Aleksandr:
Si estás leyendo esto no hace falta que te diga que no estoy ahí para decirte estas palabras en persona… y eso significa que me encontró. Sabes que sólo la muerte podría impedirme estar a tu lado.
No sé cuándo recibirás esta carta ni cuánto tiempo llevaré muerto, pero sí puedo asegurarte que mis últimas palabras, mis últimos pensamientos, mi último trozo de papel escrito; son para ti. Quizá quien te entregue este mensaje pueda decirte cómo morí, yo aún no lo sé, pero sí sé que, sea como sea, tú serás, mi querido Aleksandr, el último pensamiento que cruce mi mente antes de desaparecer hacia donde los dioses quieran llevarme.
Sé que no crees en lo que yo creo y eso me hace acordarme de todas esas veces en las que discutíamos sobre quién tenía razón y quién se equivocaba. Siempre tenías una explicación usando ese invento tuyo, la ciencia, que pretendía desbaratar a mis dioses hasta que siempre aparecía alguno de ellos y te propinaba un bien merecido golpe que te hacía ver que su magia existe y es poderosa. Pero, ¿sabes? En realidad tu ciencia también tuvo siempre algo de magia porque me hechizaste desde el primer momento en que empezaste a explicarme cómo son las entrañas de una llama, cómo ordenar a un rayo que vaya a un lugar o a otro, cómo convertir la furia del río en calor para un hogar. Tuve que mantenerme impertérrito ante los demás pero cada noche dormía orgulloso de vivir con un mortal capaz de obrar milagros. Pero no fue tu magia la que me hechizó si no tu mirada. Tú siempre me mirabas como a un igual, nunca pusiste en duda que pudiera entenderte pero, al mismo tiempo, vi en tus ojos a un niño, un ser puro capaz de maravillarse con la grandeza incluso de lo más pequeño.
Hace apenas una semana que partimos pero empecé a añorarte cuando habían pasado pocas horas y mucho me temo que te seguiré añorando mucho más tiempo. La pasada noche cayeron todos intentando protegerme pero he llegado a un callejón sin salida. Me ha encontrado aunque no sepa dónde está. Oigo sus pasos acercarse y enseguida se alejan, creo que está jugando conmigo o quizá esperando a que el frío y el cansancio me debiliten y se apague el pequeño fuego que he improvisado. Pero está aquí y yo pronto dejaré de estarlo.
No me iré sin presentar batalla, eso te lo prometo. No protejo sólo a mi tribu, te protejo a ti también.
Jamás tuve ni tendré palabras suficientes para agradecer a los dioses que nuestros caminos se cruzasen. No importa que no creas en ellos, te protegerán igual porque ahora eres uno de nosotros. Sé que en mi ausencia verás y harás cosas increíbles y te convertirás en un hombre aún más importante de lo que ya eres. Permite a los demás conocer cuánto me has mostrado y ellos te creerán. Cree en lo que ellos te cuentan y los mismísimos dioses te bendecirán.
Es hora de empuñar mi arma y despedirme. Gracias, Aleksandr, por cambiar mi vida. Por ser mi vida. Te amo y siempre te amaré. Parto en paz.
Ivaar.

No hay comentarios:
Publicar un comentario