Bajo la negra noche de una oscura primavera,
soto el silencio,
casi palpablemente denso,
recotrábase indolente y con su propia luz dorada
a su férreo mástil
firmemente anclada.
Muchas,
una en realidad.
De una miríada de perlas escarlata
una joya mayor conformada,
transformada
en silueta finamente detallada.
Y bajo la fría tiniebla
refulgía,
carmesí,
la flor por tantos obviada
y que a mi alma dejó obnubilada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario