Hubo una vez una persona que me dijo que, si me lo proponía,
podía cambiar el mundo con mis palabras, que tenía dentro “algo”
capaz de remover conciencias y poner en marcha algo imparable y que
incluso podría causar que nada volviese a ser igual.
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| Just... THINK! |
A día de hoy, esa persona ya no existe y no sé si pensaría lo
mismo dadas las circunstancias... pero confieso que me sorprende el
hecho de que no me importa. Desde hace unos días, llevo dando
vueltas a lo que es un hecho obvio en mi vida y no es más que el que
las palabras siempre han formado parte de mi vida, desde mucho antes
de lo que yo mismo esperaba. Tal vez por eso escogí una carrera de
letras (vale, también porque descubrí que no me abstraigo lo
suficiente como para programar en JAVA) y más concretamente, el
inglés. Sí, ese temido, odiado y sin embargo necesario idioma del
que todos hemos oído hablar y pocos tienen un conocimiento más allá
del “Good morning, my tailor is rich” y otras perlitas para el
aprobado justito o incluso algún adorno para raspar unas décimas
“For if the flies”. Aviso que no pretendo criticar a quienes no
dominan este idioma porque no es mi intención y, si quisiera
hacerlo, no tendría problema en hacerlo directamente cara a cara.
Sin ir más lejos, yo empecé mi experiencia algosajona suspendiendo
bajo la estricta mirada de una profesora que me decía en un perfecto
catalán (que no citaré textualmente para quienes no conozcan la
lengua de grandes como Dalí o Montserrat Caballé) que no aprendería
inglés jamás. Por si acaso se me ocurría aprobar, ella buscaba
cualquier forma para recordarme que los idiomas no eran lo mío. Hoy
puedo decir que hablo cuatro idiomas, sigo peleando con el quinto,
comprendo bastante bien un sexto y tengo nociones de un séptimo y un
octavo a los que dedicaré más tiempo cuando decida si el noveno
será el que me gusta o el práctico... y bueno, no cuento las
palabras que me invento ni mi habilidad natural para la lengua de
Mordor y el chiquitistaní de Barbate (JARL).
Si he de ponerme un poco serio, empero, es porque me doy cuenta de
los no pocos giros y tumbos que ha dado mi vida desde ese primer
encontronazo con el mundo de los idiomas hasta ahora. Han sido muchas
las cosas a las que quise dedicarme y, la verdad, pienso que de no
haber sido por aquella
zorra... profesora que se empeñó en
desanimarme, podría haber acabado haciendo la carrera de biología,
que es lo que quise desde que descubrí lo que era, y en vez de
escribir esto, podría estar riéndome desde una azotea contemplando
cómo una bandada de criaturas mitad araña mitad somormujo sembrando
el terror mientras Theodore, mi pato mayordomo, me comenta cómo van
mis inversiones y dispara a un par de taxistas. Por ejemplo. En vez
de eso (aunque puede que también llegue si os portáis bien) decidí
tomar la vía de las letras y no, no me arrepiento. He descubierto
cosas que ni siquiera sabía que existían en forma de grandes obras
de autores que conocía tan sólo de oídas, he tenido ocasión de
conocer las raíces del pensamiento de lugares tan lejanos que
aparecen más en los sueños que en los mapas y me he dado cuenta de
que dentro de poco, cuando acabe la carrera, querré volcar todo eso
en otras personas y, quizá, abrir algunos pares de ojos ayudando a
descubrir lo que yo he ido desentrañando en mi paso por este mundo
de vidas y sueños plasmados en tinta.
Hoy me alegro de haber escogido este camino y quizá por eso me
duele más tener que enfrentarme a ciertas cosas para salir adelante,
pero se trata de mi vida, de cómo mi pasado me ha llevado al
presente en el que estoy construyendo mi futuro. Nadie puede hacerlo
por mi y nadie va a vivir por mi. Miro alrededor y me doy cuenta de
que, en esto, algo ha cambiado, que ya no cuento con quienes decían
que siempre me apoyarían y me pregunto si de verdad lo hicieron
alguna vez o si, en el fondo, esperaban que fracasara o me rindiese
para reprochármelo eternamente. Tampoco me importa porque ya lo he
decidido. Cuando acabe, seré un
cabronazo buen profesor que
joderá
vivos inspirará a sus alumnos y cuando mire atrás recordaré que
alguien una vez me dijo que podía cambiar el mundo y me daré cuenta
de que ni recordaré quién me dijo eso, pero me dará igual porque
habré cambiado la vida de una persona y, como todo gran cambio, se
empieza por un primer paso.
1 comentario:
Por esta entrada has de presentarte ante mí a la mayor brevedad posible para darte un abrazo. O dos.
No acepto un no por respuesta.
Attm:
Lenteja.
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