domingo, 21 de abril de 2019

Northern chants, Verse #4: Cara ás terras esmeraldas



Se acerca a firme paso, sin correr, mas no despacio. Huele el mar ya diferente, ya no al sur ni a sus gentes. Huele a norte, huele a lluvia, huele a verdes montes frescos… y huele a ella, huele a vida.

Traen los días el lento paso de un tiempo que se arrostra perezoso y que sé que, como siempre, tornaráse caprichoso en ágil velocista cuando ella haya de arribar. Esta vez, empero, la tendrá que pelear.

La seguiré en su regreso, de su mano volaré, viajaré a donde nunca antes estuve ni pensé. A su tierra, a sus verdes, a sus montes, a su propia realidad, al final del propio mundo que decían tiempo atrás.

De su norte nada sé, del mío recuerdos nada más. Rodeábame de blanco y el verde no vi jamás.

Dime, ¡Oh, adorada meiga! ¿Cómo habré de soportar? Es tan sólo en tus relatos que me hablas de tus tierras esmeralda y ya un nudo en mi garganta me impide reaccionar.

Dime, dama del norte, si podrás devolverme el aliento que a buen seguro me abandonará cuando sienta en mi piel el aire de tus dominios y no me quiera ya marchar.

Háblame más. De los montes, de los pazos, de las costas que dan al que para mi es un mar ignoto.

Háblame de los pueblos, de las ruinas, de las piedras que se alzan en caminos, de las casas de firme roca, de las catedrales del pasado y los templos de hoy en día.

Háblame, pequeña, dame sólo una razón más para amar tanto a tu tierra y por ella dejarme amar.

Quiero, busco, anhelo, ansío ya poder yo respirar el mismo aire que tú aspiras y entender por qué me inspiras mientras, silente, con tu canto de sirena de mi alma tiras mientras yo, sin darme cuenta, no sólo no huyo, acudo raudo a ese abrazo tuyo.

Y bésame, bésame envueltos en las magias de las leyendas, en los caminos que hienden el monte, junto al árbol de incontables años, más allá del río sin nombre.

Háblame, ¡Oh, amada artista! Del lugar del que provienes y deja que a tu lado, de una vez, yo exista.

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