Y un “te quiero”, ¿cómo sienta?
Claro, conciso y clavado en tu pecho
Hiende tu carne con la ternura
Vuelta en salvajismo hecho verbo
Que se apodera de tu cuerpo
Un instante en que, indefensa, eres mía
Agonía eterna en que, desarmado, tuyo soy
La flor que te entrego es ahora el puñal que desgarra
El pétalo rojo es la roja cuchilla ensangrentada
Buscando acariciarte
Acabé asestándote
Besos indiscriminados.
Nunca quise hacerte rehén
Por eso no sé si debo o quiero quererte
Sólo sé que te quiero.

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