sábado, 25 de agosto de 2012

La playa, Clover y el ajedrez

Son las 6 y media de la mañana y llego a casa, falta poco para que amanezca o eso creo y me recibe el chirrido de una puerta cuyas bisagras no se han engrasado en más tiempo del que merece la pena recordar. Entro y en la oscuridad e mi habitación unos ojos verdes me miran. Clover estaba durmiendo y la he despertado pero enseguida se pone en pie para saludarme con su particular mezcla de mordisquitos y cabezazos que piden/exigen unos segundos de mi tiempo para acariciarla. Es quizá el único ser vivo por el que haya hecho algo bueno sin en el fondo esperar nada a cambio y por eso no son solo unos segundos y espero a que se duerma entre caricias y ronroneos. Puede que sea la única a la que le reconforta tenerme cerca. Nunca le he hecho daño, ni siquiera por error. Muchas personas quisieran poder decir eso. Yo mismo quisiera.
Ahora está dormida mientras yo me quito la arena de los pies, he estado vagando por la playa y siempre pasa que un trozo parece querer venirse conmigo, irse con cada uno que visita ese trozo de tierra que pierde poco a poco frente al mar. He estado vagando en una noche no tan oscura como cabría esperar, pero sí más fría de lo habitual. He caminado descalzo y he dejado que el agua me cubriese hasta las rodillas notando cómo el pantalón se me pegaba a la piel y ralentizando mi avance hacia ningún sitio en concreto. Aquí veo las estrellas y la luna parece ridículamente cercana. El agua estaba helada, aun la siento calándome los huesos y el olor a sal y algas todavía me atrofia el olfato impidiendome percibir cualquier otro. Era un mundo aparte. Ha sido una huida, necesitaba correr y sentir que no me movía y así huir de ti sin alejarme en absoluto. En este mundo al margen de toda realidad que solamente ha existido por un momento he podido alejarme de ti, he podido sentirte más cerca.
Sé que esta noche tampoco dormiré. No puedo. No quiero. Porque no quiero tener que volver a soñar contigo y ver cómo te alejas o ver cómo estás a mi lado y despertarme echándote de menos. No quiero dormir porque ya no sé hacerlo sin abrazarte y tampoco puedo. Te pierdo un poco más cada dia mientras tú  intentas convencerme de que no es así, intentas convencerte a ti misma de que aun me quieres... y me siento morir al tener que admitir que no es así, que la dulce mirada de esos ojos increíbles ya no se posará en mi, que no volveré a enredar mis dedos en tu fino cabello y que otro habrá de ocupar ese lugar. Mi lugar.
Pero es lógico.
Todo pasa por alguna razón y yo tuve la culpa. Al principio parecía un juego, algo inofensivo.
Perdí.
Te perdí.
Y al final todo vuelve al punto de partida. Al final todo está como al principio y Clover me mira mientras la acaricio y se sacude la patita porque algo le ha salpicado. Es la sangre que se me ha resbalado por la comisura de los labios por morderlos tan fuerte para no llorar. Para no decir tu nombre. Clover vuelve a dormirse.
Y al final, siempre estoy yo solo...


No hay comentarios: