poco por los pelos, hacía poco que me habían dado el alta y andaba aun algo desubicado. Pero fui, no vestido como hubiese preferido, pero fui y allí, entre caras conocidas y rostros a medio conocer, aparecieron tus ojos azules. Sí, ibas preciosa de pies a cabeza, pero tus ojos… todavía no tengo palabras.
Hablamos de música y un poco de todo y, a la vez, de nada. Me gustaste, fuiste un encanto conmigo, me dabas conversación y yo no era capaz de pensar en ti del modo en que no dejaba de pensar en ti pese a que esa noche te acababa de conocer como amiga de un amigo y novia de un desconocido. Comprendí que era mejor ser tu amigo que no ser nada, que intentar una tontería y perder la oportunidad de conocerte. Quizá por eso, para conocerte, conseguí tu número siendo “un poco Ninja” y fue, sin duda, por eso por lo que entablé conversación contigo. Admito que no me esperaba pasar tanto tiempo hablando aquella noche, intercambiando música y que accedieses a quedar conmigo apenas cuatro días después de que nos presentasen. Pero si voy a hablar de cosas que no me esperaba, debería hablar de que no me esperaba estar tan nervioso, no me esperaba hacer el tonto y provocarte unas lágrimas enseñándote aquellas líneas que escribí para alguien que ni las leyó ni le habrían importado lo más mínimo de haberlo hecho, alguien que ni existe ya. No me esperaba que te emocionases por unas palabras de mi pasado cuando las que tenía presentes no dejaban de agolparse en mi cabeza y mi garganta intentando escaparse hacia ti. No me esperaba que me abrazases al despedirnos y que no quisieras soltarme al igual que yo no quería soltarte y con eso conseguiste que, sin esperármelo, fuese al médico dándome igual lo que me pudiesen decir.
Cuando, dos días después, me ingresaron, no me esperaba que fueses a venir a verme y me robases el beso que dos días antes hubiera matado por entregarte y digas lo que digas, no, no me esperaba que aquella noche me confesases que le habías dejado para estar a mi lado. Y así ha sido.
Desde entonces has estado junto a mi, has escuchado mi historia y sabes las no pocas cosas que he hecho mal, el daño que he hecho a otras personas, las mentiras que han salido de mi boca, los engaños que he perpetrado y las consecuencias que han tenido para cada persona a la que engañaba y para mí mismo. Conoces la clase de persona que era y por qué decidí cambiar y has visto cómo he ido avanzando por mantener una promesa hacia mi mismo pues tampoco queda a quien la hube prometido y ¿sabes? Ya no importa. Me importa mantener quien soy ahora y no olvidar quien fui para no caer en aquél error. En este tiempo me has visto sonreír y me has visto hundirme, me has visto con más tubos que venas había donde clavar las agujas, has estado presente cuando mi vientre era una masa de carne abierta y amarillenta cubierta de hilos, grapas y gasas, has tenido dificultad para entenderme cuando un tubo me obstruía la garganta y siempre me has cogido la mano, nunca me has dado por perdido. Has sobrevivido a conocer a mi familia biológica y has estado ahí cuando ésta ha empezado a desmoronarse mientras la tuya empezaba a aceptarme y acogerme y tú y yo comenzábamos nuestra pequeña familia propia con nuestro pequeño Ernest.
Y todo eso y mucho más lo haces día a día y yo no sé ni qué decir. En ocasiones me preguntas si, habiendo muerto aquella musa, había muerto también mi inspiración pues ya no escribo como antes y es ahora cuando me doy cuenta de que no, no escribo como antes pero porque ahora, cuando me inspiras, se me escapa antes de escribírtelo, te lo digo al oído haciéndote cosquillas, a veces sin quererlo, pero casi siempre adrede con tal de escuchar tu risa.
Hace algo más de tres meses que vivimos juntos y cuando despiertas y eres la primera persona que veo, la primera voz que escucho… no tengo palabras para explicarte lo que se mueve por dentro de mi ser, pero creo que así es mejor porque podemos buscar juntos las palabras y, si no alcanzan, completarlo con un beso. Ahora mismo, de hecho, hay muchas más cosas que quisiera decirte y no encuentro palabras para explicar así que quizá deba ir a despertarte con un beso y darte las gracias por quererme, por tener fe en mi, por cuidarme y quererme más de lo que nadie ha hecho jamás y por luchar cada día conmigo (y a veces contra mi) para superar lo que se nos avecine o lo que, desde el pasado, intente alcanzarnos. Gracias porque nadie jamás me ha querido como tú y sobre todo gracias porque ahora puedo respirar un poco más tranquilo pensando que, cuando leas esto, te darás cuenta de que tanta palabrería podía haberla resumido y decirte, simplemente

Te quiero Mar.

2 comentarios:

Flexis dijo...

Has hecho que llore...es precioso.

Mar Rock dijo...

Te quiero Rhober :-)flar