Suena el viento en el silencio y lo perfora
Surge de la nada y todo lo devora
Y aúlla y grita y ruge como la bestia indómita que lleva dentro
Y sin embargo, permanece
Quieto, inmóvil, tenso… preso
Enjaulado y humillado en un plano abandonado
Existiendo por costumbre desde tiempo ya incontable
Contemplando cómo el tedio cubre el oropel de herrumbre
Resistiendo a duras penas cada golpe que en sus venas
Acelera más la sangre y detiene el leve pulso
Y cuando al fin todo se para y todo a un norte señala
Brota un mudo glifo antiguo que recuerda lo vivido siempre, recto dirigido por un falso dios tarado que el sentido ha olvidado de lo que el alma tanto anhela
Y he aquí a un hijo de una era en que el fallo encadena tiempo y vida pasajera y ni el que lucha persevera y el que osa despuntar
A ése oscuro rincón del alma, donde viven monstruos y quimeras
Desterrado y marcado pero nunca, nunca olvidado y empleado eternamente como diana sempiterna de unas prácticas certeras en que el arco del reproche nunca yerra sus frustradas flechas
Aciertan en el núcleo de este leviatán atado
De este bruto encadenado que tan sólo puede aullar y maldecir
Recordar que nunca fue libre y anhelar que pronto llegue
La llave o la hoja,
Que en silencio haga libre, finalmente y sin retorno
A este ser de aire y pensamiento

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