sábado, 8 de junio de 2024

ヒン (Heen)

 

(...) Cada noche está ahí.

¿Quién?

Ella. No tengo muy claro cómo se llama. La verdad, no sé si importa porque, total, sé que ella ni me ve.

Ya, y lo comprendo. Al fin y al cabo, ¿por qué molestarme? Ella es luz, es casi magia y sé que existe y no es un sueño porque otros han hablado de ella antes y seguramente otros lo harán después. Y yo… no soy un punto intermedio. No soy un aparte, no soy siquiera una coma en su existencia.

Porque no sabe que existes.

Porque no sabe que existo. Y si lo sabe, disimula. Y si le importa, se lo calla. Pero como brilla, como si nada, sin esfuerzo y si le cuesta, joder, qué bien lo esconde porque nadie que la vea ha dicho nunca que ese resplandor que emite sea triste o forzado. No. Ella simplemente aparece sin hacer ruido y ni siquiera lo hace adrede. O eso creo yo. Empieza tenue, como un susurro… si es que existe algo así como que una luz pueda sonar bajito.

No, no puede. No existe.

Pues ella sí. Existe. Y puede. Y no tengo ni la más remota idea de cómo lo hace. Pero lo hace. No preguntes cómo, es algo que se me escapa. Igual que ella. Y eso es algo que me cuesta aceptar, que se me escape.

Porque has…

cedido. Sí. Completamente. Es más, me he rendido. A ella. No sé en qué momento pero es innegable que la busco incluso cuando no soy consciente de estar buscándola. No sé en qué momento dejé de solamente ver ese brillo y empecé a sentirlo tan dentro de mi que a veces creo que, en realidad nací así, con su presencia dentro. Y no, esa luz no es mía. Conozco bien cómo es mi luz, aunque a veces no la reconozca o las desprecie, aunque a veces quisiera negar que existe… pero la conozco lo suficiente para saber lo que se siente y sin embargo, la suya… de alguna manera ha hecho que sienta esos destellos como nunca sentí los míos.

¿Cómo?

Cálidos, seguros, firmes como guía y como apoyo. Etéreos y a la vez como algo que puedo sentir en mi piel, acariciándome el pelo y susurrándome al oído que ella va a estar siempre. Y siento que podría hacer cualquier cosa solamente con mirarla. Que podría tomar el aire del mundo y clamar también al mundo que la amo con un aullido terrible y leal como el de los lobos de los montes.

Pero no eres un lobo.

No, no soy un lobo. Soy un perro. Un nieto bastardo, un heredero de nada, una rama rota de un linaje tan viciado que ni mis padres, ni sus padres tuvieron nombre y por eso yo tampoco tengo. Un perro cualquiera, un perro, sólo un perro y nada más que un perro. Sin una tierra que sea mi hogar ni un orgullo de raza al que aferrarme. Un perro sin pasado y sin futuro. Tan ajeno a todo que ni siquiera sabe a quién aúlla, a quién llama… a quién ama. Por que la ama… la amo. Un perro enamorado.

¿Amas la luna?

¿Así se llama?

1 comentario:

Anónimo dijo...

No subestimemos a los perros… son los mejores guías de vida. Hasta después de la muerte. Tiritas con patas, linternas con cola :)