Mil cerezos en flor
justo al anochecer,
plata derramada hasta donde podía ver.
Silencio sepulcral,
y el aire, al respirar,
traía la fragancia de aquél otro lugar.
Una brisa tenue
danzaba sin cesar
en aquél jardín del bien, aquél jardín del mal.
Un manto rosado
que ahora viene y va
y por cada estrella, un pétalo a volar.
Mil cerezos en flor
junto a ti al amanecer
y ninguno pude, por mirarte, ver.

No hay comentarios:
Publicar un comentario