No, mundo, no tienes la suerte que creías. He aquí que de nuevo
escribo y eso implica que sigo vivo. Muchos cambios ha habido en mi
existencia desde mis últimas palabras, tantos, que sobra relatarlos
pues quien quisiera saber de ellos ya habría preguntado. Es por ello
que no pretendo aquí contar qué ha pasado, mi gente está al tanto
y quien deseare saber de mi vida debiere, por ende, formar parte de
ella. Soy consciente, empero, de que la vida es un proceso sujeto de
forma inherente a una entropía que implica un cambio constante y que
indefectiblemente se avecinan, si cabe, más cambios de los que ya
han pasado. De cuántos soy consciente es, curiosamente, un número
irrisoriamente pequeño y eso hace que apenas pueda percibir un
esbozo algo borroso de lo que hubiere de ser llamado “mi futuro”.
Cuanto resta por llegar me es ignoto y admito que no pocas veces
desconcertante a la par que aterrador, pero es en muchas más
ocasiones desafiante y seductor, un desafío que me infunde a la vez
respeto y temor, pasión y rechazo, ansia y curiosidad. Tal vez sea
esto último, la curiosidad, lo que me impulsa a afrontar el
advenimiento de una etapa de mi vida que solo puedo describir como la
que posiblemente decida mi dirección definitiva y, por tanto, el
modo en que todo acabe. Y no puedo más que preguntarme si debo
escuchar esta curiosidad pues es precisamente la causante de muchos
momentos de mi vida que me han marcado para siempre.
Desde que tengo memoria (unos 26 años aproximadamente) siempre he
querido saber y comprender cuanto sucedía a mi alrededor, desde cómo
funcionaba un aparato que emitía música como por arte de magia al
colocarle una especie de galleta gigante negra (lo que más tarde
descubriría que se llamaba “tocadiscos”) hasta curiosidades
actuales como el concepto de la dualidad espacio-tiempo como un único
tejido que pudiera ser manipulado, doblado e incluso rasgado para
cruzarlo y hallar al otro lado algo de lo que no podemos siquiera
teorizar sin caer en elucubraciones y quimeras. Es esta misma
curiosidad la que, unida a una peculiar y absurda perspectiva carente
de empatía me ha llevado por derroteros que han causado grandes
daños ya no solamente en mi persona si no también en otras que, por
motivos diversos, se hallaban cerca de mi durante lo que no puedo
clasificar más que como experimentos abocados al fracaso desde su
misma concepción y que eran, sin embargo, evidentes para todos
excepto para mi. Como se suele decir, no hay más ciego que el que no
quiere ver, y durante más tiempo del que hubiese querido, yo no
quise ver más allá de mis narices.
No escribo tampoco un lamento de un pasado que no puedo cambiar.
Mis aciertos y mis errores (por los cuales he pagado con creces) me
han llevado al punto en que me encuentro en el momento de escribir
estas líneas. No hay forma de saber si, por fin, voy por el buen
camino, si todavía no lo he encontrado o si lo encontré tiempo ha y
en algún momento habré de volver sobre mis pasos y retomarlo en
alguna bifurcación donde tomé la senda errónea. Sé, no obstante,
lo que no quiero de mi pasado en mi futuro, los errores que jamás me
permitiré volver a cometer y las personas a las cuales jamás
volveré a tender una mano como ingenuamente hiciese otrora con
consecuencias tan nefastas. Sé de qué color son los ojos que anhelo
ver cada mañana al despertar.
En adelante portaré conmigo y para siempre una marca imborrable
sobre mi piel que habrá de recordarme que la vida es cambio,
fragilidad y riesgo pero, sobre todo, es luchar por lo que uno
quiere, por los sueños y tal es mi objetivo y siempre ha sido el
mismo... pero ahora veo un poco más allá y sé que debo ser fiel a
mi mismo, a quien siempre he sido y recordar que no debo bajar la
guardia pues cuando di ciertas cosas por sentadas, perdí mucho, me
perdí a mi mismo y me convertí en quien nunca quise ser.
Hoy escribo porque vuelvo a ser quien jamás debí dejar de ser.
Hoy soy, definitivamente, yo, y solamente podrá comprobar que
digo la verdad quien, como escribí al principio, forme parte de mi
vida. Quien quiera saber y no tenga valor de abrir esa puerta,
seguirá tristemente temiendo a un monstruo.
Es decisión de cada cual. Temedme o conocedme.
No hay comentarios:
Publicar un comentario