Hoy voy a probar algo distinto, una forma diferente de decir más de lo mismo. Y bien podría resumirlo en lo más simple, en decir “Te quiero, Nana” y adornarlo de obviedades. Discúlpame por no ser siempre tan directo, pero no soporto que no sepas al detalle lo que veo cuando te miro.
Te pienso
A todas horas y a ninguna, más de lo que yo mismo percibo y reconozco y te recuerdo
Cerca
Tan cerca de mí que me traspasas y me llegas tan adentro que hasta el frío de mis venas hierve cuando a ti
Te pienso
Y te recuerdo
Fría y taimada como un Jötnar y
Al tiempo
Capaz de irradiar en mí un calor que ni en los más dorados tiempos de Muspelheim pudieron concebir los más locos delirios del gran Surt.
Te pienso a ti, te siento a ti, te anhelo a ti
Que me hiciste despertar de un letargo insoportable y recordaste a este horadado cascarón que aún tiene voz
Que, aunque no haya corazón aún queda pulso
Y que por más que pase el tiempo y se oxide mi coraza
Sigo en pie
Y camino ya no a ciegas pues, aun mermados mis sentidos por las brumas del olvido, tira mi alma de mi
Hacia ti
Con la firme delicadeza que nadie entiende y me convierte en un Fenrir que no anhela liberarse de tu Gleipnir.
Sí, lo sé, hoy estoy edulcorado en exceso, nórdico y melancólico. Espero que me tengas paciencia, mi amada meiga. A veces no sé cuándo parar.
Mas, si es para que sepas que te adoro
Falta tiempo
Y palabras
Faltan dioses y leyendas que poner a tus pies
Faltan lenguas en que hablarte
Faltan besos que entregarte
Y sobran ganas de saberte
Y de que sepas que mi amor tú te ganaste
No hay comentarios:
Publicar un comentario