miércoles, 14 de agosto de 2013

Did not give up

No, mundo, no tienes la suerte que creías. He aquí que de nuevo escribo y eso implica que sigo vivo. Muchos cambios ha habido en mi existencia desde mis últimas palabras, tantos, que sobra relatarlos pues quien quisiera saber de ellos ya habría preguntado. Es por ello que no pretendo aquí contar qué ha pasado, mi gente está al tanto y quien deseare saber de mi vida debiere, por ende, formar parte de ella. Soy consciente, empero, de que la vida es un proceso sujeto de forma inherente a una entropía que implica un cambio constante y que indefectiblemente se avecinan, si cabe, más cambios de los que ya han pasado. De cuántos soy consciente es, curiosamente, un número irrisoriamente pequeño y eso hace que apenas pueda percibir un esbozo algo borroso de lo que hubiere de ser llamado “mi futuro”.
Cuanto resta por llegar me es ignoto y admito que no pocas veces desconcertante a la par que aterrador, pero es en muchas más ocasiones desafiante y seductor, un desafío que me infunde a la vez respeto y temor, pasión y rechazo, ansia y curiosidad. Tal vez sea esto último, la curiosidad, lo que me impulsa a afrontar el advenimiento de una etapa de mi vida que solo puedo describir como la que posiblemente decida mi dirección definitiva y, por tanto, el modo en que todo acabe. Y no puedo más que preguntarme si debo escuchar esta curiosidad pues es precisamente la causante de muchos momentos de mi vida que me han marcado para siempre.
Desde que tengo memoria (unos 26 años aproximadamente) siempre he querido saber y comprender cuanto sucedía a mi alrededor, desde cómo funcionaba un aparato que emitía música como por arte de magia al colocarle una especie de galleta gigante negra (lo que más tarde descubriría que se llamaba “tocadiscos”) hasta curiosidades actuales como el concepto de la dualidad espacio-tiempo como un único tejido que pudiera ser manipulado, doblado e incluso rasgado para cruzarlo y hallar al otro lado algo de lo que no podemos siquiera teorizar sin caer en elucubraciones y quimeras. Es esta misma curiosidad la que, unida a una peculiar y absurda perspectiva carente de empatía me ha llevado por derroteros que han causado grandes daños ya no solamente en mi persona si no también en otras que, por motivos diversos, se hallaban cerca de mi durante lo que no puedo clasificar más que como experimentos abocados al fracaso desde su misma concepción y que eran, sin embargo, evidentes para todos excepto para mi. Como se suele decir, no hay más ciego que el que no quiere ver, y durante más tiempo del que hubiese querido, yo no quise ver más allá de mis narices.
No escribo tampoco un lamento de un pasado que no puedo cambiar. Mis aciertos y mis errores (por los cuales he pagado con creces) me han llevado al punto en que me encuentro en el momento de escribir estas líneas. No hay forma de saber si, por fin, voy por el buen camino, si todavía no lo he encontrado o si lo encontré tiempo ha y en algún momento habré de volver sobre mis pasos y retomarlo en alguna bifurcación donde tomé la senda errónea. Sé, no obstante, lo que no quiero de mi pasado en mi futuro, los errores que jamás me permitiré volver a cometer y las personas a las cuales jamás volveré a tender una mano como ingenuamente hiciese otrora con consecuencias tan nefastas. Sé de qué color son los ojos que anhelo ver cada mañana al despertar.
En adelante portaré conmigo y para siempre una marca imborrable sobre mi piel que habrá de recordarme que la vida es cambio, fragilidad y riesgo pero, sobre todo, es luchar por lo que uno quiere, por los sueños y tal es mi objetivo y siempre ha sido el mismo... pero ahora veo un poco más allá y sé que debo ser fiel a mi mismo, a quien siempre he sido y recordar que no debo bajar la guardia pues cuando di ciertas cosas por sentadas, perdí mucho, me perdí a mi mismo y me convertí en quien nunca quise ser.
Hoy escribo porque vuelvo a ser quien jamás debí dejar de ser.
Hoy soy, definitivamente, yo, y solamente podrá comprobar que digo la verdad quien, como escribí al principio, forme parte de mi vida. Quien quiera saber y no tenga valor de abrir esa puerta, seguirá tristemente temiendo a un monstruo.

Es decisión de cada cual. Temedme o conocedme.

No hay comentarios: