Ah, sí, y creo que había una chica.
Sí, vale, las sábanas huelen a chica, pero no me acuerdo de cómo me dijo que se llamaba. Me suena algo con “M” y creo que acento como del sur… ¿María? Bueno, es un nombre típico, Mari-Algo tal vez. Ni puta idea, maldito dolor de cabeza me da cuando intento acordarme de algo. A todo esto, tampoco la veo por aquí. ¿Es ese su bolso? Debería llevar el carnet por algún lado… ¡Tachán! Mónica, ya sabía yo que empezaba por “M” y ni idea de dónde está el sitio del que proviene pero no suena a ciudad precisamente. Bah, tampoco es que tenga idea de ir por allí. A todo esto, tampoco oigo la ducha ni huelo a nada de la cocina así que o está frita en el sofá o se ha ido a su casa en bragas y por lo que veo en el bolso, sin llaves.
…
No jodas… ¿Otra vez?
Mira que me sé lo que me pasa cuando me cojo estos pedos pero aun sabiéndolo me asusto igual. Ojo, no es que me de impresión encontrarme con un cadáver después de acabar cocido como una merluza, pero joder, parece que me sale la vena creativa cuando me emborracho con cosas que podrían servir de combustible para un tractor soviético. Lo que me jode no es tanto el tener que limpiarlo todo como la pereza que me da. Sí, me da igual admitirlo, para eso soy un vago, pero es que incluso a trozos es un coñazo recoger un cuerpo. A veces pienso que estoy un poco mal de la olla y que, inconscientemente, intento compensar el casi vomitar mis propios órganos por culpa de esa mierda destilada en garajes y por eso, por ese “casi” desparramo a la primera inconsciente que se tambalea conmigo antes de echarme a dormir la mona. Me consuela el que al menos, por muy ciego que haya ido, nunca he amanecido habiéndome cargado a una de esas tías que se las ve mejor cuando no se las ve. Habrá quien me llame superficial, pero, sinceramente, para lo que yo busco, no me voy a poner a buscar a una bellísima persona que por fuera se más fea que estornudar zurullos.
Hablando de todo un poco, tengo que ver cómo lo hago porque habitualmente esto no mancha pero claro, cuando en vez de hacerlo yo, me sale del impresionista que llevo dentro la cosa se complica. Y digo impresionista como puedo decir cualquier cosa porque todavía me acuerdo de cuando me dio por a saber dónde y por culpa de qué mierda y acabé dejando todo como un Picasso con aquella morena hace un par de años. Eso sí, recogerlo fue fácil porque estaba todo el conjunto en una sola pieza. Que vale que no la habría reconocido ni su madre, pero una sola pieza al fin y al cabo. Pero la pereza era la misma y cada vez que veo estas cosas me pregunto si no se me estará yendo de las manos; quizá debería darme cuenta de que lo que hago no está bien, que no puedo seguir bebiendo como un inconsciente porque luego pasa lo que pasa y es todo tan coñazo que, de verdad, hay días en que la pereza es tal que me hace plantearme dejarlo. Pero luego lo pienso y me pregunto qué clase de persona despreciable sería si dejase de hacer lo que hago solamente por pereza.
¿Y qué pasa entonces?
¡Exacto! Me deprimo, llamo a los cabrones que siempre me la lían y me pillo una castaña considerable y siempre, SIEMPRE, se me acaba cruzando alguna monada que me recuerda que no puedo dejarme vencer por la pereza. Y anoche la monada se llamaba Mónica… y no me acuerdo de nada más. Un par de cosas sé seguro: por un lado, estaba buena sí o sí porque incluso borrachuzo soy incapaz de acercarme a tías con cara de rodaballo y/o cuerpo de botijo; por otro lado, tenía unos impresionantes ojos de un color marrón verdoso. De esto último estoy seguro porque me he encontrado uno en la cafetera. A saber cómo acabó ahí.En fin.
Por lo pronto voy a empezar a reunir las piezas y cruzo los dedos para que no me diese por desmontarla también por dentro porque entonces lo mismo tengo que vaciar la nevera y hacer la compra. Coño, es increíble la facilidad con la que se puede confundir un órgano humano con embutido y yo no soy ningún chalado de esos que comen personas y beben sangre y esas mierdas. Putos locos… lo que sí es una locura es que estas cosas, estos deslices, me joden la estadística porque no se parecen ni de lejos a mi método habitual. Es como cuando alguien se pone a dieta y un día se pega el atracón, que te jode la estadística. Algunos dirán que estoy ido por preocuparme de los números y tal, pero no se pueden hacer las cosas así a lo loco y sin un orden y ya no solamente por tener un buen expediente, que también, sino también por mi propia seguridad e integridad. Es que joder, no es lo mismo hacerlo como siempre y siguiendo una rutina que sabes que da buenos resultados que lo que me pasó anoche que me pongo en plan Cézanne y acabo por tropezarme con el brazo izquierdo de Mónica mientras reúno lo demás. Hay que hacer las cosas bien, que ya hay demasiado loco suelto y demasiado desorden en el mundo.
Cuando acabe me pondré el vídeo de anoche a ver cómo fue la cosa porque de verdad que no me acuerdo. De lo que sí que no me voy a olvidar es que el whisky casero se lo va a beber quien yo me sé la próxima vez.
Si ya decía yo al principio que me estoy haciendo viejo…
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