![]() |
| Tal vez sea eso, que estoy loco y aun no me doy cuenta y mi cabeza no quiere que sueñe con algo mejor... contigo. |
Y es que, cuando me pasa esto y alguien, por el motivo que sea, me “descubre” suele haber un enfado por parte de esa persona... pero supongo que es comprensible. Mi princesa duerme en la habitación de enfrente, sus padres en la que tengo a mis espaldas, cualquier descuido, un chirrido de una bisagra, una visita al cuarto de baño, cualquier cosa puede despertarles y necesitan descansar. Cuando, empero, soy visto en estas circunstancias, se me suele acusar sin acusación de haberlo elegido, de trasnochar por tal o cual razón y se me alecciona una y otra vez sobre las no poco negativas consecuencias mientras en sus rostros aparece una mezcla de varias sensaciones: enfado, preocupación, cansancio, culpa... pero por encima, prima el desconcierto de no saber por qué lo hago.
He ahí el punto de la discordia, pues no es esta mi elección y nadie me cree cuando digo que nada me gustaría más que llevar un horario normal... una vida normal. Me encuentro lejos de todo y de todos, pero sobre todo lejos de mi mismo. No puedo estudiar y mi búsqueda de empleo sigue sin dar frutos y, por tanto, mi vida es un cúmulo de tiempo libre, demasiado libre. Tanto es así, que mi cabeza no para de urdir ideas, planes, proyectos con los que intentar saciar mis acuciantes inquietudes intelectuales, mi hambre por saber, por conocer, por ampliar lo que sé de este mundo y quizá forjar alguno nuevo... pero sobre todo, esta máquina de movimiento perpetuo que es mi cabeza trabaja en busca de algo que apacigüe esta desazón que me invade al sentirme un inútil. Como he dicho antes, este curso no habrá estudios para mi y mientras no encuentre trabajo, no puedo evitar sentirme así, inútil, estancado y atrapado en una estasis física y mental, como si tan solo pudiera sentarme a contemplar cómo pasan los días mientras espero a que alguna de las semillas que he plantado germine. Si bien debo agradecer a mi chica el tiempo que pasamos juntos y todo lo que compartimos día a día, no puedo evitar pensar que aporto más bien poco a una relación que, en principio, fuese simbiótica... en pocas palabras, siento que recibo más de lo que puedo ofrecer. Ya no solamente a ella, pues su familia también está pendiente de mi, hasta Shara, su gatita, me hace compañía y “me habla” cuando salgo a la terraza o, simplemente, la encuentro dormitando en la silla en la que poco antes estuviese sentado.
Supongo que, ahora que leo mis propias palabras, me doy cuenta de que no duermo porque de noche pienso mejor y busco la forma de salir de este atasco vital en que me encuentro por todos los medios que tengo a mi alcance. Lo peor es que no soy capaz de explicar esto cuando alguien me pregunta por qué sigo despierto a estas horas. Lo absurdo, porque es absurdo, es que yo mismo descubro la explicación tras escribir sobre algo de lo que no tengo la más remota idea.
Lo triste es que, al parecer, pese a la explicación, no se entiende. Y mientras le doy vueltas, me doy cuenta de que daría lo que fuera porque, cuando leyeses esto, apareciese un mensaje tuyo diciendo que, al menos, lo has leído. No ya que lo aceptas porque no tienes por qué, pues es un problema que tengo que resolver, pero al menos que lo comprendes. Daría lo que fuese porque alguien lo entendiese... porque tú lo entendieses y me dijeses que no me odias por ser incapaz, por ahora, de hacer algo mejor que escribir estas tonterías en las que nadie se fija lo suficiente como para ver que te estoy llamando y que, a veces, quisiera sencillamente pasar la noche hablando de todo y de nada, haciendo esto o aquello o simplemente caminar divagando bajo este manto de estrellas y nubarrones de rebordes plateados que en breve se irán difuminando en un azul que despunta junto a un brillo dorado que ya no recuerdo y que, aun así, echo de menos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario