Pasar
De la mente a la mano, de la mano a la tinta y de la tinta
Al blanco vacío, al mudo testigo que muestra mi viaje,
En descenso,
Al lado equivocado de la vida, allí donde la luz no alcanza,
Donde el infierno no arroja su luz de azufre y llamas y
Donde un cristal de hielo más negro que la noche
Exhala un vaho gélido que envuelve la locura y la soledad atesorando para sí, para mí, la angustia de una ausencia tan presente que en mi mente sólo oigo tu nombre resonar. El mismo hielo que otrora perforó la burda parodia de corazón que en mi pecho late sin ritmo y del que mana, con desdén, la negra brea del pozo en que mis gritos se ahogan.
El vaivén de incontables eras ancladas a un reloj parado no hace más que recordarme quién soy sin saberlo nunca. Y mientras el tiempo se burla, una mirada fugaz recorre mis entrañas con una salvaje caricia que cura mis heridas con sal.
Y no puedo gritar
Pues mi mente vaga sin rumbo en pos de una esencia que dejó su rastro en mí, persiguiendo un arcoíris de un solo color al final del cual nada hay, nada queda y nada me falta. No,
No hay lamentos en el aire ni sangre en mis manos. Sólo tinta
Sobre el papel
Bajo la piel
Y un nudo en la garganta que tiempo atrás bebiera tus besos con el ansia del sediento y que jamás fue ni será saciada. Se agolpa en mi boca cada letra de tu nombre, queriéndose escapar y sólo puedo aguantar y suspirar
Y envenenarme poco a poco
Sin dejar nunca de andar
Sin dejar ni un instante de buscarte, allá donde estuviste y donde te quisiera encontrar
Con tu mano en mi mano y los dos
Mirando al mar.

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