miércoles, 21 de agosto de 2013

Lemonade kill

El vaso se hizo añicos nada mas tocar el suelo, mis manos no eran capaces de sujetarlo y la gravedad lo reclamó para sí. Lentamente, el escaso contenido que aún quedaba se iba extendiendo por el suelo. Caí de rodillas sobre los cristales, pero no noté ningún dolor y, mientras la sangre se derramaba mezclándose con el licor, comprendí que el veneno empezaba a actuar. Miré atónito su rostro inexpresivo mientras cogía la llave y el cuaderno de notas. Todavía podía oler su perfume pero mi cuerpo ya no respondía, no podía moverme ni sentía ya nada. Ella debió darme por muerto antes de tiempo y por eso me dio aquel último beso en la frente. Sin embargo, aun me quedaba un suspiro y quiso el destino que en el último instante de mi vida ella me infligiese el mayor dolor que jamás había sentido cuando, antes de marcharse, dijo "Te quiero". Así morí, sintiendo el corazón romperse y un dolor que solamente su veneno pudo hacerme padecer... su veneno, y el que vertió en aquel vaso roto en mil pedazos.

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