Idas y venidas de una mente aburrida que, en su afán de algo profundo, con palabras jode al mundo.
martes, 21 de febrero de 2017
Kleine... glänzende
Brillas.
Como nada ni nadie que haya visto en tanto tiempo que me pregunto si realmente alguna vez realmente vi una luz así o si solamente imaginaba un tenue reflejo en momentos en que la lucidez y el sueño se entremezclan. Brillas y lo demás no importa. No me importa.
Sé de sobra cómo funciona, que toda cara tiene su cruz es más cerca de la luz más brillante donde las sombras son más oscuras. Sé que a más roja y bella sea la rosa más hieren sus espinas, más fragante es su perfume y más frágiles son sus pétalos. Sé que por cada paso al frente hay uno atrás y que hay veces que incluso se retrocede sin haber avanzado. Pero no me importa.
Me importa más que sepas que brillas, reluces,
Deslumbras y mereces
Que te hablen de las veces
Que al hablarte y ver tu cara, no hay cruces
Y en la sombra de los días en tus ojos brillan luces
Que ojalá pudieras creer, ojalá supieras ver. Y entre todo lo que veo cuando me hablas nada elijo, todo guardo. Porque sí me importa. Y no hay palabra que no aprecie, no hay gesto que no cuente y no hay sonrisa que no alegre, por un instante o por decenios, el rictus estoico en que tengo que devenir para sobrevivir. Quizá un día más, tal vez dos. Los que hagan falta en realidad pues cuando pasa cierta edad, quizá sea sólo cosa mía, pero el tiempo ya da igual. Un día dura como un siglo y sin embargo una noche en vela compartida contigo se me antoja una efeméride, una nota a pie de página de un libro que ojalá pudiera explicarte hasta qué punto merece la pena leer.
Pero sé poco de explicar y sólo sé que brillas y que piensas que nadie más lo piensa… ¿Quién sabe? Quizá tenga dos veces suerte: una por ser el único que ve la obra y otra porque para mí amanece bajo otra luz, otro sol, otra estrella que aún no lo sabe, pero más de lo que creía posible, brilla.
Brillas.
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