Ayer me fui al fin del mundo y me sorprendió lo que encontré... o al menos eso es lo que se suponía que debiera haber dicho. No es así.
Estabas allí, es cierto, pero precisamente por eso fui. Quería encontrarte y aunque lo logré, me temo que tú no te diste cuenta, estabas durmiendo.
Había olvidado la expresión de tu rostro cuando cerrabas los ojos y te dejabas mecer por la brisa y simplemente, descansabas. Cuando tu piel blanca parecía porcelana iluminada por una luna que te acariciaba como hacían mis manos cuando yo velaba tu sueño. Ya casi no recordaba cómo era mirar tu hermosa tez despojada de tu maquillaje, tus pinturas de guerra para la batalla del dia a dia.O al menos, eso creía.
Y es que ayer, viajé yo al fin del mundo para buscarte y te encontré sumida en un sueño del que no te decidías a despertar porque el mundo no es ya lo que era, las voces se han apagado y las miradas están vacías y solamente queda una brizna de hierba del jardín que juntos cultivamos.
Y allí yaces, durmiente custodia de un atisbo de vida que nadie, salvo tú misma es capaz de revivir. Pero ¡Ay, mi niña! ¿Y si te equivocas? Perderías esa brizna y el jardín quedaría al fin yermo y tendrías que partir pues sería el fin del fin del mundo.
Ayer estuve en el fin del mundo y comprendí que pese a todo, luchas. Por eso, mañana volveré.
Porque por ti ayer fui al fin del mundo
Y por ti, regresaré.
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